Friedrich Nietzsche, sobre el secreto de las relaciones duraderas: "No es la falta de amor, sino la falta de amistad, lo que hace infelices los matrimonios"


Las relaciones de pareja no se deterioran siempre porque no haya amor, sino porque hemos dejado de sentirnos acompañados, comprendidos y valorados. Esta frase del célebre filósofo lo resume y la psicóloga Lara Ferreiro nos explica cuál es la interpretación correcta.


Pareja besándose en el parque demostrando amor© Getty Images
9 de septiembre de 2026 a las 18:01 CEST

Podemos querer mucho a nuestra pareja y, sin embargo, sentirnos solos a su lado. Podemos seguir diciendo "te quiero", compartir una casa, una familia y una historia común y descubrir que hace tiempo que dejamos de contarnos determinadas cosas. O que ya no buscamos al otro cuando tenemos una buena noticia. O que las conversaciones se han convertido en una sucesión de asuntos prácticos: quién hace la compra, a qué hora hay que recoger a los niños, qué hacemos el fin de semana o qué factura queda pendiente.

Friedrich Nietzsche dejó una frase que habla, precisamente, de esta paradoja: "No es la falta de amor, sino la falta de amistad, lo que hace infelices los matrimonios". Porque quizá una relación no empieza a tambalearse únicamente cuando desaparece el amor. A veces, el verdadero problema surge cuando dos personas dejan de sentirse compañeras.

"Puede existir amor y, aun así, haber distancia, soledad, incomprensión o resentimiento", explica la psicóloga Lara Ferreiro, autora de ¡Ni un capullo más!: El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta. Para la experta, la amistad dentro de una pareja implica poder hablar con confianza, sentirse escuchado, reír juntos, apoyarse y conservar esa sensación tan importante de que "el otro está de tu lado".

Pareja joven feliz en el parque© Getty Images

¿Quién fue Friedrich Nietzsche?

Friedrich Nietzsche (1844-1900) fue un filósofo, escritor y filólogo alemán y una de las figuras más influyentes del pensamiento occidental contemporáneo. Nació en Röcken, Alemania, y desarrolló una obra profundamente crítica con la moral tradicional, la religión, la cultura y muchos de los valores de la sociedad europea de su tiempo. A lo largo de sus escritos reflexionó también sobre la libertad individual, la identidad, el sufrimiento, la voluntad y la forma en la que las personas construyen el sentido de su existencia.

Entre sus obras más conocidas se encuentran Así habló Zaratustra, Más allá del bien y del mal, La genealogía de la moral, El anticristo y El crepúsculo de los ídolos. Su estilo, repleto de aforismos y frases breves, contribuyó a que muchas de sus reflexiones hayan trascendido el ámbito estrictamente filosófico. Su pensamiento ejerció una enorme influencia en la filosofía, la literatura, la psicología y la cultura del siglo XX.

Pareja bailando feliz en casa © Getty Images

¿Qué quiso decir Nietzsche con esta frase?

Como adelantábamos, la reflexión de Nietzsche puede entenderse como una advertencia sobre algo que a veces olvidamos cuando pensamos en las relaciones de pareja: amar a alguien no garantiza, por sí solo, que la convivencia sea satisfactoria. Podemos sentir cariño, deseo o apego por una persona y, sin embargo, no sentirnos comprendidos por ella, no disfrutar de su compañía o no tener la confianza suficiente para mostrar cómo somos realmente.

La amistad añade al amor otros elementos que resultan fundamentales cuando una relación se prolonga en el tiempo: complicidad, respeto, curiosidad por el otro, capacidad de hablar, sentido del humor y sensación de equipo. Es precisamente cuando estas dimensiones empiezan a desaparecer cuando una pareja puede sentirse vacía pese a que todavía exista afecto.

Para Lara Ferreiro, el enamoramiento cambia inevitablemente con el paso de los años. La intensidad inicial se transforma y "empiezan a adquirir más importancia otras cosas: la confianza, el compañerismo, la conexión emocional y la capacidad de disfrutar juntos de la vida cotidiana".

La frase no plantea, por tanto, que el amor sea irrelevante. Más bien recuerda que necesita apoyarse en algo más para sobrevivir a la rutina, los conflictos, el cansancio y los cambios que atraviesan inevitablemente dos personas a lo largo de una vida compartida.

pareja discutiendo junto a la ventana© Getty Images

Sentirse solo estando en pareja

Como comentábamos al inicio de este artículo, una de las experiencias más dolorosas dentro de una relación probablemente sea sentirse solo cuando, en teoría, estamos acompañados. Ferreiro relaciona esta sensación con la pérdida de intimidad emocional.

Una relación suele proporcionarnos seguridad cuando podemos mostrarnos como somos, expresar nuestros pensamientos y emociones y confiar en que la otra persona no va a ridiculizarnos, ignorarnos o juzgarnos constantemente. Cuando esa seguridad se pierde, explica la psicóloga, podemos empezar a callarnos cosas, evitar determinadas conversaciones y cerrarnos emocionalmente.

A veces ocurre de una manera casi imperceptible. Dejamos de contar algo porque pensamos que al otro no le interesará. Evitamos hablar de un problema porque sabemos que acabaremos discutiendo. O preferimos llamar a un amigo porque sentimos que nos entenderá mejor. Y, poco a poco, estas situaciones van desgastando la relación.

Pareja feliz en su casa© Getty Images

Seguir interesándonos por quién tenemos al lado

Hay otro ingrediente de la amistad que puede perderse con los años: la curiosidad. Cuando conocemos a alguien queremos saberlo todo. Qué le gusta, qué le preocupa, qué piensa, qué desea hacer con su vida. Pero después de diez, veinte o treinta años juntos podemos caer en una trampa: creer que ya sabemos todo sobre esa persona.

