Harald V de Noruega, en el trono desde el 17 de enero de 1991, ha muerto este viernes a los 89 años, después de 24 horas de gran incertidumbre donde su familia no se ha separado de él en ningún momento. Su hijo, Haakon, el nuevo Rey, pasó la noche junto a él en el hospital. Ha sido la Casa Real la que ha comunicado la triste noticia con el siguiente comunicado: "Con profunda tristeza anunciamos el fallecimiento de Su Majestad el Rey Harald. El rey Harald falleció en paz en el Hospital Nacional el viernes 28 de agosto a las 6:35 horas".
Una salud que se ha ido deteriorando
El soberano había tenido en los últimos tiempos múltiples achaques de salud, los más recientes debido a infecciones que le obligaron a entrar y salir del hospital con frecuencia, la última vez, el pasado 17 de agosto, por una anemia hemolítica que fue deteriorando hasta la extrema gravedad su estado de salud, lo que le hizo ausentarse de la vida pública y asumir al príncipe heredero Haakon, convertido ya en Haakon VIII, asumir la regencia. Pese a su mala salud de hierro, siempre lograba reponerse y seguir con sus compromisos públicos, lo que le valió el apodo del "vikingo invencible", aunque de vikingo lo único que tenía era el nombre, el de Harald Hårfagre, considerado el primer rey noruego en torno al año 890; el hasta ahora jefe del Estado pertenecía a la Casa de Glücksburg, en el trono del reino escandinavo desde 1905.
El rey Harald nunca abdicó
A pesar de su avanzada edad y tras las renuncias de muchos monarcas de su generación, dejó claro que nunca abdicaría y cumplió su juramento hasta el final, como hicieron sus antecesores. En muchas ocasiones demostró que la monarquía era su vida, pero la familia era lo primero, así que veló siempre por la felicidad de los suyos. Le gustaba navegar y las películas de vaqueros, fue de los primeros monarcas con formación universitaria y protagonizó una historia de amor junto a la reina Sonia, con la que modernizó a la monarquía. Su familia y el país lloran a su figura paterna, un símbolo de la vieja Europa, un Rey del siglo pasado y el último soberano que vivió la Segunda Guerra Mundial.
Haciendo historia desde la cuna
Harald de Noruega ya hizo historia desde su llegada al mundo, el 21 de febrero de 1937, al convertirse en el primer príncipe que nació en el país en 567 años. A pesar de que sus padres, los príncipes herederos Olav y Marta (ella princesa sueca de nacimiento), ya tenían dos hijas, la princesa Ragnhild, fallecida en 2012, y la princesa Astrid, ninguna de ellas tenía derecho al trono según las leyes de sucesión que se reformarían con el tiempo. Los primeros años del príncipe Harald fueron tranquilos en la residencia oficial de Skaugum en Asker, pero todo cambió cuando las fuerzas del III Reich comenzaron la invasión de la neutral Noruega durante la madrugada del 9 de abril de 1940.
Exilio en Estados Unidos
Entonces, el jefe del Estado era su abuelo, Haakon VII, rey electo de Noruega desde 1905 hasta 1957, y sabía que era difícil resistir y mucho menos vencer a la Alemania nazi, pero aun así decidió luchar. Tras negarse a nombrar a un primer ministro elegido por Hitler, la Familia Real y el Gobierno tuvieron que huir de Oslo en tren. El rey y su hijo, el príncipe heredero Olav, se refugiaron en las montañas con parte del gabinete noruego y encabezaron la resistencia activa y armada a la espera de ayuda aliada. Mientras, el pequeño Harald, que acababa de cumplir los tres años, continuó la huida con sus hermanas y su madre, la princesa Marta, a través de la frontera con Suecia para después coger un barco a los Estados Unidos y establecerse en Washington, donde contaron con el respaldo del presidente Franklin Delano Roosevelt.
