Septiembre no tiene por qué significar que tu jardín pierde su belleza. Al contrario: es el momento en que muchas plantas alcanzan su mejor versión, con flores intensas, formas sugerentes y colores que destacan con la luz más suave de finales de verano. Si buscas plantas que florecen en septiembre, tienes muchas opciones para renovar las de tus macetas y borduras.
La clave de un jardín florido en septiembre está en combinar especies resistentes con distintas alturas y floraciones. Así conseguirás que tu zona verde se mantenga bonita hasta bien entrado el otoño. Estas diez plantas ofrecen flores a lo largo del otoño, son fáciles de integrar en el jardín y, con unos cuidados concretos, seguirán alegrando el exterior durante semanas.
© Adobe StockCrisantemo: el clásico del otoño
Pocas flores anuncian la llegada del otoño como el crisantemo. Sus flores pueden ser de muchos colores, como amarillo, blanco, rosa, rojo, púrpura y hasta tonos bronce, perfectos para crear todo tipo de composiciones. Además, hay muchas variedades: puedes encontrar crisantemos en formatos compactos para maceta o en variedades más altas para el jardín.
Colócalos en un lugar muy luminoso, con varias horas de sol suave al día. Necesitan un sustrato fértil que conserve cierta humedad, aunque conviene evitar los encharcamientos. Para alargar su floración, elimina las flores marchitas de vez en cuando. Si llega una noche fría, protege las macetas junto a una pared o bajo un porche… ¡notarás la diferencia!
© Markus Spiske / UnsplashÁster: pequeñas margaritas llenas de color
El áster aporta ese aspecto silvestre y delicado que tanto favorece a un jardín de otoño. Sus flores recuerdan a pequeñas margaritas y pueden ser de color violeta, azul, rosa o blanco, con un botón central amarillo. Es una planta estupenda para llenar huecos entre arbustos o para dar volumen a una bordura.
Entre los cuidados del áster, ten en cuenta que le gusta el sol, aunque en climas cálidos agradece algo de sombra durante las horas más fuertes. Riega cuando notes seca la capa superior de la tierra, sin mojar en exceso las hojas. Una buena circulación de aire ayuda a prevenir problemas de hongos. Cuando termine la floración, recorta los tallos secos para que rebrote con fuerza la próxima temporada.
© Ganna Zelinska / Adobe StockDalia: flores grandes hasta las primeras heladas
Si quieres una flor que se convierta en protagonista, apuesta por las dalias. En septiembre continúan ofreciendo flores grandes, geométricas y muy decorativas. Hay dalias en blanco, coral, burdeos, naranja, amarillo y rosa, además de ejemplares bicolores que realzan la belleza del jardín.
Necesitan sol directo para florecer bien, al menos seis horas diarias. El riego debe ser abundante y regular, especialmente si todavía hace calor, pero sin dejar agua acumulada bajo la maceta. Sus tallos altos suelen requerir tutores, sobre todo en zonas expuestas al viento.
© C Vanheest / UnsplashSedum de otoño: belleza resistente a la sequía
El sedum de otoño, hoy clasificado dentro del género Hylotelephium, es una apuesta muy práctica para quien no quiere depender del riego diario. Sus flores se agrupan en grandes ramilletes planos que cambian de rosa a rojo oscuro, cobrizo o granate según avanza la estación. Sus hojas carnosas también despiertan interés. Funciona de maravilla en jardines de bajo mantenimiento, rocallas y macetas con buen drenaje.
Dale sol abundante y un sustrato ligero, mezclado con arena o grava si tu tierra es compacta. Riega solo cuando el sustrato esté seco y recuerda que el exceso de agua es su principal enemigo. Sus inflorescencias secas siguen decorando durante el invierno, así que no tengas prisa por cortarlas.
© Hans / PixabayAnémona japonesa: elegancia en blanco y rosa
La anémona japonesa o japónica tiene una floración refinada, con tallos altos y flores que parecen moverse con la brisa. Durante septiembre ofrece pétalos blancos o rosas, a veces con un toque más intenso en el reverso. Es una planta ideal para dar profundidad a un macizo o para acompañar helechos, hostas y hortensias.
