500 ANIVERSARIO DEL NAVEGANTE

Getaria, el pueblo de la costa vasca donde Juan Sebastián Elcano sigue mirando al mar


Este año se cumplen 500 años de la muerte del navegante, y con esta buena excusa nos hemos acercado a descubrir la localidad guipuzcoana que lo vio nacer y que guarda su memoria entre calles, miradores y parrillas frente al Cantábrico.


Getaria, Guipúzcoa© Shutterstock
11 de septiembre de 2026 a las 7:30 CEST

Se llegue a Getaria desde Zarautz, la localidad preferida por los surfistas y la de Karlos Arguiñano, o desde Zumaia, con su icónica ermita de San Telmo asomada a la playa de Itzurun y su famoso hojaldre geológico del flysch, la panorámica carretera N-634 que une este tramo costero —a muchos les sonará por Ocho apellidos vascos—, no puede ser más agradable, porque va encadenando curvas y laderas verdes sin perder nunca de vista el mar. Entre estas dos vecinas guipuzcoanas, de carácter y belleza muy diferentes, está Getaria, la villa marinera que reúne dos nombres universales, un puerto pesquero y una tradición gastronómica que sabe a pescado a la brasa.

El pueblo está encajado entre el mar y el monte San Antón, el conocido como Ratón de Getaria, una pequeña península unida a tierra por un istmo que durante siglos ha servido de referencia a los navegantes. Por eso, lo mejor al llegar es dejar el coche aparcado en el puerto y moverse a pie. El puerto queda abajo y desde él parten las calles que suben hacia el casco antiguo.

Estatua de Juan Sebastián Elcano, Getaria, Guipúzcoa© E.M.
El navegante mira desde su pedestal al puerto de Getaria.

Antes de entrar, la figura de Juan Sebastián Elcano nos recibe mirando al Cantábrico desde su pedestal. Es el primer encuentro con la figura del navegante nacido en la localidad que completó la primera vuelta al mundo y del que este año se cumplen cinco siglos de su muerte, pero no es la única, porque su recuerdo está presente en muchos otros rincones de la villa.

Palacio Zarautz, Museo de Elkano, Getaria, Guipúzcoa© E.M.
El Palacio Zarautz, junto a la iglesia de San Salvador y el arco de Kataprona.

Unos pasos más arriba, el arco de Katrapona da acceso al casco antiguo. Esta entrada tiene algo de especial, pues el pasadizo, que durante siglos fue la conexión entre la parte marinera y el pueblo, atraviesa la antigua muralla y pasa bajo la iglesia de San Salvador. Pero es que, además, bajo el templo, se conserva una cripta que alberga la capilla de La Piedad. Nada más cruzarlo, a la izquierda, entramos en el rehabilitado Palacio Zarautz, un edificio histórico que acoge, desde este año, el nuevo museo Mundubira Espazioa, dedicado a la memoria y el legado de la vuelta al mundo de Elcano.

A lo largo de sus cuatro plantas, en las que conviven vestigios romanos, una carcasa medieval y un interior contemporáneo, y a través de piezas históricas, recursos audiovisuales, paneles y elementos interactivos, se descubre la figura del navegante y la expedición que cambió para siempre la historia de la navegación.

Iglesia de San Salvador de Getaria, Guipúzcoa© Shutterstock
En la iglesia de San Salvador de Getaria fue bautizado Elcano.

Frente al palacio, la iglesia de San Salvador, una de las grandes joyas góticas del País Vasco y con un llamativo triforio que recorre su interior, guarda el recuerdo de que aquí se celebraron en 1397 las primeras Juntas Generales de Gipuzkoa y fue bautizado Juan Sebastián Elcano.

Calle de Getaria, Guipúzcoa© Shutterstock
Calle empedrada de la villa marinera.

