Málaga estaba a 27 grados, pero la temperatura de la noche prometía subir bastante más. Era 10 de septiembre y, mientras la rutina intentaba volver a hacerse con la ciudad, en pleno Paseo de Reding, en el barrio de La Malagueta, los flashes se adelantaban al otoño para celebrar una de las inauguraciones más esperadas: la del nuevo Áurea Palacio de la Tinta. Un cinco estrellas dispuesto a escribir un nuevo capítulo en un edificio que ya tiene mucha historia a sus espaldas: nació ligado al ferrocarril en el siglo XIX y ahora cambia los raíles por suites, gastronomía, arte y (mucho) lujo.
El nuevo hotel se incorpora a la colección Áurea Hotels, la marca de hoteles de autor de Eurostars Hotel Company, y lo hace con una carta de presentación muy malagueña: patrimonio, diseño, gastronomía, bienestar y arte inspirado en Picasso, aquel niño que nació en esta misma ciudad y que acabaría convirtiéndose en uno de sus malagueños más universales.
El evento empezaba a las 20 h, pero las celebridades más VIP habían llegado ya a las 18 h para, nunca mejor dicho, pasar por chapa y pintura y ponerse en manos de los maquilladores, que las recibían con una lustrosa sonrisa. La primera en llegar fue Lourdes Montes, recién llegada de Ronda, y también la primera en sentarse en el peggy sage, el sillón de maquillaje. Después fue el turno de la modelo Helen Lindes: “No sé si hacerme como un tirabuzón”, decía.
La modelo se había cortado el pelo -flequillo incluido- un par de días antes y todavía no acababa de verse, o, mejor dicho, de acostumbrarse a esa nueva imagen. Lindes fue la primera en posar.
Y no, no era una visita cualquiera. La modelo regresaba a Málaga, pero no a una ciudad cualquiera: volvía al lugar donde, veintiséis años atrás, su vida daba un giro de 180 grados al ser coronada Miss España. Un título que, como ella misma reconoce, fue mucho más que una corona: “Volver me trae muy buenos recuerdos, esto me catapultó a la fama, a estar en boca de todo el mundo. Aquí en Málaga fue dónde pasó y lo recuerdo con cariño”.
Desde entonces, Málaga tampoco le es una desconocida. “Conozco Málaga también porque mi cuñada vive aquí y hemos venido de vacaciones. He pasado mucho tiempo aquí y la he visto crecer y cómo se ha abierto más a un turismo de calidad y de lujo. Soy fan de su gastronomía, de la gente, que es súper abierta, y del clima, que es un poco parecido al de Canarias: siempre hace bueno, hace sol y se puede ir a dar un paseo por la playa”, aseguraba.
Pero si había una pregunta con la que ponerla frente al espejo era esta: ¿quién ha cambiado más, Málaga o ella? Helen no escatimaba en sinceridad. “Yo espero no haber cambiado tanto. En algunos aspectos sigo siendo una niña inocente, curiosa, con muchas ganas de aprender, pero en el fondo sé que la maternidad me ha cambiado muchísimo. Soy una persona muy diferente a esa Helen soltera, sin preocupaciones, viajando por todo el mundo, a esta Helen de hoy en día: casada, con hijos, estable. Me gusto más ahora, en esta versión más segura de mí misma”, manifestaba.
Mientras tanto, Lourdes Montes aprovechaba los grandes espejos del espectacular baño para hacerse su propia sesión fotográfica con el teléfono. Porque si hay un espejo bonito, también hay que sacarle partido.
Cuando le preguntamos por su rincón favorito, la respuesta llegaba casi sin pensarlo. “Uy, qué difícil”, aunque la duda le duraba apenas un par de segundos: “Los baños me parecen que son preciosos y súper cuidados y los pasillos de los hoteles, que suelen ser tan fríos, este tiene una iluminación preciosa, el papel lo hace muy acogedor. También el ascensor, que creo que es recuperado del edificio original”, enfatizaba Montes.
A los pocos minutos hacía su entrada Francisco Rivera y, antes incluso de llegar al photocall, ya había quedado claro que el hotel le había hecho ojitos. Desde que puso un pie en la alfombra roja -esa especie de pasarela que hacía de puente entre la calle y el interior del Palacio de la Tinta- no dejó de mirar a su alrededor. Su cara lo decía todo: había flechazo.
