La de Blanca Fernández de Araoz es una historia llena de pasos valientes. Algunos pequeños, como la “osadía” de elegir un vestido de segunda mano para ir de invitada a una boda; otros gigantes, como el de abandonar Londres y una prometedora carrera en el mercado de la inversión en arte para volver a Madrid siguiendo el instinto de una oportunidad de negocio. Todos ellos han ayudado a la madrileña a convertirse en una empresaria de éxito y a revolucionar con Blanche Vintage un sector, el de la ropa de invitada, tan importante para la moda nacional.
“El proyecto nació de un forma muy orgánica y, sobre todo, de una necesidad personal: tenía muchas bodas y me di cuenta de que todas comprábamos en las mismas tiendas e íbamos con estilos demasiado parecidos. De la necesidad de no ir igual que todo el mundo, empecé a buscar vestidos vintage y de segunda mano que fueran especiales y tuvieran personalidad. Poco a poco descubrí piezas increíbles y cada vez que iba a una boda me encontraba con que muchas invitadas me preguntaban de dónde era mi vestido. Entonces me di cuenta que muchas mujeres tenían la misma necesidad que yo, encontrar vestidos de invitada de calidad, únicos y especiales”, explica Blanca.
Dio el paso y creó un perfil en Instagram desde el que enseñaba los vestidos con la naturalidad y la honestidad de quien habla con una amiga. “Esa autenticidad hizo que la gente conectara”, afirma. Fue tal la acogida que tuvo que organizar un pop-up en Madrid. “¡Se formaron unas colas que ni yo misma lo creía!”, recuerda.
“Del deseo de ir diferente a las bodas nació la firma. Muchas invitadas me preguntaban por el origen de mi 'look'”
Algo hizo clic en ella: dejó Londres y abrió una tienda permanente en la capital española. “Me dicen que tengo suerte de haber emprendido sola, pero se equivocan: cuando arranqué, me hubiera gustado poder contar con alguien con quien compartir derrotas y celebrar éxitos”, reflexiona la empresaria. Su idea llegó en un buen momento para la segunda mano: "cuando empecé con Blanche Vintage, el mercado español todavía no estaba tan familiarizado con la moda vintage cuando se trataba de vestidos de invitada. En estos años he visto un cambio muy grande en la mentalidad de las clientas. Cada vez valoran más la exclusividad, la calidad y también el gran componente de sostenibilidad que tiene la moda circular", lanza.
Mira hacia atrás con la felicidad de haber cumplido muchos sueños -aunque alguno le queda, como vestir a Olivia Dean-, entre los que recalca su punto de venta físico, la apertura de su recién estrenada línea nupcial, Blanche Vintage Bridal, o el de vestir a mujeres con personalidad. “En especial a mi madre, que siempre ha sido un referente para mí y me ha apoyado durante todo mi emprendimiento”, añade emocionada.
Lo que más disfruta Blanca es el proceso de curaduría. Encontrar “tesoros”, viajar por todo el mundo y seleccionar las piezas que van a formar parte del catálogo de Blanche Vintage es la parte favorita de su trabajo. “Todo lo hago yo personalmente y, aunque el volumen de compra ha crecido, mantengo mi criterio personal. Compro con una mezcla de intuición y experiencia: elijo lo que me encanta a mí, pero pensando en qué les hará ilusión descubrir a mis clientas”, cuenta.
Preguntada por qué tiene que cumplir un diseño para ser “Blanche”, recalca que “originalidad y calidad. Me fascina el nivel de confección de las prendas de antes: los tejidos, los bordados, el patronaje, la pedrería… También quiero que favorezcan. Da igual que un vestido sea bonito si no favorece”. Viste a chicas de 18 años y a mujeres de 70, algo que demuestra cómo ha cambiado la percepción de la segunda mano: “Hoy las clientas valoran que una pieza tenga historia, que sea exclusiva”, opina. Tanto, que muchas valoran la opción de utilizarlo como look nupcial, incluida la propia Blanca, que confiesa estar en plena búsqueda de su vestido de novia. Y sí, será vintage.







