Una localidad de la Costa Brava famosa por sus playas y su marcha nocturna que debería serlo por todo lo demás


Incluso los barceloneses, que viven a solo una hora, desconocen qué otras cosas pueden hacerse en ella y da para mucho.


Panorámica de Lloret de Mar desde el mar con el castillo, Costa Brava, Girona© Shutterstock
1 de agosto de 2026 a las 7:35 CEST

Muchos viajeros acuden cada año a esta localidad del extremo meridional de la Costa Brava, casi donde acaba la provincia de Girona y empieza la de Barcelona, atraídas por el sol de sus playas y los focos de sus discotecas y locales de ocio nocturno, que son más de 300. ¿Y si la marcha no nos excita y las playas tampoco nos quitan el sueño? Pues descubriremos lo bien que se duerme por la noche y que hay muchas otras cosas que ver y que hacer de día en Lloret de Mar. Aquí van siete ideas.

PASEAR POR LOS JARDINES DE ‘LA CASA DEL DRAGÓN’

Una actividad deliciosamente rupturista en un lugar de playa es pasear, no por la orilla del mar, como todo el mundo, sino por unos jardines al borde de un acantilado. Entre la playa urbana de Fenals y Cala Boadella, se extienden los de Santa Clotilde, un parque de 15 hectáreas considerado como el mejor jardín botánico mediterráneo de Europa

Jardines de Santa Clotilde, en Lloret de Mar, Girona© Shutterstock
Jardines de Santa Clotilde, que sirvieron de escenario de 'La casa del dragón'.

Su estilo imita al del Renacimiento italiano y fue diseñado en 1919 por Nicolau Maria Rubió i Tudurí, discípulo del gran arquitecto paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier, con quien ajardinó la montaña de Montjuïc de Barcelona. Es un botánico, sí, pero sin flores: abundan los cipreses, los pinos, la hiedra y muchos de los setos son de laurel, la planta que ha dado nombre a Lloret. Mal sitio para ver mariposas, pues las pobres no tienen donde meter la espiritrompa. Las criaturas fantásticas que se ven y se acumulan en la memoria de todos los móviles, porque están en el espacio más fotografiado del parque, son las sirenas que adornan la larga escalinata. Más fabulosas no pueden ser: ¡tienen dos colas! 

Jardines de Santa Clotilde en Lloret de Mar, Costa Brava, Girona© Cordon Press
Escaleras de las sirenas en los Jardines de Santa Clotilde.

Estos jardines fueron los de la fortaleza de Desembarco del Rey en el segundo capítulo de la primera temporada de La casa del dragón, precuela de Juego de tronos. Dos años después, en 2024, los pisaba una reina de verdad, la futura de España, Leonor de Borbón, con ocasión de la entrega de los Premios Princesa de Girona en Lloret de Mar.

CONCIENCIARSE DEL CAMBIO CLIMÁTICO DENTRO DE UN CASTILLO

El Castell de Lloret (castelldelloret.com) es una de las estampas más típicas e instagrameadas de la Costa Brava, pero no es, como a primera vista parece, una fortaleza medieval. Se trata de una casa de verano que un particular decidió levantar en 1935 en la playa de Sa Caleta y cuyas estancias fueron acondicionadas en 2023 para que los visitantes alucinaran y hoy sigan haciéndolo con el espectáculo inmersivo No Time Left (No queda tiempo), sumergiéndose en océanos contaminados y sintiendo el calor asfixiante de los incendios forestales de sexta generación. Todo ello, gracias a las gafas de realidad virtual y al cine 4D con sonidos envolventes, ráfagas de aire y salpicaduras de agua que reproducen tormentas extremas, como lo están siendo últimamente en muchos lugares de España y de todo el planeta. 

Castillo de Lloret de Mar, Girona© Andrés Campos
Castillo de Lloret de Mar.

Al salir de este museo virtual de los horrores medioambientales, apetece sentir el viento de verdad y disfrutar de un paisaje real, tangible, no de pesadilla. Desde el mismo castillo, se puede caminar por el abrupto y bellísimo litoral de Lloret de Mar con rumbo este, siguiendo el sendero GR-92, que está perfectamente señalizado con letreros y trazos de pintura blanca y roja. En tres horas de caminata, se llega a la vecina localidad de Tossa de Mar, de donde se puede regresar cómodamente en autobús. 