Y no era para menos. Francisco es de los que se fijan en los detalles, incluso en esos que suelen pasar desapercibidos, y este hotel parecía haberle ganado precisamente por ahí. “Cuando entras, te sorprende; es un hotel que no te esperas ni en Málaga ni en ningún otro sitio. A mí me ha encantado, sobre todo la cantidad de detalles que tiene y cómo los cuidan. Yo me fijo mucho en las cosas que nadie se fija, no sé por qué, pero es verdad que en este hotel tienen todos los detalles tan cuidados… Aparte de cómo te cuidan. El personal es excepcional. Doy la enhorabuena”, decía.
“Cuando entras, te sorprende; es un hotel que no te esperas ni en Málaga ni en ningún otro sitio. Yo me fijo mucho en las cosas que nadie se fija, no sé por qué, pero es verdad que en este hotel tienen todos los detalles tan cuidados… Aparte de cómo te cuidan. El personal es excepcional. Doy la enhorabuena”, decía Francisco Rivera
Pero si hay algo que puede competir con un hotel recién estrenado es una ciudad con la que se tienen tantos recuerdos. Y Málaga, para Francisco, juega con ventaja. “Málaga es una ciudad que me encanta de siempre, aquí tengo grandes amigos y luego, como torero, ha sido de mis plazas bonitas de torear. También fui empresario de la plaza de toros y toro que no había estudiado en la universidad, lo aprendí aquí. Tengo recuerdos duros y muy bonitos. Pero sí, es una ciudad que me llega. Me llega mucho”, se abría.
Acto seguido, llegaba el turno de Lourdes, su mujer, y Francisco Rivera. Ella, vestida de blanco; él, de traje. Juntos parecían recién salidos de una tarta nupcial, aunque, en su caso, los novios ya llevan unas cuantas celebraciones a sus espaldas: el próximo 14 de septiembre cumplen dieciséis años de casados. Y, entre flash y flash, el torero se comía a besos a su mujer.
“No tengo la sensación de que hayan pasado dieciséis años, tenemos esa sensación de que siempre tienes esa ilusión por hacer cosas, por estar juntos, eso no lo hemos perdido”, manifestaba Lourdes.
Y parece que el secreto, después de tres hijos -Carmen, de 11 años; Curro, de 7, y Nicolás, de 1-, está en no dejar que la rutina se cuele demasiado en la relación. “E intentamos fugarnos los dos juntos solos por lo menos una vez al mes. Nos dio este consejo Risto Mejide. Nos dijo: ‘Tenéis que escaparos un fin de semana los dos, por lo menos uno cada dos meses”, añadía Rivera. ¿Y lo cumplen a rajatabla? La respuesta de Francisco no dejaba lugar a dudas: “A rajatabla”, aseguraba el exnovillero.
Remedios Cervantes, otra de las VIP del evento y amiga del torero desde hace más de treinta años, cuando ella presentaba El Camarote (1995), el conocido espacio de entretenimiento de Canal Sur Televisión, y él fue invitado. “Vinieron dos novilleros, uno Víctor Tuerto y el segundo, Francisco Rivera; ahí lo vi por primera vez”, le recordaba ella, mientras también le decía a su mujer: “Cómo te mira”.
Su amiga también le hacía hincapié en la forma de posar con la lengua tocando el paladar, una estrategia para salir mejor: “Acuérdate, Fran, la lengua en el paladar”. El extorero lo intentaba y se reía: “A mí me da vergüenza hacer eso”.
Para entonces llegaba también Victoria Federica de Borbón, recién cumplidos los veintiséis -lo había celebrado apenas un día antes y, por lo que pudimos ver en redes sociales, junto a su inseparable Rochi Laffón-. Nada más llegar, no tardaba en saludar a Rivera, quien le contaba, todavía con la emoción de la jornada, que acababan de llegar de Ronda tras la Goyesca.
Este año había sido más especial, ya que incluso su primogénita, Cayetana Rivera, hija de su matrimonio con Eugenia Martínez de Irujo, le había ayudado con los preparativos. “Me ha ayudado a organizar parte de la Goyesca y lo ha hecho muchísimo mejor que yo. De hecho ya me ha dicho: 'Papá el año que viene tu de esto no te ocupas'”, contaba.
