La isla-refugio en Canarias donde vivir un verano eterno: bosques milenarios, pueblos con encanto y gastronomía local


Es ese paraíso atlántico al que escaparse cuando lo que se busca es disfrutar del buen tiempo sin prisas.


Vallehermoso, La Gomera, Islas Canarias© Shutterstock
Cristina FernándezPeriodista de Viajes
3 de septiembre de 2026 a las 7:30 CEST

Cuando el ferri que conecta varias veces al día el puerto de Tenerife con nuestro ansiado edén se acerca a su destino, La Gomera se nos revela con su paisaje rebelde y agreste, de altos acantilados que van a morir al mar. Sin embargo, además de ese perfil salvaje que nos roba un enorme wow, sentimos que hay algo más presente en su territorio. Una calma inusitada. Una tranquilidad que lleva milenios adueñada de esta isla donde la vida transcurre de manera relajada, dejando las prisas y el estrés para otros. ¿Qué necesidad hay de agobios cuando se está en el paraíso? 

Costa de La Gomera, canarias© Shutterstock
Paisaje volcánico de La Gomera.

Bajamos del barco y ponemos pies en tierra firme: debemos saber que acabamos de arribar a una de las islas más antiguas del archipiélago canario. Formada a partir de diversas erupciones volcánicas varios millones de años atrás —la última, hace dos millones—, resulta que este pequeño islote de forma casi circular ha logrado su espectacular orografía a partir de la erosión del agua y el viento, que han ido moldeando, como si de una obra de arte se tratara, este recóndito vergel de bordes toscos, pero corazón verde. Es allí donde se despliega el Parque Nacional de Garajonay, donde ponemos el foco. Hora de calzarse las botas.

UN EDÉN INCOMPARABLE

Que las carreteras serpenteen hasta el infinito y más allá mientras nos conducen hasta uno de los grandes tesoros naturales de las Islas Canarias es ya tradición por estas tierras. Tal vez porque, precisamente, el aislamiento, esa dificultad de acceder a él, es lo que le ha permitido potenciar su valor y su esencia. Declarado Reserva Mundial de la Biosfera, el Parque Nacional de Garajonay constituye, sin atisbo de duda, el gran imprescindible de La Gomera: este bosque húmedo y neblinoso, donde predominan las temperaturas suaves y al que se agarran con fuerza las nubes que llegan desde el Atlántico, es un auténtico superviviente de la vegetación que cubrió gran parte de Europa millones de años atrás.

Bosque de laurisilva,  Parque Nacional de Garajonay, La Gomera, Islas Canarias© Getty Images/imageBROKER RF
Bosque de laurisilva.

Dejamos el coche a un lado y nos lanzamos al noble arte del senderismo, caminando por alguna de las múltiples rutas que se despliegan por su vasto territorio. Avanzamos entre retorcidos troncos abrazados por el musgo y líquenes que apenas dejan traspasar la luz, enfrentándonos a un paisaje casi onírico. Su protagonista absoluta, la laurisilva, es un ecosistema de origen prehistórico hoy presente solo en algunas zonas de la Macaronesia. 

Nos topamos con laureles y con tiles, con acebiños y fayas que crecen al abrazo de las hojas de los árboles que aquí alcanzan tal tamaño que logran capturar la humedad de la niebla, condensándola y alimentando con ella manantiales y cursos de agua.

Bosque El Cedro, Parque Nacional de Garajonay, La Gomera, Canarias© Shutterstock
Bosque El Cedro.

Uno de los puntos de acceso más populares al parque es Laguna Grande, desde donde parten diversos senderos. También está el camino hacia El Cedro, que nos lleva hasta uno de los sectores más frondosos. Rodeados de árboles centenarios, encontramos el contexto idílico para conocer la historia de amor tras este emplazamiento único: cuenta la leyenda que Gara —princesa de Agulo— y Jonay —un joven príncipe que procedía de Tenerife— se enamoraron, cual Romeo y Julieta, a pesar de que sus familias no estaban de acuerdo. El desenlace, pues, era previsible: ambos amantes prefirieron una muerte juntos que una vida separados. Fueron ellos quienes dieron el nombre al emblema natural de La Gomera. 

