Familia

Dr. Pedro López, psiquiatra: "Los niños y adolescentes rara vez dicen 'necesito tu atención'; lo expresan a través de su comportamiento"


El doctor explica a los padres cómo aprovechar lo que queda del verano para fortalecer vínculos familiares


Dr. Pedro López, especialista en Psiquiatría del Hospital Universitario Vithas Las Palmas© Hospital Universitario Vithas Las Palmas
21 de agosto de 2026 a las 7:33 CEST

El verano ofrece una oportunidad única para revisar dinámicas familiares y reforzar el vínculo con los hijos, ya sean pequeños o adolescentes. Es un tiempo más lento, menos marcado por horarios y obligaciones, que permite mirar de frente aquello que durante el curso escolar queda tapado por las prisas: distancias emocionales, tensiones acumuladas o conductas que han desgastado la convivencia.

Pero no basta con "pasar más tiempo juntos". Cuando el año ha estado dominado por rutinas exigentes o por comportamientos difíciles, es necesario algo más que compartir espacio: hace falta intención, escucha y ciertos ajustes en la manera de relacionarse. ¿Cómo recuperar la sintonía cuando parece haberse perdido? Y si esa buena relación ya existe, ¿cómo fortalecerla para que el verano se convierta en un periodo de conexión real y no solo de coexistencia?

El Dr. Pedro López, especialista en Psiquiatría del Hospital Universitario Vithas Las Palmas, ofrece claves claras para lograrlo y aprovechar estos meses como una verdadera inversión en el vínculo entre padres e hijos.

La clave no es llenar la agenda de planes costosos, sino ofrecer presencia plena.

Dr. Pedro López, especialista en Psiquiatría del Hospital Universitario Vithas Las Palmas

¿Cómo aprovechar el verano para fortalecer vínculos familiares?

El verano nos regala algo de lo que carecemos el resto del año: flexibilidad y tiempo no estructurado. Para fortalecer vínculos, lo principal es cambiar el chip del "hacer" (rutinas, deberes, prisas) al "ser" y "estar". Se trata de aprovechar la bajada de revoluciones para compartir experiencias sencillas (cocinar, juegos de mesa, salir a jugar al exterior), reír juntos y crear recuerdos significativos sin la presión del reloj.

¿De qué manera pueden los padres darse cuenta de que su hijo necesita más presencia emocional por su parte?

Los niños y adolescentes rara vez dicen "necesito tu atención de calidad"; lo expresan a través de su comportamiento. Las señales más comunes son:

· Cambios en la conducta: irritabilidad, llamadas de atención desproporcionadas o conductas regresivas (actitudes más infantiles) en los más pequeños.

· Aislamiento: encerrarse en su habitación o refugiarse de forma compulsiva en las pantallas.

· Quejas somáticas: dolores de tripa o de cabeza sin causa identificable.

· Búsqueda constante de validación o conflicto: provocar discusiones suele ser, paradójicamente, una forma desesperada de buscar conexión.

¿Cómo solucionarlo en verano?

La clave no es llenar la agenda de planes costosos, sino ofrecer presencia plena.

· Crear "micro-momentos" de exclusividad: dedicar aunque sea 15 o 20 minutos al día a solas con cada hijo, haciendo lo que a ellos les apasione.

· Practicar la escucha activa: escuchar sin juzgar, sin corregir y sin dar consejos no solicitados.

· Validar sus emociones: permitir que expresen si están aburridos, tristes o enfadados, ofreciéndoles un espacio seguro para acompañarlos.

Niña feliz en verano© Getty Images

A veces es difícil porque los padres deben seguir trabajando durante gran parte de las vacaciones estivales de los hijos; ¿cómo fortalecer el vínculo en estos casos?

Lo importante no es la cantidad de tiempo, sino la calidad de la presencia.

· Rituales diarios: crear pequeños hábitos veraniegos al terminar la jornada laboral (un helado a última hora de la tarde, un baño rápido en la piscina, o leer juntos antes de dormir).

· Estar presentes cuando se está: apagar las notificaciones del trabajo al llegar a casa para que los hijos sientan que ese tiempo es 100% para ellos.

· Involucrarlos en la organización: planificar juntos lo que se hará durante el fin de semana genera ilusión compartida.

