La dopamina es un neurotransmisor y, por tanto, es necesaria para el cerebro, tanto el de los adultos como para el cerebro infantil y adolescente. Es clave para el aprendizaje, para la memoria, para la motivación y normalmente se asocia a la felicidad y, hasta hace muy poco tiempo, se creía que cuanta más dopamina teníamos, más felices éramos y más placer sentíamos. "Pero, en realidad, eso es incorrecto", nos asegura Michaeleen Doucleff, doctora en Química por la Universidad de California y periodista científica, quien nos explica que la neurociencia de los últimos 10 ó 20 años ofrece una perspectiva muy distinta: la dopamina genera la sensación de querer, de deseo o de anhelo, nos impulsa hacia ciertas cosas y nos lleva a repetirlas una y otra vez; "actúa, por así decirlo, como un botón de 'repetir' en el cerebro".
"Comprender esta diferencia es clave para la crianza en la era moderna, ya que la dopamina puede llevarnos a realizar actividades o consumir alimentos que, en realidad, nos hacen sentir mal y nos privan del placer", advierte. Hemos hablado con ella con motivo de la publicación de su último libro, que tiene un título muy significativo: Niños dopamina. Un plan basado en la ciencia para reconfigurar el cerebro de tus hijos y recuperar la armonía familiar en la era de las pantallas y los ultraprocesados (Diana Editorial). Pero… ¿quiénes son los niños dopamina?
Por primera vez en la historia, los niños están rodeados de productos, aplicaciones, dispositivos y alimentos ultraprocesados diseñados y creados intencionadamente para fomentar un uso excesivo
La generación de los ‘niños dopamina’
Los niños dopamina no son un grupo aislado o concreto de niños, sino que es una descripción de toda una generación de menores de edad que comparte una serie de características en común. Son niños que están expuestos constantemente y casi desde que nacen a "picos de dopamina" que los atrae hacia el consumo compulsivo y a las pantallas, que está acostumbrados a desear más y más y a no sentirse nunca satisfechos, según la autora. Son estímulos que están en todas partes (en casa, en la calle o incluso en el centro escolar) y, como ha demostrado la neurociencia, esos estímulos moldean hábitos, decisiones y estados de ánimo.
"La cuestión es que, como padres, nos encontramos en terreno desconocido", nos comenta Michaeleen Doucleff. "Estamos criando a nuestros hijos en un mundo al que ninguna otra generación tuvo que enfrentarse, ya que, por primera vez en la historia, los niños están rodeados de productos, aplicaciones, dispositivos y alimentos ultraprocesados diseñados y creados intencionadamente para fomentar un uso excesivo; aplicaciones hechas a propósito para que los niños las utilicen las 24 horas del día y alimentos elaborados específicamente para que los niños coman en exceso. ¿El resultado? Observamos más ansiedad, más agitación, menor confianza, menor capacidad de concentración y una menor habilidad para mantener la atención", sentencia. "Y no es culpa nuestra como padres. El problema no radica en la falta de esfuerzo o de intentos por solucionarlo; el problema es que no hemos recibido buenos consejos, recomendaciones que realmente funcionen frente a estos productos".
La doctora considera que comprender lo que es realmente la dopamina y cómo funciona en el cerebro humano es clave para la crianza en la era moderna, ya que la dopamina puede llevarnos a realizar actividades o consumir alimentos que, en realidad, nos hacen sentir mal y nos privan del placer.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, hay que saber también que limitar el uso de pantallas y el consumo de alimentos ultraprocesados no consiste en privar a los niños de placer, sino en recuperarlo, aportando más alegría y felicidad a sus vidas. Doucleff porne como ejemplo de esto a los adolescentes y su relación con las redes sociales. La mayoría las utilizan para sentir que pertenecen a un grupo y para conectar con los demás y, sin embargo, con el tiempo, estas aplicaciones pueden hacer que se sientan más solos y, aun así, sigan queriendo usarlas. "Pero aquí está la buena noticia: el sistema de dopamina es realmente flexible y, como padres, podemos sustituir las pantallas o los alimentos ultraprocesados e introducir en ese sistema cualquier cosa que realmente deseemos". En definitiva, "podemos entrenar el cerebro de los niños para que busquen y elijan actividades que les hagan sentir bien después, que los nutran, los sacien y les brinden satisfacción".