San Sebastián de La Gomera, Islas Canarias© Shutterstock
San Sebastián de La Gomera.

ENTENDER LA ESENCIA GOMERA

Pero si existe un lugar donde embriagarse del carácter gomero, donde entender la idiosincrasia de un pueblo que ha habitado esta remota tierra durante siglos, es en sus núcleos urbanos. San Sebastián de la Gomera, la capital de la isla y puerta de entrada y salida por mar, seduce con su casco histórico repleto de edificios de arquitectura tradicional canaria, algunos de ellos vinculados a Cristóbal Colón: resulta que La Gomera fue la última escala del navegante antes de cruzar el Atlántico en 1492 y toparse de bruces con América. La Casa de Colón mantiene vivo aquel recuerdo, mientras que la Torre del Conde nos ilustra sobre los primeros tiempos de la conquista castellana. Una parada en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción será imprescindible antes de continuar explorando la isla.

Torre del Conde, San Sebastián de La Gomera.© Shutterstock
Torre del Conde, San Sebastián de La Gomera.

La ruta nos lleva hasta otros enclaves como Agulo, según muchos, la más bella de todas las localidades gomeras. Desde su Mirador de Abrante se aprecia la silueta de la isla vecina, con el Teide protagonizando la estampa, aunque lo que nos enamora de verdad es el placer de andar por sus calles empedradas contemplando los balcones de madera y las fachadas de colores de sus edificios, dejándonos embriagar así por la cotidianeidad de sus días.

Agulo, La Gomera, Islas Canarias© Shutterstock
Pueblo de Agulo.

En el Valle de Hermigua, popular por tratarse de una de las zonas agrícolas más fértiles de La Gomera, visitamos Los Telares, un espacio etnográfico y centro de artesanía en manos de la familia Rodríguez, que lleva décadas trabajando a conciencia por recuperar y divulgar las tradiciones de la isla. Entre terrazas cultivadas, palmerales y plataneras, respiramos profundamente, deceleramos el ritmo y nos sentamos en su cafetería a tomar algún dulce típico de la isla.

Desde Hermigua, la carretera gana altura y el paisaje vuelve a transformarse. Las terrazas agrícolas y las palmeras van quedando atrás mientras aparecen al otro lado de la ventanilla las grandes formaciones rocosas que salpican el corazón de La Gomera. Capta nuestra atención enseguida el Roque de Agando, una espectacular columna de origen volcánico que se eleva sobre el paisaje como si alguien hubiera dejado allí una gigantesca escultura de piedra. En realidad, es el antiguo conducto de un volcán, un bloque de magma solidificado que quedó al descubierto después de millones de años de erosión.

Roque de Agando, La Gomera, Islas Canarias© Shutterstock
Roque de Agando.

PROYECTOS CON ALMA PARA BEBERSE LA ISLA 

No nos conformamos con apreciar y disfrutar de primera mano de las grandes bondades de la isla: queremos más. Y eso incluye el adentrarnos en las historias humanas, conocer a aquellos que escriben, día a día, la de esta isla. Uno de esos personajes es Antonio Sánchez, a quien encontramos en plena faena en sus viñedos. Y es que, en las laderas de La Gomera, donde cultivar nunca ha sido una tarea sencilla, la vid ha encontrado su lugar entre bancales y pendientes imposibles. Antonio es el alma tras Bodegas Manuel Sánchez, el proyecto familiar que habla de esa relación íntima entre el gomero y la tierra.

Viñedos de La Gomera, Canarias© @doplagomera
La forastera gomera es una uva autóctona que se ha convertido en uno de los símbolos de la viticultura local.

