"Espero que todos puedan disfrutar de unas vacaciones para recuperar su cuerpo y espíritu". Con este deseo, pronunciado unas semanas después de tomar posesión de su cargo en mayo de 2025 y antes de disfrutar de unos días lejos del Vaticano, León XIV recuperó una tradición que durante siglos marcó el calendario de los pontífices y que rechazó su predecesor, el papa Francisco: pasar parte del verano en Castel Gandolfo, ese rincón del Lacio que ha servido de refugio estival a 15 sucesores de San Pedro y vuelve ahora a convertirse en el escenario del descanso papal.
EL REFUGIO ESTIVAL DE LOS PAPAS
Las llamadas Villas Pontificias de Castel Gandolfo forman un extenso complejo situado sobre una colina con vistas al lago Albano, en la región italiana del Lacio. El recinto está integrado por el Palacio Pontificio, varias villas históricas y unos espectaculares jardines, además de bosques, terrenos agrícolas y restos arqueológicos de época romana. En total ocupa unas 55 hectáreas, una superficie incluso mayor que la de la propia Ciudad del Vaticano, que apenas alcanza las 44 hectáreas.
"Es un lugar con unas vistas bellísimas al lago y con un clima mucho más fresco que Roma en el verano, por eso desde hace siglos los papas se van allí en esta época del año", explicó el cardenal venezolano Baltazar Porras a BBC Mundo, buen conocedor de la residencia estival de los pontífices.
CÓMO LLEGAR DESDE ROMA
Castel Gandolfo se encuentra a solo 25 kilómetros al sureste de Roma, por lo que es una de las excursiones de día más sencillas y agradables desde la capital italiana. La forma más cómoda de llegar es en coche por la carretera SS7 Appia o en tren regional desde la estación de Roma Termini; el trayecto dura alrededor de 45 minutos y, una vez en la estación de Castel Gandolfo, solo hay que caminar unos 10 minutos cuesta arriba para alcanzar el centro histórico.
Al llegar, la recompensa es descubrir un rincón donde historia, naturaleza y espiritualidad conviven desde hace casi cuatro siglos y que, gracias al regreso del papa León XIV a esta tradición, vuelve a situarse en el centro de la actualidad.
UN POCO DE HISTORIA
La historia de Castel Gandolfo se remonta a la Antigüedad. En este lugar se encontraba parte de la legendaria Alba Longa y, siglos después, el emperador Domiciano levantó una fastuosa villa imperial cuyos restos todavía se conservan dentro del recinto pontificio. Sin embargo, el aspecto actual de la localidad comenzó a definirse en el siglo XVII, cuando el papa Urbano VIII encargó al arquitecto Carlo Maderno la transformación de una antigua fortaleza de la familia Gandolfi en la residencia estival de los pontífices.
Desde entonces, Castel Gandolfo se convirtió en el refugio de verano de los papas. Aquí descansaron durante siglos, lejos del calor de Roma, y también se celebraron reuniones diplomáticas y acontecimientos históricos. Durante la Segunda Guerra Mundial, el complejo abrió sus puertas para acoger a miles de refugiados que encontraron protección dentro de sus muros. La tradición solo se interrumpió durante el pontificado de Francisco, que prefirió permanecer en el Vaticano y, además, decidió abrir el Palacio Apostólico al público en 2016. Con León XIV, la residencia recuperó el pasado verano su función original.
CÓMO VISITAR LAS VILLAS PONTIFICIAS
Las Villas Pontificias son el principal atractivo de Castel Gandolfo. El recorrido por el Palacio Apostólico descubre los apartamentos papales y los salones oficiales, decorados con retratos de los pontífices y numerosos objetos relacionados con la historia del papado. Los jardines históricos, diseñados por Giovanni Momo, son otro de los grandes reclamos gracias a sus terrazas, fuentes, esculturas y senderos rodeados de vegetación.
Dentro del recinto, además de los restos arqueológicos de la villa del emperador Domiciano, se conserva la conocida granja pontificia, donde todavía se producen leche, quesos, miel, aceite de oliva y otros alimentos destinados tradicionalmente al consumo de la Santa Sede.
Existen diferentes modalidades de entrada que permiten recorrer tanto el interior del edificio como los jardines. Puede realizarse a pie, mediante visita guiada o a bordo de un minibús ecológico con audioguía, que facilita la visita al extenso recinto.
La visita suele completarse en unas dos o tres horas, aunque lo más recomendable es dedicar una jornada completa a la excursión para disfrutar también del casco histórico y del lago Albano.
EL CASCO HISTÓRICO
Fuera del complejo papal, la piazza della Libertà es el centro del pequeño casco histórico, presidida por la fachada del Palacio Apostólico. Muy cerca se encuentra la iglesia de Santo Tomás de Villanueva, obra de Gian Lorenzo Bernini. Desde ella se abre un entramado de calles empedradas llenas de cafeterías, restaurantes y tiendas de productos locales.
UN BALCÓN SOBRE EL LAGO ALBANO
Castel Gandolfo forma parte de la comarca de los Castelli Romani, un conjunto de pueblos históricos levantados entre colinas volcánicas, bosques y viñedos que desde hace siglos son el destino preferido de los romanos para escapar del calor del verano.
Su gran protagonista es el lago Albano, un antiguo cráter volcánico convertido en uno de los paisajes más bellos del Lacio. Desde los numerosos miradores del pueblo se obtienen espectaculares vistas de sus aguas, mientras que en la orilla es posible alquilar una piragua, hacer deportes acuáticos o simplemente disfrutar de una comida en alguno de los restaurantes especializados en pescado de agua dulce y cocina tradicional de la región.