El regreso a Noruega
Ante el avance de los alemanes y el peligro de que el jefe del Estado fuera eliminado, el rey Haakon y el príncipe Olav se trasladaron al Reino Unido, en donde establecieron un gobierno noruego en el exilio que duró hasta el final de la guerra en 1945. Después de cinco años de ocupación, la Familia Real regresó a Noruega el 7 de junio de 1945 a bordo del navío británico HSM Norfolk y fue recibida con enorme entusiasmo por la población. Por aquel entonces, el príncipe Harald había vivido más tiempo en los Estados Unidos que en Noruega, reconoció que al regresar a su país todo le resultaba ajeno e incluso contó que no entendía a su abuelo al hablar. Eso se debía a que el rey Haakon VIII (príncipe danés de nacimiento) se murió sin dominar el noruego. Pronto el príncipe Harald fue matriculado en la escuela pública Smestad de Oslo, donde recibió una educación muy parecida a la del resto de sus compañeros.
'Murió demasiado pronto, para ella y para mí'
Cuando tenía 17 años vivió algo que le marcaría de por vida: la muerte de su madre. La princesa Marta de Suecia (hija del príncipe Carlos de Suecia y de la princesa Ingeborg de Dinamarca, también hermana de Astrid de Suecia, reina consorte de los belgas hasta 1935) falleció de cáncer en abril de 1954 en el Rikshospitalet de Oslo. Con el paso del tiempo, prácticamente de toda una vida, el rey Harald pudo hablar abiertamente del fallecimiento de su madre: "Murió demasiado pronto, para ella y para mí. En aquella época no existía la terapia del duelo. Mi padre se sintió muy solo después de la muerte de mi madre y estuvo viudo durante casi 40 años".
Su proclamación como príncipe heredero
Después, ingresó en el colegio Catedral de Oslo, en el que se graduó en Ciencias a la vez que perfeccionaba el inglés, el francés y el alemán. Con 20 años y antes de comenzar su carrera militar, en la que consiguió el rango de general del Ejército de Tierra, y Aire y almirante de la Marina, fue proclamado príncipe heredero tras la ascensión de su padre al trono como Olav V el 21 de septiembre de 1957. Desde entonces, y como único hijo varón del jefe del Estado, asumió progresivamente un papel protagonista en su reinado, realizando su primer gran viaje oficial al extranjero en 1960 a los Estados Unidos, la tierra que le acogió, con motivo del 50 aniversario de la American-Scandinavian Foundation.
El pionero en casarse por amor
Con una presencia institucional cada vez más notable, había llegado el momento de formar una familia y fue entonces cuando Harald tuvo el gran pulso con su padre, con el Gobierno y con su país. Desde los 22 años mantenía con Sonia Haraldsen una relación, primero en secreto y luego en público, que iba camino de cumplir los nueve años. Las presiones se hicieron incesantes cuando las imágenes de ambos juntos saltaron a la prensa. Harald tenía claro que se iba a casar por amor y por eso, aunque su novia no tenía "sangre azul", sabía que era la elegida, lo que fue un problema nacional teniendo en cuenta que él era el único hijo varón del rey. "Tenía sentimientos encontrados porque estaba enamorado de Sonia, pero tenía mala conciencia por mi padre y por Noruega", dijo a la televisión pública NRK, muchos años después.
Su ultimátum por amor
"Si Noruega me necesita, aquí estoy, pero con Sonia a mi lado", dijo entonces Harald, un ultimátum que puso contra las cuerdas a su padre y a todo el sistema, para muchos, el futuro de la monarquía estaba en juego. Tras consultar con el presidente del Parlamento, líderes políticos y Gobierno, el rey Olav dio su consentimiento para que el príncipe heredero se casara y el 29 de agosto de 1968 se celebró el enlace en la catedral de Oslo.
La llegada de sus hijos
La pareja real tuvo una enorme aceptación (también el rey Olav tenía mucho apoyo) y Harald se convirtió en el primer heredero de Europa que se casó con una mujer que no era princesa. Desde entonces se convirtieron en una de las parejas reales más abiertas y queridas, siempre juntos en la vida oficial y en el día a día. Fruto de su matrimonio nacieron la princesa Marta Luisa, que vino al mundo el 22 de septiembre de 1971 —hay que recordar que no fue hasta 1990 cuando se aprobó la primogenitura absoluta, la ley de sucesión por la que el heredero es el mayor de los hijos sea hombre o mujer— y el 20 de julio de 1973 nació Haakon, que acaba de convertirse en el nuevo rey de Noruega tras el fallecimiento de su padre. Las dificultades que tuvieron los reyes Harald y Sonia durante su noviazgo les hicieron ser muy abiertos con los matrimonios de sus hijos, que se prometieron que no pasarían por lo mismo que les tocó sufrir a ellos.
