"Eton estaba diseñado para abrumar: era un santuario que te hacía sentir pequeño desde el primer minuto". Así comienza el relato con el que el príncipe Harry evocó sus años de estudio en Eton College, el internado situado junto al Castillo de Windsor donde este martes 8 de septiembre -coincidiendo con el cuarto aniversario de la muerte de Isabel II- el príncipe George ha iniciado sus estudios. Harry ingresó en Eton tras la muerte de Diana de Gales y, con el tiempo, ha hablado de la soledad y del duelo no acompañado que marcó aquella etapa, vivida en un lugar concebido para la formación de las élites británicas y que, desde su fundación en 1440, mantiene un vínculo constante con la Corona. Un escenario que, para él, siempre fue "demasiado grande", pero que vuelve de forma cíclica a la actualidad como parte del recorrido educativo de los futuros herederos.
"Todo me venía enorme: la escuela, las expectativas, incluso la idea de que yo encajara allí"
"A principios de otoño de 1998, después de terminar los estudios en Ludgrove la primavera anterior, ingresé en el internado de Eton. Un profundo impacto. Tratándose del mejor centro educativo del mundo para hombres, Eton ya estaba pensado para impactar", cuenta el príncipe Harry en Spare, una biografía que se publicó en 2023 y que fue todo un bombazo para la realeza británica. "Eton había pasado a referirse a sí mismo no como una escuela sino sencillamente como… La Escuela. Para quienes estaban en el ajo, no había otra opción, así de claro. Dieciocho primeros ministros se habían formado en las aulas de Eton, además de treinta y siete receptores de la Cruz Victoria. Era el paraíso para los chicos brillantes pero, por lo mismo, solo podía ser el purgatorio para un muchacho que lo era muy poco...".
El príncipe Harry habla de un nivel muy exigente, de cómo las clases de francés se impartían en francés y a toda velocidad sin que nadie se hubiera fijado que él no hablaba francés. "Una o dos veces le confesé a un profesor o compañero que no solo estaba en la clase equivocada sino en el sitio equivocado. Aquello me venía muy, muy grande. Siempre me contestaban lo mismo: no te preocupes, te apañarás… ¡Y no olvides que siempre tienes a tu hermano aquí! Pero no era yo quien lo olvidaba: Willy me había dicho que fingiera no conocerlo".
"Mi hermano me pidió que fingiera que no lo conocía; Eton era su refugio, no quería que yo entrara en él"
"No me conoces, Harold. Ni yo a ti", dijo el príncipe Guillermo a su hermano pequeño, siempre según la versión de este. "Durante los dos años anteriores, me explicó, Eton había sido su santuario. Sin tener que cargar con un hermano pequeño que le incordiara con sus preguntas y metiera las narices en su círculo social. Se estaba forjando una vida propia y no pensaba renunciar a ella. Nada de todo aquello me venía muy de nuevas....", escribió el príncipe Harry cuando la relación entre ellos ya había saltado por los aires también de forma pública y dejando ver que esa unión entre los hijos de Diana de Gales no era cómo nos habían contando.
"Willy siempre había odiado que la gente cometiese el error de considerarnos un dos por uno. Aborrecía que nuestra madre nos vistiera con la misma ropa. Yo apenas me fijaba... Sin embargo, para Willy era una verdadera agonía llevar el mismo blazer y los mismos pantalones cortos ajustados que yo. Y en aquel momento, que estudiáramos en la misma escuela le parecía un auténtico suplicio. Le dije que no se preocupase. 'Olvidaré que te conozco'. Sin embargo, Eton no iba a ponérnoslo fácil. Creyendo que nos hacían un favor, nos colocaron bajo el mismo condenado techo. La residencia de Manor House. Por lo menos yo estaba en la planta baja. Willy se alojaba arriba, con los mayores", cuenta el príncipe Harry.
"Aquel uniforme no era formal, era fúnebre: un duelo permanente que pesaba en cada prenda"
El uniforme de Eton es uno de los más reconocibles de los College británicos y una de las imágenes más esperadas por la prensa británica, la del príncipe George con su uniforme de estudiante, un tema que también abordó el príncipe Harry de un modo que hace presagiar que su hijo, el príncipe Archie, no seguirá su camino. "Ni siquiera sabía cómo vestirme por la mañana. Todos los alumnos de Eton debían llevar una levita negra, una camisa blanca sin cuello, un cuello blanco almidonado sujeto a la camisa con un broche… además de unos pantalones de raya diplomática, unos gruesos zapatos negros y una corbata que más bien parecía una tira de tela doblada por dentro del cuello blanco removible. Un conjunto formal, decían; pero no era formal, era fúnebre. Y había un motivo. Se suponía que debíamos estar de duelo permanente por la muerte del viejo Enrique VI. O, si no, por el rey Jorge, una de las primeras personas en dar apoyo a la escuela, quien solía invitar a los alumnos al castillo para tomar el té, o algo así. Aunque era el abuelo del abuelo del abuelo del abuelo de mi tatarabuelo, y aunque yo lamentaba su muerte y el dolor que por ella hubieran podido sentir quienes lo amaban, no me hacía ninguna gracia la idea de pasarme el día entero llorando a ese hombre. Cualquier chico de mi edad debería negarse rotundamente a tomar parte en un funeral interminable, pero para uno que acababa de perder a su madre aquello era como recibir a diario una patada en los huevos", cuenta Harry haciendo referencia a la muerte de su madre, Diana de Gales.
"Ignorar al guardaespaldas armado que dormía a poca distancia de mi habitación"
"Hice algunos amigos. No fue fácil. Les exigía condiciones especiales. Necesitaba que un amigo fuera alguien que no se burlara de mí por formar parte de la realeza, alguien que no hiciera cosas como mencionar que yo era "el Repuesto". Necesitaba que fuera alguien que me tratara de forma normal, lo que significaba ignorar al guardaespaldas armado que dormía a poca distancia de mi habitación, cuyo trabajo consistía en evitar que me secuestraran o me asesinaran", explicó el príncipe Harry de lo que vivió entre 1998 y 2003.
Está claro que los recuerdos del príncipe Guillermo deben ser distintos y es bastante probable que el príncipe Louis siga los pasos de su hermano mayor. De hecho, el movimiento de residencias oficiales que han hecho los príncipes de Gales, trasladándose a los terrenos de Windsor, parece responder en parte al deseo de estar cerca del príncipe George: aunque Eton es un internado, los alumnos pueden visitar a sus familias siempre que vivan en las inmediaciones. Harry habló de esto en su propio relato, recordando que el único apoyo que tuvo durante aquellos años fue el de su abuela, Isabel II, que lo invitaba a merendar en las tardes en las que ella estaba en el Castillo de Windsor. No eran muchas, porque la reina estaba en pleno rendimiento en sus funciones como jefa del Estado y su residencia oficial seguía siendo el Palacio de Buckingham, pero para Harry aquellas visitas fueron un refugio en medio de una etapa marcada por la soledad y el duelo.
El relato de Harry, publicado en su biografía Spare (2023) es algo sombrío y, salvando las distancias literarias, recuerda en algo a la obra del estadounidense J. D. Salinger, El guardian entre el centeno. Una mirada adolescente desorientada, vulnerable y profundamente subjetiva de una llegada a un entorno que no comprende y que lo abruma. El libro de Harry, en ese pasaje, mezcla ironía, desconcierto, rabia contenida y sensación de impostura, pero no deja de ser una visión de un lugar que desde 1440 está formando a los varones de las élites británicas y que ahora regresa a la actualidad con el ingreso del príncipe George y bajo el peso de la maquinaria simbólica de la monarquía británica.