A diferencia de otras plantas que florecen en otoño, prefiere la semisombra y un suelo fresco. Procura que el terreno mantenga la humedad de forma constante, sin llegar a saturarse. Añadir compost o mantillo alrededor de la base ayudará a conservar el agua y proteger las raíces. Dale tiempo para establecerse: una vez asentada, cada año se verá más abundante.
© Adobe StockGaura: un efecto ligero hasta octubre
La gaura –también llamada flor de mariposa– aporta movimiento sin recargar el conjunto. Sus pequeñas flores blancas o rosadas son su mayor atractivo y, como salen al final de unas varas finas y flexibles, crean una nube ligera que decora el jardín hasta octubre. Queda preciosa entre gramíneas ornamentales, lavandas o salvias.
Para que se mantenga bonita, necesita pleno sol y una tierra que drene muy bien. Tolera bastante bien la sequía una vez arraigada, por lo que resulta adecuada para jardines con poco riego. Si recortas las varas que ya han terminado de florecer, animarás a la planta a producir nuevos botones.
© Devin Hott en PixabayEquinácea: color y vida para el jardín
En septiembre, la equinácea aún mantiene sus grandes flores tipo margarita, con un cono central muy marcado que atrae abejas y mariposas. Aunque la versión púrpura es la más conocida, también se puede encontrar en tonos blancos, amarillos, naranjas, rosas o rojos. Sus flores tienen una presencia muy natural y combinan especialmente bien con ásteres, verbena bonariensis y gramíneas.
Cultívala a pleno sol, en una zona abierta y con un suelo que no retenga demasiada agua. Es una vivaz resistente, pero agradecerá riegos moderados durante periodos secos prolongados. No cortes todas las cabezas marchitas al final de la temporada: sus semillas pueden servir de alimento a algunas aves. Es una forma sencilla de conseguir un jardín más vivo y con mayor interés durante el otoño.
© Sirin / Adobe StockSalvia ornamental: color intenso en septiembre
Muchas variedades de salvia ornamental siguen en flor al comenzar el otoño. Sus espigas verticales, en azul, violeta, rosa, rojo o blanco, crean un contraste muy favorecedor frente a flores redondas como dalias, heleniums o crisantemos.
La mayoría necesita mucho sol y un suelo suelto, mejor si no es excesivamente rico. Riega de manera moderada y deja secar ligeramente el sustrato entre riegos. Elimina las espigas secas justo por encima de un nudo con hojas para estimular una nueva tanda de flores. Si cultivas salvias en maceta, evita los recipientes sin agujero de drenaje: un detalle pequeño que puede arruinar la planta.
© Kerstin Riemer / PixabayVerbena bonariensis: altura y violeta al final del verano
La verbena bonariensis es una de las mejores plantas para prolongar el color del jardín cuando agosto queda atrás. Sus tallos altos y finos sostienen pequeñas inflorescencias violetas que parecen flotar sobre el resto de las plantas.
Busca un rincón soleado y deja espacio alrededor para que circule el aire. Tolera el calor y periodos de poca lluvia una vez está bien establecida, aunque crecerá mejor con riegos puntuales en sequías intensas. No hace falta abonarla en exceso; un suelo demasiado fértil puede hacer que desarrolle más hojas que flores. Si permites que algunas flores formen semilla, es habitual que aparezcan nuevas plantas la primavera siguiente.
© PixabayHelenio: la paleta más cálida del otoño
El helenio reúne los colores que mejor representan el cambio de estación: amarillo, naranja, rojo, cobre y tonos óxido. Sus flores, similares a margaritas con pétalos algo curvados, llenan de energía el jardín desde finales de verano y durante buena parte del otoño. Es una planta muy adecuada si quieres una transición natural entre las flores estivales y la decoración otoñal.
Necesita sol para producir abundantes flores y un suelo fértil que mantenga algo de humedad. En los días secos, riega a fondo una o dos veces por semana según la temperatura y el tipo de tierra.