La nieta del rey, al escucharle, no escondía sus ganas de vivirla en primera persona: “Quiero ir; el año que viene tengo que ir”. Parece que la Goyesca le ha picado el gusanillo y que, para la próxima edición, ya tiene plan. "Tu tienes allí palco", le respondía el exnovillero.
Con el reloj ya marcando las 20 h, tocaba cambiar de escenario: la fiesta se trasladaba a la terraza, con la piscina como protagonista y la barra de cócteles preparada para lo que prometía ser una noche larga. Y, con ella, llegaban los aperitivos. Porque después de los flashes, tocaba algo bastante más apetecible: comer y brindar.
La propuesta gastronómica no escatimaba. Jamón ibérico D.O. Guijuelo al corte, arroces para todos los gustos -marinero, negro de sepia y de montaña con setas-, quesos artesanos andaluces, ensaladilla rusa con ventresca de bonito en aceite, porra antequerana con mojama, boquerón marinado sobre babaganoush y tartar de atún rojo con tomate confitado.
Y cuando parecía que la lista no podía alargarse más, llegaban las croquetas de jamón ibérico, la bomba de La Tinta, la fritura de feria y, para los que todavía guardaban un hueco, la cheeseburger de buey del Pazo de Recimil con cebolla encurtida. Todo ello regado con cócteles, conversaciones y una terraza con piscina.
Amancio López Seijas, presidente de Grupo Hotusa, compañía en la que se integra Eurostars Hotel Company, destacó durante la presentación del acto que para la compañía era crucial “recuperar el patrimonio histórico del país”, sobre todo el de Andalucía. Una apuesta que, según explicó, no solo ayuda a devolver la vida a edificios emblemáticos, sino que también “iba a garantizar un turismo de calidad y esa repoblación de esa ‘Andalucía vacía’”. Y lanzó, además, una crítica a los fondos europeos: “No van a esto, en Portugal, por ejemplo, sí”.
Por su parte, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, felicitó al Grupo Hotusa por la labor realizada para devolver brillo y esplendor al edificio modernista en que se ubica el hotel, que se convierte así, ha dicho, en “un activo que ya genera empleo”. Moreno puso de manifiesto el papel jugado por la Junta de Andalucía en este proyecto sacando a subasta el edificio, que era propiedad de la Administración andaluza pero que los anteriores gobiernos tenían en desuso.
El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, destacó: “La inauguración de este hotel es un motivo de alegría para Málaga, una ciudad que quiere crecer en calidad y no en cantidad, como venimos diciendo desde hace años. Deseo larga vida y muchos éxitos al hotel Áurea Palacio de la Tinta, que serán también éxitos de nuestra ciudad”.
Entre los invitados tampoco faltaba Javier Castillo, autor de La chica de nieve, que acudía acompañado de su mujer, Verónica Díaz, conocida en redes sociales como Just Coco. La pareja no quiso perderse la puesta de largo del nuevo cinco estrellas y Castillo también quiso dedicar unas palabras sobre una inauguración que, a juzgar por su entusiasmo, no le había dejado precisamente indiferente: “Estar aquí en esta inauguración y esta celebración, rodeada de amigos, viendo cómo toda la ciudad está acogiendo con tanto cariño esta apertura de este hotel, es alucinante. La verdad que ya he tenido la suerte de poder pasarme por algunas habitaciones que me han enseñado y son preciosas. No sé, es una suerte, ¿no? Málaga se está convirtiendo, vamos, en el centro del mundo, y creo de verdad que necesitamos más lugares como este para abrir los brazos a todo el que venga”.
Y, más puntual que las agujas de un reloj, a las 23 h llegaba el postre: trufas de chocolate caseras y brochetas de frutas, con un DJ poniendo banda sonora a una noche que, a esas alturas, ya había dado mucho de sí.
Pero todavía quedaba una última sorpresa. La artista Mireia Vilà ponía el arte en directo con un cuadro inspirado en Picasso, pintado allí mismo ante los invitados y que, para poner el broche final, acabó sorteándose entre ellos. Así terminaba una noche en la que hubo de todo. Y no, ya no había ni rastro de los Rivera, la dicha “escapada de novios” recomendada por Risto del mes empezaba justo… ya.











