Frase del día

Blaise Pascal, matemático francés: "He descubierto que toda la desgracia de los hombres proviene de una sola cosa: no saber permanecer tranquilos en una habitación"


El científico y filósofo francés expresó en una de sus obras lo difícil que es para nosotros permanecer a solas con nuestros pensamientos y la psicóloga Violeta Acedo nos explica el origen de esta dificultad y cómo ponerle remedio poco a poco


Mujer tranquila mirando a cámara© Getty Images
27 de agosto de 2026 a las 13:05 CEST

Intenta parar un momento y hacer este ejercicio de memoria y de reflexión: ¿cuántas veces estuviste ayer sin hacer nada? No hablamos de tumbarte en el sofá bicheando los diferentes perfiles de Instagram, ni siquiera nos referimos a mantenerte al tanto de las últimas noticias. Estamos refiriéndonos a no hacer absolutamente nada. Probablemente, si lo piensas bien, no hubo un solo momento en el que estuviste a solas contigo misma

No es algo que te ocurra solo a ti. Es el precio que pagamos por vivir en una sociedad hiperestimulada. Pero tampoco hay que ser de esta era digital para experimentar esta sensación de no poder parar del todo. Hace varios siglos, hubo un científico francés que ya lo observó y reflexionó sobre ello. Fue Blaise Pascal y lo dejó escrito con esta famosa frase: "He descubierto que toda la desgracia de los hombres proviene de una sola cosa: no saber permanecer tranquilos en una habitación".

Mujer sola y pensativa en su habitación © Getty Images

Quién fue Blaise Pascal 

Blaise Pascal fue un matemático, físico, inventor, filósofo y pensador religioso francés, nacido en 1623 y fallecido en 1662, con solo 39 años. Está considerado una de las grandes figuras intelectuales del siglo XVII. Fue un niño prodigio y realizó importantes aportaciones a las matemáticas, especialmente a la geometría y la teoría de la probabilidad, además de estudiar la presión atmosférica y el vacío. En su honor, la unidad de presión del sistema internacional se denomina pascal (Pa).

Pero Pascal también dejó una importante obra filosófica. Sus reflexiones sobre la condición humana, la felicidad, el aburrimiento, la distracción, la fe y nuestra dificultad para enfrentarnos a nosotros mismos quedaron recogidas principalmente en Pensamientos (Pensées), una obra publicada después de su muerte a partir de sus escritos. De ahí procede su conocida reflexión sobre la incapacidad del ser humano para "permanecer tranquilo en una habitación", relacionada con su idea del divertissement: nuestra tendencia a mantenernos ocupados y distraídos para evitar enfrentarnos a determinadas inquietudes de nuestra existencia.

Mujer tranquila en el campo© Getty Images

¿Qué significa esta frase? 

Podemos extraer muchas interpretaciones de esta cita célebre del científico francés. Sin embargo, la psicología se queda con una: no sabemos estar solos con nuestros pensamientos. Necesitamos tener siempre ruido de fondo. El silencio nos abruma. Y el no hacer nada nos genera inquietud. De ahí que siempre estemos ocupados haciendo cualquier cosa antes de quedarnos quietos en 'nuestra habitación'. 

Asimismo, tampoco somos capaces de parar de verdad. Llenamos nuestra agenda de planes, incluso, en vacaciones. Y es que a veces confundimos estar ocupados con tener más valor. ¿Y qué opinan sobre ello los expertos? Para saber exactamente por qué nos cuesta tanto estar sin hacer nada, hablamos con la psicóloga Violeta Acedo. La experta nos cuenta, además, lo beneficioso que puede resultar para nuestra mente observar qué nos pasa por dentro. 

Mujer serena en un jardín© Getty Images

¿Por qué nos cuesta permanecer a solas con nosotros mismos?

Vivimos rodeados de estímulos y nos hemos acostumbrado a llenar cualquier momento vacío con el móvil, música, series, mensajes o planes. Como explica la psicóloga Violeta Acedo, cuando desaparecen esos estímulos "aparece algo que no siempre nos resulta cómodo: nuestros propios pensamientos". No significa que no sepamos estar solos, sino que hemos adquirido el hábito de reaccionar ante cualquier momento de vacío llenándolo inmediatamente con algo.

De hecho, Acedo recuerda un conocido experimento de Timothy Wilson en el que algunas personas prefirieron administrarse una pequeña descarga eléctrica antes que permanecer durante un tiempo a solas con sus pensamientos, un resultado que muestra hasta qué punto puede incomodarnos no tener ninguna distracción.

Mujer pelirroja columpiándose en el exterior © setactive

¿Qué ocurre cuando paramos y no hacemos absolutamente nada?

Pueden aparecer aburrimiento, inquietud, impaciencia e incluso culpa por pensar que deberíamos estar "aprovechando el tiempo". Pero también salen a la superficie problemas pendientes, conversaciones, decisiones que estamos evitando o cuestiones en las que llevábamos mucho tiempo sin detenernos.

Acedo señala además que muchas veces cuando decimos "no sé descansar", lo que realmente nos cuesta es tolerar el espacio que aparece cuando dejamos de distraernos y descubrir adónde nos lleva nuestra mente.

Además, hemos aprendido a relacionar estar ocupados con ser productivos, responsables e incluso valiosos. Por eso una agenda vacía puede generar culpa y llegamos a convertir las vacaciones en otra sucesión de viajes, reservas, visitas y actividades. Además, después de mucho tiempo funcionando en "modo tarea", también necesitamos un periodo de adaptación para aprender a parar.

Mujer haciendo yoga sentada y meditando© aloyoga

¿Cómo podemos aprender a parar de verdad?

Acedo propone empezar con apenas cinco o diez minutos sin móvil, televisión, música, libros ni ninguna otra distracción, simplemente observando qué aparece. El objetivo no es dejar la mente en blanco, sino aprender a no reaccionar automáticamente buscando un estímulo cada vez que aparece un momento vacío.

Con la práctica podemos aumentar nuestra tolerancia al aburrimiento, detectar mejor qué necesitamos y dejar espacio a pensamientos e ideas que habitualmente quedan ocultos entre una actividad y la siguiente. Como concluye Acedo: quizá lo que realmente nos cuesta no sea "estar sin hacer nada", sino estar a solas con nuestros propios pensamientos.