Madrid, Turín, Milán, Estambul, la ciudad de Como… y ahora, de nuevo, Madrid. Con su fichaje por el Club Deportivo Leganés, Álvaro Morata suma otra mudanza a una lista que no ha dejado de crecer desde 2018, año en el que su mujer, Alice Campello, dio a luz a los mellizos Alessandro y Leonardo. Desde entonces, los cambios de país, de casa y de entorno han sido casi constantes. Y, cuando hay niños, cada traslado implica mucho más: nuevo colegio, nuevos amigos, nuevas rutinas... El futbolista y Alice Campello han afrontado este ir y venir con sus cuatro hijos —Alessandro, Leonardo, Edoardo (nacido en 2020) y la pequeña Bella (en 2022)— intentando que cada cambio sea lo menos brusco posible. Pero ¿cómo vive cualquier niño tantas mudanzas? ¿Qué efectos tiene en su bienestar emocional y en su día a día?
Para entenderlo, hablamos con Noelia Bascuas, psicóloga general sanitaria con amplia experiencia en infancia y adolescencia y profesora en la plataforma TusClasesParticulares. Ella nos detalla los pros y los contras de crecer entre ciudades y países, y explica cómo acompañar a los hijos para que ese movimiento constante no solo les resulte llevadero, sino que incluso pueda convertirse en una experiencia enriquecedora.
Para un niño, la sensación de hogar tiene mucho que ver con la estabilidad afectiva y las rutinas, no solo con el espacio físico
Álvaro Morata ha cambiado varias veces de equipo, todos de países diferentes, lo que ha supuesto mudarse con su mujer y sus hijos. ¿Qué implican este tipo de cambios para los niños pequeños?
Para un niño pequeño, una mudanza supone mucho más que cambiar de casa: implica despedirse de un entorno conocido, adaptarse a nuevas rutinas, colegio, idioma y relaciones. Al mismo tiempo, también puede ser una experiencia enriquecedora si se vive con acompañamiento y seguridad familiar.
¿Cómo les afecta cuando las mudanzas son habituales, como en el caso de Morata? ¿Les puede generar cierta sensación de inestabilidad o falta de arraigo?
Sí, cuando los cambios son muy frecuentes pueden generar cierta sensación de falta de estabilidad o de arraigo. Sin embargo, lo que más influye no es tanto el número de mudanzas como la manera en que el niño las vive. Si percibe que su familia es un lugar estable y predecible, puede desarrollar una buena capacidad de adaptación. Si la familia es estable emocionalmente, el niño puede sentirse seguro aunque cambie de país.
¿Qué hacer para evitar esas sensaciones?
Es importante anticipar los cambios, escuchar sus emociones y permitir que participe en pequeñas decisiones. También ayuda mantener algunas rutinas, objetos y costumbres que le resulten familiares. El mensaje fundamental es: "aunque cambie el lugar, tú sigues teniendo un hogar y unas personas de referencia".
¿Qué factores hacen que algunos niños se adapten mejor que otros a estos cambios constantes?
Influyen mucho el temperamento del niño, su edad, sus experiencias previas y su capacidad para gestionar los cambios. También son fundamentales el apoyo familiar, la estabilidad emocional de los padres y que el nuevo entorno facilite una integración positiva.
¿Cómo les pueden afectar esos cambios a las relaciones de amistad que empiezan a establecer?
Las despedidas repetidas pueden resultar difíciles, especialmente cuando empiezan a crear vínculos importantes. Algunos niños pueden experimentar tristeza o frustración. Pero también pueden aprender que las relaciones pueden mantenerse a pesar de la distancia y desarrollar habilidades sociales y de adaptación, a la vez que crear nuevos vínculos.
¿Son niños más abiertos y extrovertidos o, por el contrario, tanto cambio puede generar en ellos más introversión o más miedo a coger cariño a otros niños? ¿Por qué?
No existe una única respuesta que sirva en general. Algunos niños se vuelven más abiertos porque están acostumbrados a conocer personas y entornos nuevos; otros pueden protegerse emocionalmente para evitar el sufrimiento de nuevas despedidas. Depende mucho de su personalidad y de cómo hayan vivido los cambios anteriores.
¿Qué dificultades suelen aparecer al integrarse en un nuevo colegio y cómo pueden los padres anticiparlas?
Pueden aparecer dificultades para hacer amigos, adaptarse a nuevas normas, metodologías o incluso a otro idioma. Los padres pueden anticiparlas hablando previamente de cómo será el colegio, visitándolo si es posible y transmitiendo expectativas realistas: no es necesario que todo sea perfecto desde el primer día.
Para un niño pequeño, una mudanza supone mucho más que cambiar de casa: implica despedirse de un entorno conocido, adaptarse a nuevas rutinas, colegio, idioma y relaciones
¿Qué comportamientos pueden indicar que el niño está saturado por tantos cambios?
Hay que prestar atención a cambios persistentes en su comportamiento: irritabilidad, tristeza, problemas de sueño, mayor dependencia de los padres, dificultades escolares, aislamiento o regresiones en conductas que ya tenía superadas. Lo importante es observar cambios respecto a cómo era habitualmente.
¿Qué deberían explicar los padres antes de una mudanza para reducir la ansiedad del niño?
Conviene explicarle con claridad qué va a ocurrir, por qué se produce el cambio y qué cosas permanecerán igual. Es importante no minimizar sus emociones y darle espacio para expresar sus miedos o dudas. La información adaptada a su edad reduce mucho la incertidumbre.
¿Qué rutinas ayudan a crear sensación de hogar aunque el lugar físico cambie?
Mantener horarios similares para dormir, comer, jugar o hacer actividades en familia ayuda mucho. También es positivo conservar objetos significativos, rituales familiares y pequeños momentos compartidos. Para un niño, la sensación de hogar tiene mucho que ver con la estabilidad afectiva y las rutinas, no solo con el espacio físico.