Cuatro calles estrechas y empedradas dibujan el casco antiguo; la principal, cómo no, está dedicada a Elcano. En el paseo por ella se suceden casas de piedra con balcones de madera, pequeños bares y tiendas, plazas que aparecen al doblar una esquina y algún pasadizo que vuelve a recordar la estrecha relación de Getaria con el mar. Donde confluyen las cuatro está el edificio del Ayuntamiento, otra estatua del navegante y, frente a ella, el ancla y el barco de Getaria, que recuerdan su condición de villa marinera.

Estatua de Juan Sebastián Elcano, Getaria, Guipúzcoa© E.M.
Estatua de Juan Sebastián Elcano junto al ayuntamiento.

Muy próximo está otro monumento dedicado a Elcano, obra del escultor palentino Victorio Macho, inaugurado en 1924 con motivo del cuarto centenario de la primera vuelta al mundo. Coronado por una victoria alada, en él están grabados los nombres de los pocos navegantes que completaron la hazaña junto a Elcano. Pero más allá de su valor conmemorativo, el lugar merece la parada por las vistas, pues desde aquí se contempla la playa de Malkorbe, el puerto y el mar.

Playa de Gaztetape, Getaria, Guipúzcoa© Shutterstock
Playa de Gaztetape.

Otros miradores se asoman a la otra playa de la localidad, Gaztetape, o hacia el popular Ratón, que se adentra en el Cantábrico. Y si se buscan vistas con algo de ambiente, la plaza de Katrapona tiene una terraza para tomarse un descanso antes de seguir el paseo.

AQUÍ TAMBIÉN SE VIENE A COMER

En el aniversario del navegante, Elkano es también el nombre del restaurante que ha puesto a Getaria en el mapa gastronómico como referente de la parrilla vasca. Con una estrella Michelin, tiene en el rodaballo uno de sus platos más reconocidos, aunque la carta se construye alrededor de pescados y mariscos de temporada tratados con una sencillez que deja todo el protagonismo al producto.

Parrilla del asador Iribar, Getaria, Guipúzcoa.© E.M.
Parrilla del asador Iribar.

No es el único sitio donde merece la pena sentarse a comer. Hay varios asadores más en los que el pescado pasa directamente por las brasas, como Kaia-Kaipe, Astillero, Balearri, Iribar o Txoko, donde se cocina a la vista, en plena calle, y el fuego, el humo y el olor a parrilla se mezclan con el aire de Getaria. Es difícil pasar por delante sin mirar qué está saliendo.

Museo Cristóbal Balenciaga, Getaria, Guipúzcoa© Shutterstock
El vanguardista Museo Cristóbal Balenciaga adosado al Palacia Aldamar.

Y TODAVÍA QUEDA BALENCIAGA

Después de Juan Sebastián Elcano, el hijo más famoso de Getaria es Cristóbal Balenciaga, que ha dado fama a la localidad más allá de sus límites. En la parte alta está su museo, una moderna construcción de cristal junto al Palacio Aldamar, antigua residencia de los marqueses de Casa-Torre, abuelos de la reina Fabiola de Bélgica. Fue aquí donde Cristóbal Balenciaga dio sus primeros pasos en la moda, de la mano de su madre, costurera de esta familia. Sus salas son una aproximación al universo del modisto que vistió a las mismísimas reinas María Cristina de Habsburgo y Victoria Eugenia o a Grace Kelly. En ellas se van descubriendo vestidos, abrigos, trajes y complementos originales que permiten seguir la evolución de su trabajo y apreciar de cerca la precisión de sus cortes y volúmenes. Es la mayor muestra de creaciones de Balenciaga del mundo, tanto por su amplitud cronológica como por la calidad de las piezas.

Museo Cristóbal Balenciaga, Getaria, Guipúzcoa© @cristobalbalenciagamuseoa
Museo Cristóbal Balenciaga.

El paseo por Getaria termina aquí, entre vestidos y diseños, después de recorrer el puerto, las calles del casco antiguo y los miradores. Porque al final, en este pequeño pueblo entre el monte y el Cantábrico, todo acaba llevando a dos nombres: Elcano, el navegante que dio la vuelta al mundo, y Balenciaga, el modisto que revolucionó la alta costura. Y, entre los dos, una buena parrilla.