¿Cómo entrenar el cerebro de los niños?
Cuando preguntamos a Doucleff si se puede reprogramar el cerebro de un niño acostumbrado a una estimulación excesiva de dopamina, nos responde, con contundencia, que por supuesto que sí. “El cerebro de los niños es muy flexible: puede reprogramarse en cuestión de días”.
Dado que, como ella dice, el sistema de dopamina es, en esencia, el botón de 'repetir' de nuestro cerebro, podemos sustituir las pantallas o los alimentos ultraprocesados por prácticamente cualquier otra actividad que queramos. "La clave está en crear momentos y espacios en la vida del niño donde la opción desconectada sea la única posible, y donde los alimentos naturales o mínimamente procesados sean los únicos disponibles", propone. "No basta con decir 'hoy no hay iPad' y guardar el aparato en un cajón o en un sitio donde el niño sepa que está; hay que hacer que el dispositivo —o los alimentos ultraprocesados— desaparezcan por completo. El niño debe creer realmente que ya no es una opción, que no están disponibles en absoluto".
Podemos entrenar el cerebro de los niños para que busquen y elijan actividades que les hagan sentir bien después, que los nutran, los sacien y les brinden satisfacción
Y nos pone un ejemplo vivido por ella, con su familia: "En una ocasión, mi esposo y yo decidimos que, después de cenar, no habría más pantalla y que mi hija no vería YouTube ni jugaría con el iPad; íbamos a eliminarlo todo. Así que, antes de la cena, recorrí la casa recogiendo todos los dispositivos y los escondí en un lugar donde sabía que ella jamás los encontraría y donde a mí me daría vergüenza ir a buscarlos: los escondí en la secadora. Luego le dije a mi hija: 'Vamos a hacer una pausa con las pantallas, pero te voy a enseñar a hacer algo que te mueres de ganas de hacer': ir sola en bicicleta al mercado a comprar algo".
De este modo, la madre no le estaba diciendo simplemente "nada de pantallas" sin más (algo que, en la práctica, es sinónimo de "vete a tu habitación a aburrirte", como comenta la autora), sino que le estaba ofreciendo una alternativa. Y no una cualquiera, sino una mejor y mucho más atractiva para su hija.
"Con el tiempo, el niño crea conexiones cerebrales que hacen que realmente desee la actividad analógica y se entusiasme con ella". Como vemos, "es totalmente posible reprogramar el cerebro de tu hijo, pero hay que seguir los pasos adecuados".
Otro aspecto importante para Michaeleen Doucleff es el de hacer cambios muy pequeños y lograr que sean permanentes. "La psicología conductual nos indica que no funciona intentar realizar cambios drásticos y radicales en nuestras vidas; por ejemplo, proponernos pasar 30 días sin pantallas o estar un mes entero sin consumir alimentos ultraprocesados". Eso no funciona porque al final los antiguos hábitos regresan. Ella ve que, en lo que a las pantallas se refiere, un buen punto de partida es eliminarlas del coche, del tren o de los trayectos diarios al salir de casa.
"Ningún niño necesita una pantalla mientras viaja en coche o en tren; sustitúyela por otra actividad divertida que a tu hijo le apetezca hacer: tal vez un libro de pasatiempos, un libro de lectura, una novela gráfica, un diario o hacer pulseras", nos dice. "Haz que sea un cambio permanente para que la pantalla no vuelva a aparecer en esos trayectos. Así reprogramarás su cerebro para que busquen actividades sin pantallas cuando se aburran, siempre que el cambio se mantenga de forma permanente".






