Débora Labarta, interiorista: "Un sofá no debería simplemente caber; debería ayudar a construir el espacio"


Antes de pegar el sofá a la pared, conviene pensarlo dos veces. Una interiorista explica el error que puede hacer que tu salón parezca más pequeño


Débora Labarta, interiorista y fundadora de DL Interior Design© Débora Labarta
9 de septiembre de 2026 a las 7:07 CEST

Elegir la ubicación del sofá en el salón parece una decisión sencilla. Sin embargo, basta con situarlo en la pared equivocada para que la estancia pierda luz, tenga recorridos incómodos o parezca más pequeña de lo que realmente es. El sofá es sin duda la pieza más importante del salón: organiza el área de estar, pero también decide cómo te relacionas con otros espacios como con el comedor, la terraza, la iluminación y, por supuesto, con la televisión.

Muchas veces, lo primero que hacemos es buscar la pared más larga o ese rincón donde el sofá “cabe”. Es un gesto automático, especialmente cuando el salón es pequeño. Hemos hablado con Débora Labarta, interiorista y fundadora de DL Interior Design (dl-interiordesign.es), quien nos ha dado sus mejores consejos para saber en qué debemos fijarnos para elegir dónde colocar el sofá. Un primer consejo de la experta es cambiar el punto de partida. “Un sofá no debería simplemente caber; debería ayudar a construir el espacio”, explica. La clave está en observar la planta de la estancia, sus accesos, respetar la circulación y decidir qué quieres que protagonice el salón… antes de mover un solo mueble.

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Salón con sofá en L. © Amador Toril para José Lara y Tegar

El sofá debe ordenar, no llenar un hueco

No hay una ubicación perfecta para el sofá que puedas copiar en todos los salones. La mejor posición depende de la arquitectura, de la luz y de cómo utilizas la estancia. “Para mí, la posición correcta es aquella que consigue ordenar el espacio y hace que todo lo demás tenga sentido”, explica Débora Labarta. El sofá tiene “muchísimo peso visual”, explica, y, por sus dimensiones, condiciona cualquier distribución del salón. Por eso, no conviene tratarlo como una pieza más ni elegir su lugar al final.

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Salón con sofá exento. © Oriol Gómez para Júlia Brunet

El error es decidir primero dónde cabe

Este es el fallo más repetido al colocar el sofá: elegir una pared porque parece la única disponible y organizar el resto de la habitación como se puede. “El error más habitual es precisamente hacerlo al revés: decidir primero dónde ‘cabe’ el sofá y distribuir después todo lo demás alrededor”, advierte la interiorista. Cuando ocurre, suelen aparecer rincones desaprovechados, muebles demasiado juntos y recorridos poco prácticos. 

Antes de medir el sofá, mira dónde están las puertas, los ventanales y los accesos a otras estancias. Así evitarás que una pieza grande termine dominando el salón de una manera poco funcional.

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Salón con sofá curvo© Amador Toril para María Acha Interiorismo

Lee la arquitectura de tu salón

La forma y metros del salón te dan pistas sobre dónde debe ir el sofá, aunque no siempre sean evidentes a primera vista. Labarta aconseja entender “por dónde entramos, cómo nos movemos, de dónde viene la luz natural, qué vistas queremos potenciar y, sobre todo, cómo vamos a vivir ese salón”. 

Un ventanal puede pedir una distribución que aproveche las vistas sin bloquearlas. Una terraza obliga a mantener un acceso cómodo, mientras que una puerta enfrentada puede condicionar por completo la zona de paso. No copies la distribución de un salón de catálogo: fíjate en la luz, la planta de la estancia y tus propias necesidades.

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Salón con sofá exento. © Diago Home

No tienes que pegarlo a la pared

Llevar todos los muebles a las paredes parece una solución segura para ganar metros, pero no siempre funciona. “Cuando tenemos espacio suficiente, separar el sofá de la pared puede hacer que el salón resulte mucho más interesante”, asegura la experta. 

Un sofá exento puede delimitar con naturalidad la zona de estar y separar el comedor sin levantar tabiques ni recurrir a muebles altos. También crea una transición más fluida en un salón abierto al comedor o a la cocina. Incluso dejar una pequeña separación respecto a la pared aporta profundidad y evita una composición demasiado plana.

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Salón con sofá a modo de separación de ambientes. . © Pia Capdevila

Ganar espacio no es arrinconar muebles

“Tenemos cierta tendencia a llevar todos los muebles al perímetro porque pensamos que así el espacio parecerá mayor, y no siempre ocurre”, recuerda Débora Labarta. Un sofá contra la pared puede liberar una zona central enorme, pero ese vacío no tiene por qué mejorar la estancia. A veces solo hace que los asientos queden alejados entre sí y que el salón resulte frío o desangelado. 

