A Nicole Kidman se la vio este verano en Portofino, donde pasó unos días alojada en el Splendido. La actriz fue fotografiada junto a la piscina y durante una de las cenas y, en una de esas veladas, acabó sumándose a la banda que amenizaba la noche y tocando la pandereta. Las imágenes circularon por las redes y añadieron una escena curiosa a la larga colección de historias protagonizadas por famosos en este establecimiento.
Kidman llegó a Italia después de pasar por Ibiza y Londres y viajó acompañada por el empresario estadounidense Michael Reinstein, con quien se la relaciona sentimentalmente. Su paso por Portofino se convirtió así en una nueva muestra del poder de atracción de este pequeño enclave de la costa de Liguria, habitual destino de rostros internacionales.
A mediados de agosto fueron David y Victoria Beckham quienes pasaron por el Splendido. Lo hicieron acompañados por sus hijos Cruz y Harper y con una razón añadida para escoger precisamente este hotel: allí habían pasado una de sus primeras vacaciones juntos, cuando su relación todavía no era pública.
Victoria Beckham recuperó aquel recuerdo casi treinta años después con una fotografía y un mensaje en sus redes sociales: “De vuelta en Portofino, donde empezamos, en 1997. Te quiero, David”. De hecho, la profunda huella emocional de esa escapada secreta fue la que inspiró a la diseñadora a crear Portofino ’97, uno de los perfumes más emblemáticos de su firma cosmética, concebido para encapsular la esencia y el romance de aquellos días. La pareja volvió al mismo lugar, aunque el hotel ya no es exactamente el que conocieron entonces, pues el Splendido acaba de pasar por una importante renovación y ha incorporado nuevos espacios, entre ellos un spa de Dior.
La historia de los Beckham ayuda a entender algo que resulta más interesante que la etiqueta de “hotel de famosos”: muchos de quienes han dormido aquí regresan. Algunos lo hacen por el lugar; otros, por el recuerdo de haber estado antes. El listado histórico es largo. Por el Splendido han pasado Ava Gardner, Clark Gable, Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Madonna y otras estrellas de Hollywood. Pero entre las historias más conocidas está la de Elizabeth Taylor y Richard Burton: en 1964, durante una de sus estancias en Portofino, Burton le pidió matrimonio en el hotel. La pareja convirtió Italia en uno de los escenarios habituales de su tormentosa relación.
En 2025, con motivo de su reapertura, Belmond reunió allí a figuras como el actor estadounidense Jeff Goldblum, que actuó con su banda de jazz durante una de las veladas, y Ana Ivanović, entre otros invitados. La presencia de la extenista serbia tampoco era casual: el hotel cuenta con una pista de tenis con vistas a la costa de Liguria y este deporte se ha convertido en una de sus señas de identidad.
El Splendido tiene, además, una historia anterior a los famosos que han pasado por sus habitaciones. Antes de convertirse en hotel, fue un monasterio benedictino del siglo XVI y, posteriormente, una residencia privada. Abrió como alojamiento en 1902, cuando Portofino empezaba a entrar en los itinerarios de los viajeros extranjeros.
La última renovación, a cargo del diseñador Martin Brudnizki, ha actualizado habitaciones y espacios comunes sin borrar el carácter del edificio. Hay más color, murales botánicos, muebles de inspiración ligur y una piscina de agua salada que sigue mirando hacia la bahía. El cambio se nota, pero el hotel continúa organizado alrededor de la misma idea: terrazas, jardines y habitaciones abiertas al paisaje, con el puerto abajo y el monte detrás.
Entre las novedades está también Dior Spa, el primer spa permanente de la firma en Italia, instalado en una zona del hotel con espacios interiores y exteriores y una terraza desde la que se ve el mar.
También se puede pasar el día sin salir prácticamente del recinto. La Terrazza, el restaurante principal, trabaja con cocina ligur y productos de la zona y ocupa una terraza abierta a la bahía; para algo más informal está Splendido Grill, mientras que el nuevo Baratta Sedici concentra la oferta de cócteles.
Y si apetece salir, el hotel puede organizar una excursión privada en barco por la costa, un paseo en kayak al atardecer con aperitivo, una visita al faro de Portofino o una escapada a La Portofinese, una granja ecológica del parque natural. También hay clases de pesto, pizza y tenis. Son formas de descubrir el entorno con la comodidad de tenerlo todo organizado y, en algunos casos, lejos de las rutas más concurridas.
Porque quizá lo más singular del Splendido siga estando precisamente en su ubicación. Portofino es pequeño: el puerto, la iglesia de San Giorgio, el castillo Brown y los senderos que se adentran en el parque natural quedan a pocos minutos. Pero hay una diferencia entre visitar la localidad y alojarse aquí: cuando el puerto se llena de turistas a media mañana, basta con subir la cuesta para que el ruido quede abajo y Portofino vuelva a parecer casi un pueblo de postal.












