La muerte del rey Harald V ha abierto en Noruega unos días de duelo especialmente significativos para su familia. El monarca falleció el 28 de agosto, a los 89 años, después de 35 años en el trono, y su despedida se prolongará hasta el funeral de Estado del próximo 9 de septiembre. En este periodo de actos solemnes, misas y ceremonias, Ingrid Alexandra, ahora princesa heredera, ha encontrado en las perlas uno de los elementos constantes de sus looks. La joven ha lucido dos pares diferentes, pero muy similares: unos pendientes blancos ligeramente colgantes y otros de botón, ambos discretos y alejados de cualquier ostentación. No es, ni mucho menos, azar. Las perlas ocupan desde hace décadas un lugar especial en el lenguaje del luto real y su presencia permite leer la moda como una forma de comunicación. La escena recuerda inevitablemente a la realeza británica. Cuando Kate Middleton acudió al funeral de Katharine, duquesa de Kent, eligió también perlas, entre ellas el célebre collar de cuatro hileras de Isabel II. En ambos casos, la joya funciona como algo más que un complemento: habla de respeto, memoria y continuidad.
Ingrid Alexandra y las perlas que la acompañan en el duelo
En las imágenes tomadas durante estos días, Ingrid Alexandra aparece vestida de negro y con una estética deliberadamente contenida. La elección de las joyas sigue la misma lógica. Durante la ceremonia en la que su padre, el rey Haakon VIII, juró la Constitución ante el Parlamento el 1 de septiembre, la princesa volvió a recurrir a las perlas, en esta ocasión en un formato más pequeño y cercano al rostro.
En los actos anteriores relacionados con la despedida de Harald también había llevado unos pendientes de perla en forma de lágrima, ligeramente colgantes. Todo apunta a que son los mismos que estrenó en la celebración de su 18 cumpleaños en 2022. De ser así, tendrían además una historia personal: fueron un regalo conjunto de miembros de las familias reales de Bélgica y Países Bajos.
Hay otro detalle que refuerza todavía más la lectura: en algunas imágenes en las que Ingrid Alexandra camina junto al féretro de su abuelo se aprecia también un anillo con una gran perla. No se trata, por tanto, de una única aparición circunstancial, sino de una reiteración.
La elección encuentra además un eco familiar. Su abuela, la reina Sonja, ha recurrido en estos actos a collares, pendientes y broches de perlas, mientras que Mette-Marit también ha incorporado estas joyas a sus apariciones más solemnes.
Por qué las perlas están ligadas al luto
La asociación entre las perlas y el duelo no nació en las monarquías contemporáneas, pero encontró en la realeza europea una de sus expresiones más visibles. Durante el siglo XIX, las perlas llegaron a interpretarse simbólicamente como lágrimas, mientras que su color blanco y su brillo moderado las convertían en una de las pocas joyas compatibles con los códigos de sobriedad del luto.
La figura decisiva fue la reina Victoria. Tras la muerte del príncipe Alberto en 1861, pasó el resto de su vida vestida de negro y contribuyó a consolidar unas normas de duelo extraordinariamente estrictas. El jet y otras piedras negras ocupaban un lugar destacado, pero, conforme avanzaban las distintas etapas del luto, también aparecían joyas más discretas y elementos incoloros como los diamantes y las perlas.
La tradición ha sobrevivido aunque las antiguas reglas ya no se apliquen de forma literal. Las perlas continúan siendo apropiadas porque reúnen varias cualidades que encajan con el duelo: son blancas, discretas, elegantes y carecen del color intenso asociado a una joya festiva. Su simbolismo, además, permite expresar emoción sin recurrir a una joya explícitamente funeraria.
De Isabel II a Kate Middleton: una tradición que llega hasta Ingrid
La conexión con Kate Middleton resulta especialmente reveladora. En el funeral de la duquesa de Kent, la princesa de Gales recurrió a un conjunto negro y a perlas, siguiendo una tradición que ya había puesto en práctica en algunos de los momentos más solemnes de la monarquía británica. En 2021 llevó un collar de cuatro hileras de perlas al funeral del príncipe Felipe y en 2022 volvió a recurrir a joyas de perlas durante el duelo por Isabel II.
No es casualidad que Isabel II fuese una de las grandes defensoras de esta tradición. Las perlas acompañaron a la soberana en numerosos funerales y ceremonias de duelo, entre ellos los de su padre, Jorge VI, la princesa Diana y la princesa Margarita. También Diana de Gales recurrió a ellas en momentos de despedida.
Ahora el mismo código aparece en otra casa real y en una generación distinta. Ingrid Alexandra todavía no es reina, pero acaba de convertirse en heredera directa del trono noruego tras la muerte de su abuelo y la llegada de Haakon al trono. Su elección de joyas adquiere así una lectura adicional: no solo es la nieta que despide a un abuelo querido, sino la futura reina que empieza a ocupar un lugar central en la continuidad de la institución.
Qué dice el protocolo para el funeral de Harald
El funeral de Estado se celebrará el 9 de septiembre en la catedral de Oslo, después de varios días en los que el féretro permanece en la capilla del Palacio Real para que los ciudadanos puedan presentar sus respetos.
En una ceremonia de estas características, la ropa deja poco espacio para la improvisación. Según Marta Callejo, asesora de imagen y experta en protocolo, “el principio básico del luto se aplica a todos: sobriedad y respeto”. En el caso de las familias reales, las exigencias son todavía mayores.
El negro riguroso es la opción más apropiada, aunque en determinados contextos pueden admitirse tonos oscuros como azul marino o gris marengo. Los tejidos deben ser mates y discretos y el largo midi continúa siendo la alternativa más correcta. Los zapatos, cerrados y sobrios, deben acompañar sin llamar la atención.
También el tocado puede desempeñar un papel importante. “No es obligatorio, pero sí es altamente recomendable en funerales de Estado o de la realeza”, explica Callejo. En un acto como el de Oslo cabe esperar, por tanto, tocados bajos, pillbox o algún fascinator discreto, siempre subordinados a la solemnidad de la ceremonia.
Y en ese escenario las perlas tienen una ventaja evidente: permiten llevar una joya sin romper ninguno de los códigos de discreción. No compiten con el negro, no introducen color y, al mismo tiempo, aportan una dimensión histórica y emocional.
Una forma silenciosa de recordar
Las perlas que Ingrid Alexandra ha escogido durante estos días dicen mucho precisamente porque dicen poco. No hay grandes diamantes, colores intensos ni joyas destinadas a captar la atención. Hay, en cambio, una piedra blanca que durante generaciones ha acompañado a las mujeres de las casas reales cuando la ocasión exigía recordar, despedir y guardar silencio.
En la futura reina de Noruega, esa elección tiene además un significado particular. Mientras el país despide a Harald y su padre comienza su reinado, Ingrid Alexandra viste el duelo desde un lugar doble: el de una nieta que pierde a su abuelo y el de la heredera que representa la continuidad de la Corona. Las perlas, pequeñas y aparentemente sencillas, terminan convirtiéndose en uno de los gestos más elocuentes de ese momento.