“Ganar espacio no significa necesariamente pegarlo todo a las paredes; significa utilizar bien los metros que tenemos”. Si tienes un salón ajustado, libera los pasos esenciales, pero no renuncies a una composición acogedora por miedo a ocupar el centro.

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Salón con sofá mirando a la chimenea. © Luzio Studio

Da prioridad a las circulaciones

Antes de elegir la pared del sofá, piensa cómo atraviesas el salón. ¿Pasas por allí para ir a la terraza? ¿Es la conexión hacia el comedor? ¿Hay una puerta cercana que debe abrirse con comodidad? “Nunca me gusta que, para atravesar un salón, tengamos que invadir continuamente la zona de estar”, señala la interiorista. 

Las circulaciones deben ser “claras y cómodas”, incluso en un salón pequeño. Si para llegar a una puerta tienes que rodear una mesa de centro o pasar rozando el sofá, la distribución necesita una revisión.

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Salón con sofá mirando hacia el ventanal. © Pia Capdevila

Elige qué quieres destacar

Una vez resueltos los recorridos, llega el momento de decidir hacia dónde debe mirar el sofá. Puede orientarse a una chimenea, a unas vistas, a un ventanal, a una obra de arte o, sencillamente, a otras personas. “A partir de ahí, decidiría qué queremos poner en valor”, explica Labarta. 

En lugar de colocar el sofá mirando por defecto a una pantalla, pregúntate qué quieres sentir cuando te sientes. Si tienes una ventana con vistas al jardín, merece formar parte de la escena; si cuentas con una chimenea, puede convertirse en el eje natural de la zona de estar.

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Salón con mueble que esconde la televisión. © Amador Toril para Raquel González

La televisión debe integrarse, no gobernar

La televisión es importante, pero no debería convertirse en el único criterio para distribuir el salón. “Personalmente, intento que no sea siempre el elemento que gobierne toda la distribución”, cuenta Labarta. La profesional advierte que “hay salones magníficos que terminan completamente condicionados por una pantalla”. Para ella, “la tecnología debe integrarse en el interiorismo, pero no necesariamente convertirse en su protagonista”. 

Si quieres que tenga una ubicación más discreta, puedes integrarla en el mueble de salón con puertas correderas que la oculten cuando no se esté utilizando. 

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Salón grande con sofá blanco. © Yael Vallés para Laura Martínez

Mantén una distancia razonable con la tele

No existe una medida exacta que sirva para todos los televisores, aunque sí hay referencias útiles. “En un salón convencional, una distancia de unos dos metros y medio suele resultar cómoda”, indica Débora Labarta. Esa separación cambiará según las pulgadas de la pantalla, el tamaño del sofá y las proporciones de la habitación. 

La interiorista insiste en que no es partidaria de “aplicar una fórmula de manera estricta”. Para ella, tiene más peso “cuidar la altura a la que colocamos la pantalla” y comprobar que la postura sea natural cuando estás sentado. 

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Salón pequeño con sofá exento. © Amador Toril para Alberto Torres

En un salón pequeño, controla el tamaño

Cuando hay pocos metros, el tamaño del sofá debe ser proporcionado y no impedir la circulación. “En un salón pequeño, soy partidaria de no intentar meter más sofá del que realmente admite el espacio”, afirma la interiorista. Un sofá recto, con fondo contenido, suele resolver mejor la distribución que un chaise longue grande. 

Los módulos pueden ser una buena opción “siempre que esa modulación nos ayude realmente a adaptarnos al espacio”. Y, si eliges un sofá en L, recuerda su advertencia: “Un sofá en L demasiado grande puede comerse literalmente un salón pequeño y condicionar muchísimo el resto de la distribución”.

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Salón con sofás enfrentados. © Maria Pujol para Tinda's Project

En un salón grande, crea relaciones

Cuando sobran metros, el reto cambia por completo: necesitas evitar que el sofá parezca perdido en mitad de la habitación. “El problema ya no es dónde conseguimos colocar los muebles, sino cómo hacemos que el espacio tenga escala y resulte acogedor”, explica Labarta. 

El sofá puede ir en el centro, pero debe encajar con “una alfombra de dimensiones generosas, mesas auxiliares, butacas, iluminación o una consola trasera”, por ejemplo. También funcionan muy bien los sofás modulares o dos sofás enfrentados para formar zonas de conversación. “Un salón grande no necesita necesariamente más muebles; necesita piezas con la escala adecuada y una distribución capaz de generar cierta arquitectura dentro del propio espacio”, sentencia.