Todos hemos pensado alguna vez que deberíamos haber empezado antes. A hacer ejercicio, a ahorrar, a aprender un idioma, a cuidar una relación o a poner en marcha ese proyecto que llevamos años posponiendo. Miramos atrás y pensamos en todo lo que habríamos conseguido si hubiésemos dado el primer paso entonces. Sin embargo, mientras lamentamos el tiempo perdido, podemos seguir perdiendo el que tenemos ahora.
Esa es la enseñanza que encierra el conocido proverbio: "El mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años. El segundo mejor momento es ahora", habitualmente presentada como un proverbio chino, aunque su origen exacto no está suficientemente documentado.
La imagen es sencilla, pero su mensaje tiene mucho que ver con una recomendación habitual de la psicología: aprender a vivir más en el presente.
El significado profundo de este proverbio
Si hubiésemos plantado un árbol hace veinte años, probablemente hoy podríamos disfrutar de su sombra o de sus frutos. Pero no haberlo hecho entonces no significa que ahora sea inútil plantarlo.
Llevado a nuestra vida, ese árbol puede ser prácticamente cualquier cosa que hemos ido dejando para después. La frase no nos invita a ignorar el pasado, sino a no permitir que el arrepentimiento nos impida actuar en el presente. No podemos volver atrás y tomar otra decisión, pero sí elegir qué hacemos hoy.
Qué significa realmente vivir el presente
"Vivir el presente significa aprender a conectar de verdad con lo que está ocurriendo aquí y ahora, en lugar de pasar la vida atrapados entre la preocupación por el futuro y el peso del pasado", explica la psicóloga Lara Ferreiro.
Y no se trata simplemente de "disfrutar el momento". La experta habla de abandonar el "piloto automático" y experimentar lo que sucede con mayor conciencia, calma y presencia emocional.
Porque nuestro cuerpo puede estar aquí mientras nuestra cabeza está en otro lugar. "Estamos cenando pensando en el trabajo de mañana, hablando con alguien mientras revisamos mentalmente preocupaciones o incluso viviendo momentos felices con miedo a que se terminen", ejemplifica.
Eso tampoco significa olvidarnos del futuro. Podemos tener proyectos, responsabilidades y objetivos. Para Ferreiro, se trata de encontrar "un equilibrio entre prepararse para la vida y, al mismo tiempo, permitirse vivirla".
¿Por qué nunca es tarde para plantar un árbol?
Empezar un proyecto que siempre has deseado no es una cuestión de cronología, sino de madurez vital. Por ejemplo, Elsa Punset, en Alas para volar, nos invita a entender que la "segunda mitad de la vida" es el momento en que dejamos de actuar por inercia y empezamos a elegir conscientemente, alejándonos de lo que se espera de nosotros para abrazar lo que realmente somos y queremos.
Emprender algo nuevo, sin importar cuándo, es un ejercicio de resiliencia y amor propio: implica soltar lo que nos encadena, cultivar la paciencia y atreverse a imaginar una realidad distinta. Al final, la edad es solo un dato, mientras que la capacidad de volver a empezar es el mayor acto de lealtad hacia uno mismo.
Cómo aprender a vivir más en el aquí y ahora
Estar presentes es algo que podemos entrenar. Ferreiro recomienda practicar mindfulness o atención plena, prestando conscientemente atención a aquello que hacemos, pero también propone gestos mucho más cotidianos.
Uno de ellos es bajar el ritmo: comer sin prisas, caminar sin mirar continuamente el móvil, conversar prestando atención o introducir pequeñas pausas durante el día. También aconseja limitar la sobreexposición a pantallas y redes sociales, descansar adecuadamente y conectar con el cuerpo caminando, haciendo ejercicio, respirando conscientemente, bailando o practicando yoga.
Incluso cocinar despacio, cuidar plantas, escribir a mano o tomar un café tranquilamente pueden convertirse en ejercicios de presencia.
Y hay otra recomendación que conecta especialmente bien con el proverbio: celebrar los pequeños avances. Mirar constantemente dónde creemos que deberíamos estar puede impedirnos reconocer que ya estamos avanzando.
Porque el mensaje de la frase no consiste en recuperar los veinte años que hemos perdido. Es mucho más práctico: quizá hubiera sido mejor empezar ayer, pero lamentarlo no planta el árbol. Empezar hoy, sí. Por eso, ahora que llega septiembre, no tengas miedo de empezar aquello que te apetecía. Nunca es tarde ni demasiado viejo para volver a aprender.









