Muchas veces la gran pantalla despierta nuestras ganas de viajar. Es lo que ocurre con El ser querido, la última película protagonizada por Javier Bardem y Victoria Luengo, que la Academia de Cine ha preseleccionado para representar a España en los Oscar junto a Los domingos —ganadora del Goya a la Mejor Película— y La bola negra, de Los Javis. Habrá que esperar al próximo 16 de septiembre para conocer cuál de las tres representará finalmente a España.
Más allá de las alfombras rojas y de su carrera hacia los premios, lo verdaderamente apetecible para nosotros, los viajeros, es seguir las huellas de la película por Fuerteventura, pues la isla se convirtió durante siete semanas en uno de los grandes escenarios del rodaje, con localizaciones repartidas por los municipios de Pájara y La Oliva y cerca de 300 figurantes locales.
La Fuerteventura más árida y solitaria, con carreteras que se pierden entre montañas desnudas, playas abiertas al Atlántico y grandes extensiones de terreno casi sin construcciones, le sirvió a Rodrigo Sorogoyen para recrear el Sáhara español de los años treinta, donde transcurre parte de la historia.
PADRE E HIJA FRENTE A UN PAISAJE EXTREMO
El ser querido es un drama familiar sobre Esteban, un aclamado director de cine interpretado por Javier Bardem, que intenta recuperar la relación con su hija Emilia, a la que da vida Victoria Luengo. Después de años de distancia, padre e hija vuelven a encontrarse mientras trabajan juntos en una película.
El cineasta tiene que enfrentarse así no solo a un nuevo proyecto profesional, sino también a las heridas de una relación marcada por el abandono y la dificultad para pedir perdón. Para Bardem, su personaje es “un hombre de su tiempo, educado en una masculinidad mal entendida”. Esteban, explica el actor, “no tiene la capacidad de pedir perdón” y durante la película comienza un viaje para aprender a reconocer sus errores, según explicó en una entrevista con El País.
JANDÍA, EL GRAN ESCENARIO DE LA PELÍCULA
El viaje cinematográfico por Fuerteventura tiene uno de sus puntos fuertes en el extremo sur de la isla. Buena parte del rodaje se concentró en el municipio de Pájara y, especialmente, en la península de Jandía. Entre las localizaciones se encuentra Punta de Jandía, uno de los rincones más aislados. Hasta allí conduce una pista sin asfaltar que parte de Morro Jable y atraviesa un paisaje de aspecto casi lunar, entre montañas desnudas, vegetación escasa y el océano al fondo.
La zona forma parte del Parque Natural de Jandía, un enorme espacio protegido que ocupa buena parte de la península del mismo nombre. A medida que se avanza hacia el extremo sur, el paisaje cambia: playas de arena clara, acantilados, cabos rocosos y una vegetación adaptada a las duras condiciones de la isla.
Uno de los puntos más reconocibles es el faro de Punta de Jandía, levantado en el extremo suroccidental. Frente a él se abre el Atlántico y, alrededor, un territorio donde apenas hay construcciones.
MORRO JABLE Y LA COSTA DEL SUR
Aunque buena parte de las localizaciones se encuentran en los espacios más áridos de la península, Morro Jable es el mejor punto de partida para recorrer esta zona de la isla. La localidad concentra buena parte de la vida del sur y queda a las puertas de los paisajes más solitarios. Su paseo marítimo, sus playas y el contraste entre el núcleo urbano y el paisaje prácticamente virgen que comienza pocos kilómetros más allá permiten entender las dos caras de esta parte de Fuerteventura. Entre las localizaciones se reconoce la avenida Tomás Grau Gurrea, donde se rodó una de las escenas de la película, y la playa del Matorral. Desde aquí se puede continuar hacia la playa de Jandía, uno de los grandes arenales del sur, con kilómetros de arena y mar abierto.
ENTRE MONTAÑAS Y PAISAJES DESÉRTICOS
Otros enclaves de Pájara, el municipio más extenso de la isla, que aparecen en la pantalla son los acantilados volcánicos de Rabo del Ratón y Punta Percebe, además de El Puertito de la Cruz, un pequeño caserío de pescadores en la costa. Son lugares donde el paisaje cambia entre llanuras, formaciones volcánicas y pequeñas poblaciones junto al mar.
El propio pueblo de Pájara merece una parada, sobre todo para conocer la iglesia de Nuestra Señora de Regla, su principal monumento. Su portada, decorada con motivos vegetales y elementos de inspiración azteca, es uno de sus detalles más llamativos.
Pero para conocer esta parte de la isla hay que salir también del núcleo urbano. Carreteras que atraviesan montañas desnudas, pequeños pueblos y extensas llanuras muestran una Fuerteventura más tranquila y rural, alejada de las zonas de playa.
LA OLIVA, OTRA CARA DE LA ISLA
Sorogoyen y el equipo de producción también pasaron por el municipio norteño de La Oliva, donde el paisaje ofrece una cara diferente de la isla. Uno de los enclaves vinculados al rodaje es El Cotillo, una antigua localidad marinera que conserva casas blancas y un ambiente tranquilo junto al Atlántico. Sus pequeñas calas, playas y litoral abierto ofrecen una imagen muy distinta de los espacios áridos de Jandía. En los alrededores también se despliega una geografía marcada por los volcanes y la aridez.
Desde El Cotillo se puede continuar hacia Corralejo, donde las dunas y el paisaje volcánico ofrecen otro de los grandes contrastes de Fuerteventura. Dos paisajes muy diferentes que ayudan a entender la variedad de escenarios que ofrece la isla.











