Después de su paso por el US Open y tras unos meses complicados marcados por las lesiones que la han mantenido alejada de las pistas, Paula Badosa vuelve a mirar hacia delante con ganas de recuperar sensaciones y disfrutar de nuevo de la competición. “Quiero estar como estaba antes de todo el caos”, reconocía recientemente, una frase que resume bien este nuevo momento de su carrera.
"Saber levantarme en los momentos difíciles me ha hecho fuerte y resiliente, la persona que soy hoy", contaba la tenista a ¡Hola! en una entrevista en la que posaba junto a su madre, Mireia, y su hermana Jana, sus dos mejores apoyos y “las dos personas más especiales de mi vida”. ¿Su siguiente parada? São Paulo, "Mi sueño es ganar un Grand Slam. Es la razón por la que me levanto todos los días. Necesito ese objetivo tan grande para tener ilusión", reconocía.
Paula Badosa nació hace 28 años en Nueva York —donde sus padres trabajaban en el mundo de la moda—, tiene su casa en Dubái, pero cuando quiere descansar de verdad se escapa a Begur. En este rincón de la Costa Brava se instaló su familia cuando ella tenía solo 7 años y aquí pasó buena parte de su infancia y adolescencia. “Me he criado en un pueblo”, explicaba ella misma, orgullosa de sus raíces y de la localidad a la que sigue sintiéndose especialmente unida.
Por eso, cuando puede, la tenista española regresa al Empordà para desconectar de la exigencia del circuito y “coger aire”. Y quizá no haya mejor manera de explicar su vínculo con este pueblo de casas de piedra, pinos y calas turquesas.
QUÉ VER EN BEGUR
Begur es un pueblo con muchos otros atractivos, empezando por su patrimonio histórico, pero también por unos apetecibles caminos de ronda que bordean su litoral y algunas de las mejores calas de Europa. Se puede visitar en un día, pero mejor dedicarle unas vacaciones.
El casco antiguo es pequeño, relajado y parece haber quedado detenido en el tiempo. Está formado por unas pocas calles y un puñado de casas abigarradas y en las alturas están los restos de su castillo medieval, que regala las mejores vistas de ese paisaje sublime al que el escritor, periodista y viajero Josep Pla dedicó miles de páginas, pues combina “tierra y mar, bravura y delicadeza, geología y sensibilidad”.
De camino a su fortaleza por la empinada calle del Castillo, salen al paso los hitos de la localidad: la iglesia de San Pedro y Santa Reparada en la plaza de la Villa, animada siempre con terrazas al sol; el mirador de San Ramón, desde el que contemplar las islas Medas en el horizonte; torres de defensa integradas en las viviendas, que se levantaron en el siglo XVI para protegerse de los ataques de los piratas; y casas de indianos de lugareños que se fueron a hacer las Américas y regresaron con grandes fortunas a su querido pueblo.
Todo ello se contempla de un vistazo desde el mirador Carmen Amaya, la popular bailaora de flamenco que se enamoró de Begur y se quedó a vivir aquí. Como se enamoró, antes de ella, Elizabeth Taylor, que rodó aquí, junto a Montgomery Clift y Katherine Hepburn, la película De repente, el último verano.
CALAS DE POSTAL
Luego están las calas de Begur, que se disfrutan mejor en esta época: Sa Riera, Aiguafreda, Sa Tuna —donde se ven antiguas casas de pescadores—, Fornells y la más famosa de Aiguablava, de arena fina y dorada, aguas tranquilas y poco profundas y todas las tonalidades del azul. Y también está la pequeña calita de Illa Roja, apenas 180 metros de arena de color rojizo con una gran roca en su mitad, accesible únicamente por el camino de ronda.
Es, precisamente, el camino de ronda Sur el más bonito de los paseos por el entorno de Begur. Discurre entre pinos y une la playa de Aiguablava con playa Fonda, pasando por el pequeño núcleo de Fornells. Son 2,5 horas ida y vuelta bordeando la costa que se disfrutan de principio a fin. Otros llevan a la cala de Aigüafreda para practicar esnórquel.
DÓNDE DORMIR EN BEGUR
No faltan alojamientos con encanto en Begur para alargar la visita más allá de un día. Entre los más especiales están La Bionda, un pequeño hotel boutique de aire sofisticado (labiondabegur.com); Aiguaclara, en pleno casco histórico (hotelaiguaclarabegur.com), y el Parador de Aiguablava, asomado al Mediterráneo sobre una de las calas más bonitas de la Costa Brava (parador.es).