¿Qué tipo de actividades compartidas favorecen más la comunicación entre padres e hijos de distintas edades?

Las mejores actividades son aquellas donde el objetivo no es ganar ni rendir, sino cooperar y disfrutar:

· Juegos de mesa estratégicos o cooperativos: ideales para fomentar la risa y el diálogo.

· Cocinar o hacer manualidades juntos: trabajar con las manos relaja la tensión y facilita conversaciones espontáneas.

· Actividades en la naturaleza: senderismo, playa o camping. El entorno natural reduce el estrés y abre espacio para la confidencia.

· Proyectos familiares: pintar un mural, organizar un álbum de fotos del año o preparar un corto en vídeo familiar.

Con los adolescentes, la prohibición tajante suele generar rechazo y secretismo.

Dr. Pedro López, especialista en Psiquiatría del Hospital Universitario Vithas Las Palmas

¿Qué papel juega la reducción de pantallas en la mejora del vínculo familiar durante el verano?

Un papel protagonista. Las pantallas actúan como "anestésicos" de la convivencia: eliminan el aburrimiento (que es la cuna de la creatividad) y reducen el tiempo de interacción cara a cara. Al reducir la sobreestimulación digital, resurgen la mirada, el lenguaje no verbal, el aburrimiento compartido y las conversaciones improvisadas, que son la verdadera masa madre de las relaciones profundas.

¿Qué hacer para reducirlas cuando parece que los hijos solo quieren estar ante el móvil, la tablet o la televisión?

· Sustituir en lugar de solo prohibir: no basta con quitar la pantalla; hay que ofrecer alternativas atractivas y, sobre todo, acompañamiento.

· Pactar los momentos "libres de tecnología": acordar en familia que las comidas, las excursiones o la hora previa a dormir están exentas de pantallas (y esto aplica también a los adultos).

· Dar el ejemplo: los padres son el espejo. Si nos ven pegados al móvil en nuestro tiempo libre, perderemos autoridad moral para exigirles lo contrario.

A veces, es más difícil conseguir establecer esos límites con adolescentes, para quienes las redes sociales son una vía esencial para seguir conectados con sus amigos y su entorno de iguales; ¿qué tener en cuenta con ellos al respecto?

Con los adolescentes, la prohibición tajante suele generar rechazo y secretismo.

· Empatía y negociación: hay que entender que para ellos la reconexión social es una necesidad evolutiva real. El límite debe negociarse ("Entiendo que quieras hablar con tus amigos, acordemos en qué momentos lo harás e integrémoslo en el día").

· Límites con sentido: explicar el porqué de las normas (descanso, salud mental, convivencia) en lugar del "porque lo digo yo".

· Respetar sus espacios de intimidad, acordando franjas horarias de desconexión nocturna o familiar.

Siguiendo con los adolescentes, en muchos casos, parece que les cuesta comunicarse con su familia, especialmente con sus padres; ¿cómo fortalecer el vínculo con ellos?

El error común es someterlos a un "interrogatorio". Para conectar con un adolescente:

· Aprovecha los trayectos o momentos paralelos: hablar mientras se conduce o se camina lado a lado genera menos presión que mirarse fijamente frente a frente.

· Interésate genuinamente por su mundo: pregúntale sobre su música, sus videojuegos o sus creadores de contenido favoritos sin emitir juicios de valor.

· Muestra vulnerabilidad: comparte tus propios recuerdos de la adolescencia, tus dudas o tus fallos; esto te humaniza y los acerca a ti.

Familia feliz en la playa© Getty Images

¿Qué es lo que no debe faltar en el tiempo en familia para fortalecer el vínculo entre padres e hijos y hermanos?

No deben faltar tres ingredientes esenciales:

· Sentido del humor y risas: la capacidad de reírse juntos (e incluso de uno mismo) desactiva tensiones acumuladas.

· Afecto explícito: abrazos, miradas de complicidad, gestos cariñosos y palabras de reconocimiento ("qué bien lo hemos pasado hoy contigo").

· Paciencia y flexibilidad: aceptar que no todo saldrá perfecto, que habrá rabietas o malos modos ocasionales, y que lo importante es mantener el clima cálido y de aceptación incondicional.