Antonio irradia pasión, ilusión por su proyecto de vida. Bombero de profesión, se retiró hace años de la actividad para dedicarse en cuerpo y alma al gran sueño de su padre, Manuel. Visitamos su viñedo, entendiendo hasta qué punto elaborar vino aquí es también una forma de conservar el paisaje: pequeñas parcelas, trabajo prácticamente artesanal y variedades adaptadas a las condiciones de la isla son ingredientes clave.

almogrote adobe© Adobe Stock
Almogrote.

Entre esas variedades se halla la forastera gomera, una uva autóctona que se ha convertido en uno de los símbolos de la viticultura local. Sentados en la terraza de la casa de Antonio, y sin dejar de escuchar sus interesantes historias, catamos los vinos, que no llegan solos: los acompañan los deliciosos platos gomeros con los que su mujer se encarga de deleitarnos. No falta en la mesa el gofio ni el almogrote que añadir a la sopa, la tortilla de patatas ni las risas: muchas de ellas. Con el estómago lleno y el corazón henchido de amor, ponemos rumbo, ahora sí, a nuestro refugio en este paraíso.

Bancal Hotel & Spa, La Gomera, Canarias
Bancal Hotel & Spa, sobre los acantilados.

EL LUJO DE DORMIR ENTRE BANCALES

Bancal Hotel & Spa (bancalhotel.com) se contempla ya desde la distancia según conducimos, ladera arriba, hacia su ubicación. Coronando una de las colinas que se yerguen junto a San Sebastián de La Gomera, y ocupando un terreno que en el pasado albergó bancales donde se cultivaban tomates, este exclusivo alojamiento reivindica ya desde su origen esa identidad gomera tan afianzada al carácter de su gente. Un sentimiento de pertenencia, de orgullo isleño, que se intensifica aún más cuando se traspasan sus puertas. Es hora de hacer check-in.

Piscina infinita del Bancal Hotel & Spa, La Gomera, Canarias© Bancal Hotel & Spa
Piscina del hotel con vistas al Teide.

Un amplio espacio nos da la bienvenida junto a una mesa colmada de ricas viandas, entre las que no falta el agua guisada, una infusión de hierbas que se toma fría y que es marca de la tierra. Las 276 habitaciones que conforman su oferta se reparten, a partir de aquí, por los diferentes bancales, componiendo un laberinto exquisito de escaleras, pasillos y ascensores que nos devuelven, una y otra vez, al mar: no importa si es desde cualquiera de los diferentes miradores o desde la intimidad de la habitación, la silueta del icónico Teide, imponente al otro lado del mar, nos recuerda que nos observa constantemente. 9 restaurantes, 3 piscinas (2 de ellas, climatizadas) y un sinfín de experiencias con las que entregarnos a los mayores mimos por parte de un servicial equipo completan la oferta. 

Bancal Hotel & Spa, La Gomera, Canarias
Bancal Hotel & Spa.

¿Que hay ganas de relajarse? Aulala Wellness & Spa, un espacio de 380 metros cuadrados dedicado al bienestar, cuenta con un circuito termal y salas de tratamientos únicos. ¿Que hay ganas de hacer deporte? Bancal cuenta desde con clases guiadas de spinning o aeroyoga, además de entrenadores personales a nuestro servicio. ¿Que simplemente hay ganas de olvidarse del mundo? Una hamaca, un libro y el sol gomero nos harán tocar el cielo con los dedos. 

Pero quizá lo más interesante sea que Bancal no se limita a ofrecer una estancia confortable, sino que intenta convertirla en una aproximación a la cultura gomera: desde una gastronomía que apuesta por productos de la isla hasta talleres de silbo, salto del pastor o elaboración de almogrote conforman su lista de experiencias. También hay un compromiso tangible con el entorno visible en el uso de energías renovables, la reutilización del agua y la eliminación de buena parte de los plásticos de un solo uso. Un lugar, en definitiva, pensado para disfrutar de La Gomera dando forma a recuerdos para nunca olvidar.