Más de 3 décadas en el trono
En el verano de 1990, la salud del anciano rey Olav empeoró y su hijo asumió la regencia. Finalmente, el 17 de enero de 1991, inmediatamente después del fallecimiento de su padre, fue nombrado rey Harald V. Unos meses más tarde, siguiendo una tradición noruega, participaron en un acto en la Catedral de Nidaros de Trondheim ya como Reyes con las coronas a ambos lados del altar mayor, en un acto donde fueron bendecidos. En la primera fila del templo estaban sentados los príncipes Haakon y Marta Luisa, entonces el ahora rey no había cumplido la mayoría de edad. Con ellos llegaron aires nuevos y una gran cercanía para una monarquía que había estado muy militarizada en el pasado, en parte por la resistencia activa que había encabezado la Familia Real durante la Segunda Guerra Mundial.
Un padre para la nación
En la historia reciente tuvo lugar un suceso que marcó el reinado de Harald: los atentados de julio de 2011 de la isla de Utoya y en Oslo, que provocaron la muerte de 77 personas, casi todos adolescentes, y un centenar de heridos. El país quedó conmocionado y el papel del jefe del Estado fue determinante para el estado emocional de los ciudadanos, que le vieron como un guía, igual que lo habían sido su padre y su abuelo en tiempos oscuros. "No solo como Rey, sino como padre, abuelo y marido, siento vuestro dolor, empatizo con cada uno de vosotros", dijo durante los funerales. Quizá por eso también pensaba que la abdicación no era una opción para él, sus predecesores habían resistido en momentos de la historia mucho más complicados y lo habían hecho hasta el final, incluso cuando les flaqueaban las fuerzas y la edad había comenzado a pasarles factura.
Un apasionado de los deportes
En un ámbito más privado, Harald de Noruega siempre destacó por ser un gran deportista y participó con la selección nacional de vela en los Juegos Olímpicos de 1964, 1958 y 1972. Además de la vela, la caza y la pesca y la naturaleza fueron otros de sus grandes intereses. Su pasión por los deportes le llevó a recibir varios galardones, aunque fue la mar la pasión que siguió cultivando hasta que le fue imposible practicarla al tener que apoyarse en dos muletas para caminar.
Las crisis institucionales a las que tuvo que enfrentarse
En su madurez y tras el nacimiento de la princesa Ingrid , la primogénita de Haakon y Mette-Marit, que da continuidad a la monarquía, el rey Harald vivió años tranquilos, aunque a nivel familiar se vieron sacudidos por la muerte de Ari Behn, el primer marido de la princesa Marta Luisa y padre de sus tres hijas. Entonces Harald se convirtió en una roca para la familia, no quería que sus nietas vivieran en soledad el suicidio de su padre y puso sobre la mesa el tema de la salud mental en su tradicional discurso de Año Nuevo. El trago amargo no terminó con este episodio, ya que se vio en la tesitura de tener que apartar a su única hija de la Casa Real, una medida que se tomó para que la princesa Marta Luisa pudiera hacer su vida (y sobre todo sus negocios) de forma libre al lado de su nueva pareja, el chamán Durek Verrett. Más grave ha sido la condena de cuatro años de prisión por una treintena de delitos, entre ellos cuatro violaciones, que recayó sobre Marius Borg, el hijo que tuvo de soltera la princesa Mette-Marit, y al que consideró como un nieto más, y la delicada situación de su nuera, quien hace tan solo unos meses se tuvo que someter a un trasplante de pulmón por el agravamiento de su fibrosis pulmonar.



