"Las personas cambian", recuerda Ferreiro. Por eso, cuando dejamos de interesarnos por quién es nuestra pareja en el presente, podemos terminar "viviendo con alguien al que conocemos por costumbre, pero no de una forma realmente profunda".

Preguntar cómo estás y escuchar realmente la respuesta puede parecer insignificante. No lo es. Tampoco lo es seguir preguntando qué le ilusiona, qué le preocupa ahora o qué cosas querría cambiar. La persona con la que empezamos una relación hace veinte años no es exactamente la misma que tenemos delante hoy. Nosotros tampoco.

Pareja feliz caminando por la calle© Getty Images

¿Qué ocurre cuando desaparece la admiración?

Y hay otro aspecto que va deteriorando, poco a poco, nuestra relación. Tenemos que tener en cuenta que ser amigos tampoco consiste únicamente en llevarse bien. Para Lara Ferreiro, en las relaciones saludables suele existir otro elemento importante: admiración.

Podemos tener cariño a alguien y haber perdido, sin embargo, la capacidad de reconocer sus cualidades. Con el tiempo, la familiaridad puede hacer que aquello que antes valorábamos se vuelva invisible. Dejamos de agradecer, de elogiar o de reconocer los esfuerzos del otro porque damos por sentado que "es lo que tiene que hacer".

El problema se agrava cuando ese reconocimiento es sustituido por crítica constante, ironía, desprecio o indiferencia. "Cuando ese respeto se va sustituyendo por crítica constante, ironía, desprecio o indiferencia, la relación puede deteriorarse mucho, incluso aunque todavía exista amor", advierte Ferreiro.

Pareja madura feliz © Getty Images

Las parejas felices también discuten

La amistad dentro de la pareja tampoco significa vivir sin conflictos. Dos personas pueden quererse, respetarse y ser grandes compañeros y discutir. La diferencia está en qué sucede durante y después del desacuerdo.

"Una pareja sana no es una pareja que nunca discute", recuerda Ferreiro. Lo importante es cómo se tratan sus miembros cuando están enfadados y si después son capaces de reparar el daño. Reconocer un error, pedir perdón, escuchar al otro e intentar volver a acercarse contribuye a mantener la seguridad del vínculo.

Porque podemos enfadarnos sin humillar. Podemos discrepar sin utilizar las vulnerabilidades del otro para hacer daño. Y podemos tener razón en una discusión y, aun así, preguntarnos qué necesita nuestra relación en ese momento.

Como vemos, "muchas relaciones no se rompen por un único gran problema, sino por una acumulación de pequeñas desconexiones", explica Lara Ferreiro. Conversaciones que nunca se tienen, gestos de cariño que desaparecen, necesidades que no se expresan o intentos de acercamiento que no encuentran respuesta pueden ir construyendo lentamente una distancia emocional.

Es fácil reconocerlo en escenas aparentemente insignificantes, pero que tienen mucha importancia. Uno intenta contar algo y el otro sigue mirando el móvil. Uno propone hacer algo juntos y nunca parece haber tiempo. Uno necesita hablar y recibe un "ahora no". Ninguno de estos momentos tiene por qué ser importante aisladamente. El problema aparece cuando se convierten en la forma habitual de relacionarse.

Pareja sentada en el suelo hablando© Getty Images

El amor también se juega en los días normales

Quizá por eso la amistad sea una buena manera de entender qué mantiene una relación cuando desaparece la intensidad de los primeros años.

No hacen falta permanentemente grandes demostraciones románticas. Ferreiro recuerda que las relaciones se construyen también con acciones mucho más pequeñas: "preguntar cómo ha ido el día, prestar atención, abrazar, agradecer, hacer reír al otro, dedicar tiempo de calidad o simplemente mostrar interés".

Son gestos tan habituales que corremos el riesgo de considerarlos poco importantes. Sin embargo, repetidos durante años, construyen algo fundamental: la sensación de seguir siendo importantes el uno para el otro.

Y quizá ahí se encuentra la parte más interesante de la frase atribuida a Nietzsche. Una relación duradera no necesita únicamente que podamos decir "te quiero". También necesita, como resume Lara Ferreiro, poder decir "me gusta estar contigo", "confío en ti", "puedo ser yo a tu lado", "me siento escuchado por ti" y "siento que somos un equipo".

Porque seguir queriéndose importa. Pero seguir gustándose, buscándose, escuchándose y disfrutando juntos puede ser lo que permita que ese amor encuentre un lugar en el que seguir creciendo.

Lectura recomendada: 'El día que Nietzsche lloró'

En El día que Nietzsche lloró, Irvin D. Yalom, uno de los psicoanalistas más reconocidos del mundo y autor leído por más de cinco millones de personas, imagina un encuentro que nunca llegó a producirse entre Friedrich Nietzsche y Josef Breuer, uno de los precursores del psicoanálisis.

La novela comienza en la Venecia de 1882, cuando Lou Salomé pide al prestigioso médico vienés que ayude a Nietzsche, sumido en una profunda crisis emocional y con tendencias suicidas. El problema es que el filósofo no puede saber que está siendo tratado. Influido por las nuevas teorías de su joven discípulo Sigmund Freud, Breuer acepta psicoanalizarlo en secreto, sin sospechar que él mismo acabará enfrentándose a sus propios conflictos.

Con el ritmo de una novela de suspense, Yalom mezcla ficción, filosofía y psicología para recrear el nacimiento del psicoanálisis y explorar cuestiones como el amor, la amistad, la soledad, el deseo, el sufrimiento y la búsqueda de sentido. Una lectura especialmente recomendable para acercarse al pensamiento de Nietzsche y descubrir, desde la ficción, algunas de las grandes ideas que transformaron la cultura occidental.