Frase del día

La reflexión de Meryl Streep sobre la productividad que nuestra coach aplaude: "Integra aquello en lo que crees en cada área de tu vida"


Hacer aquello en lo que crees puede ser mucho más productivo que tachar muchas tareas de tu agenda


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Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
24 de agosto de 2026 a las 13:03 CEST

A veces, el cansancio no llega porque tengamos demasiadas cosas que hacer, sino porque pasamos demasiado tiempo haciendo cosas que, en realidad, no queremos hacer. Decimos que sí cuando queremos decir que no, llenamos la agenda porque sentimos que deberíamos hacerlo y seguimos determinadas rutinas incluso cuando han dejado de tener sentido para nosotros. Meryl Streep pronunció una frase: "Integra aquello en lo que crees en cada área de tu vida", que invita, precisamente, a detenerse y revisar esa distancia entre lo que pensamos y la manera en la que vivimos.

Porque quizá la productividad no tenga tanto que ver con hacer más, sino con aprender a poner nuestra energía en aquello que de verdad importa. Es una idea que puede parecer sencilla, pero que, llevada a la práctica, obliga a hacerse algunas preguntas incómodas. ¿Estamos organizando nuestra vida de acuerdo con nuestras prioridades o simplemente repitiendo una forma de vivir que hemos aprendido? Para Teresa Herrero, coach transpersonal (@teresaherrero.coach), ahí está precisamente una de las claves. "Creo que muchas veces entendemos la productividad como la capacidad de hacer más, más rápido y durante más tiempo. Sin embargo, también podemos entenderla desde otro lugar, preguntándonos cuánta energía estamos gastando en cosas que realmente no están alineadas con nosotros".

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Quién es Meryl Streep

Meryl Streep es una actriz estadounidense considerada una de las intérpretes más importantes y prestigiosas de la historia del cine. Nació en 1949 en Nueva Jersey y comenzó su carrera profesional en el teatro antes de dar el salto a la gran pantalla. Su extraordinaria versatilidad y su capacidad para transformarse en personajes muy diferentes han marcado una trayectoria de más de cinco décadas.

Es la intérprete con más nominaciones a los Premios Oscar de la historia, con 21, y ha ganado tres estatuillas por Kramer contra Kramer, La decisión de Sophie y La dama de hierroTambién ha protagonizado películas tan populares como El diablo viste de Prada, Mamma Mia! o Los puentes de Madison, convirtiéndose en una de las actrices más reconocidas e influyentes de su generación.

Qué es la productividad

Durante años, estar ocupados se ha convertido casi en una forma de medir cuánto estamos avanzando. Agendas llenas, mensajes pendientes, reuniones, tareas y una lista interminable de cosas por hacer. Pero estar constantemente en movimiento no significa necesariamente estar llegando a alguna parte.  Puede que hayamos asociado el ser productivos a un concepto totalmente distinto, como señala la coach: "Hemos llegado a asociar estar ocupados con ser productivos". 

Bajo esta idea, la experta señala que la diferencia está en qué hacemos con nuestra energía y, sobre todo, en si aquello que hacemos tiene realmente sentido para nosotros. "Estar constantemente haciendo cosas no significa necesariamente estar avanzando. Una persona puede tener una agenda llena y, sin embargo, estar dedicando gran parte de su energía a tareas, compromisos o relaciones que no son prioritarias para ella. La productividad también tiene que ver con saber dónde poner nuestra energía y dónde dejar de ponerla", comenta.

Cuando existe una mayor conexión entre nuestras acciones y aquello que consideramos importante, la manera de afrontar el día también puede cambiar. Así lo explica Teresa Herrero: "Cuando nuestras acciones están alineadas con nuestros objetivos y nuestros valores, necesitamos menos energía para sostenerlas. Hay una sensación de coherencia interna que facilita la concentración, la motivación y la toma de decisiones".

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El desgaste de vivir en automático

Uno de los problemas es que muchas de nuestras decisiones dejan de ser decisiones. Respondemos que sí porque siempre lo hemos hecho, aceptamos planes porque pensamos que deberíamos acudir o contestamos inmediatamente un mensaje porque sentimos que estar disponibles es nuestra obligación. "Todo esto puede convertirse en un automatismo", comenta la especialista, indicando que, además, el coste de ese automatismo no siempre resulta evidente. Sin embargo, según explica la coach, existe un desgaste que aparece precisamente cuando nuestras acciones entran en conflicto con nuestras necesidades. "El problema es que cada vez que hacemos algo que va en contra de lo que necesitamos, estamos utilizando energía para sostener esa incongruencia. No siempre nos damos cuenta, pero ese pequeño “sí” que queríamos que fuera un “no” también desgasta".

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La importancia de saber decir 'no'

Aprender a poner límites suele asociarse al bienestar emocional o a la calidad de nuestras relaciones, pero también puede tener una dimensión mucho más práctica: cómo administramos nuestro tiempo. Cada sí ocupa un espacio que, inevitablemente, dejamos de dedicar a otra cosa. "Aquí creo que hay una relación muy interesante entre límites y productividad. Aprender a decir que 'no' no solo tiene que ver con cuidar nuestro bienestar o nuestras relaciones. También es una herramienta para gestionar mejor nuestro tiempo y nuestra energía", explica Teresa Herrero. 

Y esa relación entre el sí y el no es más importante de lo que parece. "Cada vez que decimos que sí a algo, estamos diciendo que no a otra cosa. El problema es que muchas veces no somos conscientes de ese intercambio. Decimos que 'sí' a una tarea (o un plan cuando estamos agotados) que no era prioritaria y, como consecuencia, decimos que 'no' a descansar, a concentrarnos en un proyecto importante o simplemente a tener tiempo para nosotros", comenta.

Por eso, poner límites no consiste únicamente en rechazar aquello que no queremos. También implica decidir qué merece ocupar nuestro tiempo, y, como indica la coach, "sobre todo, aprender a tolerar la incomodidad que a veces aparece cuando ponemos un límite".

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La congruencia: cuando lo que piensas y lo que haces dejan de enfrentarse

La frase de Meryl Streep adquiere aquí un significado especialmente interesante. Integrar aquello en lo que creemos no implica convertir nuestra vida en una representación perfecta de nuestros valores, sino intentar que exista una cierta correspondencia entre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos. "Para mí, esta es probablemente la idea central de la frase de Meryl Streep. La congruencia aparece cuando lo que pensamos, lo que sentimos, lo que decimos y lo que hacemos están razonablemente alineados (y esto es muy difícil). Para llegar aquí hay que hacer un trabajo de autoconocimiento e instrospección al que no todo el mundo está dispuesto", explica la especialista.

No se trata, por tanto, de cumplir siempre y en todo momento con aquello que creemos que deberíamos hacer. La vida también está llena de contradicciones, excepciones y días en los que simplemente no podemos actuar como querríamos. La coach pone varios ejemplos que permiten identificar esa distancia en situaciones cotidianas. "Cuando pienso 'necesito descansar', pero sigo llenando mi agenda; cuando pienso 'esto no quiero hacerlo', pero sigo diciendo que sí; cuando considero importante mi familia, pero nunca dejo espacio para ella. Ahí aparece una distancia entre lo que creo y cómo estoy viviendo. Y sostener esa distancia durante mucho tiempo genera desgaste". Una idea especialmente reveladora resume esa sensación, como explica la coach: "No siempre estamos cansados porque hacemos demasiado. A veces estamos cansados porque hacemos demasiado de aquello que no queremos hacer".

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Cuando nuestras prioridades están claras, tomar determinadas decisiones puede resultar menos agotador. No porque desaparezcan las obligaciones, sino porque dejamos de cuestionarnos constantemente si deberíamos estar haciendo otra cosa. Así sostiene la especialista esta idea: "Cuando existe mayor congruencia, tomar decisiones resulta más sencillo. Tenemos más claro qué queremos priorizar, qué podemos rechazar y dónde tiene sentido invertir nuestro tiempo".

Además, existe otro gasto energético que suele pasar desapercibido: el de la negociación interna. Ese diálogo constante que aparece cuando sabemos qué queremos hacer, pero sentimos que deberíamos hacer otra cosa. Ese “debería hacerlo”, “tendría que decir que sí”, “qué pensarán si no voy”, “no puedo dejar esto para mañana”.  "Toda esa conversación mental también consume recursos, explica Teresa Herrero, señalando que, "cuando sabemos cuáles son nuestras prioridades y actuamos de acuerdo con ellas, dejamos de dedicar tanta energía a decidir constantemente entre lo que queremos y lo que creemos que deberíamos hacer. Y eso puede tener un impacto directo en nuestra productividad".

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La pregunta que puede ayudarte a salir del piloto automático

No hace falta cambiar nuestra vida de arriba abajo para empezar a comprobar si estamos viviendo de acuerdo con aquello que pensamos. El primer paso puede pasar, simplemente, por observar las decisiones cotidianas y preguntarnos de dónde vienen: "Creo que una buena forma de empezar a salir de ese automatismo es hacernos preguntas". La experta propone las siguientes: "¿Esto lo estoy eligiendo o simplemente lo estoy repitiendo? ¿Estoy dedicando mi tiempo a lo que realmente considero importante? ¿Cuántos ‘síes’ estoy dando cuando en realidad quiero decir que no? ¿Qué cosas hago por obligación que podría replantearme? ¿Mi agenda refleja mis prioridades o las de los demás? ¿Estoy intentando ser productivo o simplemente estar ocupado? ¿Hay alguna parte de mi vida en la que sé perfectamente lo que necesito, pero no estoy actuando en consecuencia?".

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Integrar nuestros valores no significa cambiarlo todo

La frase de Meryl Streep puede entenderse, entonces, como una invitación a reducir la distancia entre la persona que queremos ser y la vida que estamos llevando. No exige decisiones radicales ni una transformación inmediata. Puede empezar con un límite, una renuncia o incluso con el permiso para parar. "Creo que ahí está el verdadero mensaje de esta frase, en integrar aquello en lo que creemos no significa transformar nuestra vida de un día para otro. Significa empezar a tomar pequeñas decisiones que sean coherentes con nosotros", comenta Teresa Herrero, indicando que esas decisiones pueden adoptar formas muy distintas. "A veces será decir que no. Otras, dejar de hacer algo por puro automatismo, otras, cambiar la manera de trabajar. Y otras, simplemente permitirnos parar",

Quizá esa sea también una manera más amable de entender la productividad. No como una carrera para llenar cada hora del día, sino como una forma de utilizar nuestros recursos sin estar permanentemente en conflicto con nosotros mismos. Y, al final, quizá la pregunta no sea cuánto somos capaces de hacer en un día, sino si todo aquello que hacemos nos está acercando a la vida que queremos construir. Como concluye la coach: "Y quizá ahí esté una de las claves para sentir que no solo estamos haciendo muchas cosas, sino que estamos construyendo una vida que realmente tiene sentido para nosotros".