Panorámica de Lloret de Mar desde el mar con el castillo, una delas localidades más conocidas de la Costa Brava.© Andrés Campos
Panorámica de Lloret de Mar desde el mar con el castillo.

RECORDAR EL LLORET DE LOS INDIANOS

Con el dinero de los indianos enriquecidos en América, además de un montón de artísticos panteones, se construyó la Casa de la Vila –la sede del Ayuntamiento–, se llenó de palmeras el paseo de Jacint Verdaguer –que está delante de la anterior, junto a la playa, donde antiguamente se construían los barcos que llevaban a los lloretenses allende los mares– y se embelleció la iglesia de Sant Romà, cuya cúpula modernista decorada con tejas de cerámica vidriada de colores es una de las imágenes más icónicas de Lloret de Mar.

Paseo de Jacint Verdaguer de Lloret de Mar, Girona© Shutterstock
Paseo de Jacint Verdaguer.
 

La casa de indianos Can Garriga, en el paseo de Jacint Verdaguer, alberga el Museo del Mar, que evoca el pasado marinero de la población. Uno de sus tesoros más recientes es una caja de marinero del siglo XVIII, un cofre decorado con escenas religiosas y de barcos donde el navegante transportaba sus efectos personales bajo llave. Construida en 1877, como la anterior, otra casa-museo de indianos preciosa, modernista, es Can Font, que fue propiedad del conde de Jaruco, un hijo de Lloret que se enriqueció allí, en Jaruco (Cuba), plantando caña. Era un conde tácito, informal: el rey le había concedido el título, aunque él nunca lo aceptó ni se hizo con el documento oficial que lo acreditara debido a sus firmes convicciones republicanas. Pero era conde de corazón: se gastó el dinero que le hubiera costado el pergamino ayudando a los necesitados. Eso es nobleza. 

Todos estos lugares –y otros muchos que figuran en patrimoni.lloret.cat/es– son recuerdos del viejo Lloret, anterior al turismo. En 1960, antes de que llegaran las primeras oleadas de turistas, Lloret tenía 3.550 habitantes y hoy cuenta con 41.944 de 110 nacionalidades. Ahora es un gigante turístico con más de 120 hoteles y 29.800 plazas: el quinto mayor destino playero de España. 

Iglesia de Sant Romà, Lloret de Mar, Girona© Andrés Campos
Iglesia de Sant Romà.

TOMARSE UN DAIQUIRÍ EN CALA BANYS

Paseando hacia el oeste por la costa desde la playa Gran de Lloret, la mayor y principal del municipio, se llega en diez minutos a Cala Banys. En esta recóndita ensenada, apartada del bullicio turístico, se encuentra el Cocktail Bar Cala Banys, una coctelería con vistas al mar donde preparan un óptimo daiquirí. Allí nos comentarán algo que solo cuentan a los forasteros, porque los habituales se lo saben de memoria: que fue un tal Constante, cantinero y dueño de El Floridita, en La Habana (Cuba), quien perfeccionó esta bebida que Hemingway se encargó de popularizar en el mundo entero: “Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquirí en El Floridita”. Constante, también conocido como Big Constant, se llamaba en realidad Constantí Ribalaigua i Vert y era natural de Lloret. 

Cocktail Bar Cala Banys, en Lloret de Mar, Costa Brava© @barcalabanys
Cocktail Bar Cala Banys, en Lloret de Mar.

Al volver de Cala Banys, conviene hacer una parada en el mirador de la Dona Marinera para ver cómo el último sol pinta de amarillo las casas más altas de Lloret y cómo esta gran dona –una mujer de bronce de 2,40 metros, obra de Ernest Maragall– se despide eternamente de todos los vecinos que fueron a buscar fortuna en ultramar. También conocida como 'la Venus de Lloret', es un poético monumento a la emigración que se plantó aquí en 1966, pero que podría instalarse mañana mismo en cualquier costa de España, despidiendo a los que se van y saludando a los que vienen.

Camino de cala Banys, Lloret de Mar, Girona © Andrés Campos
Camino de cala Banys

COMER EN EL BOSQUE, EN UNA CALA O EN LA RIERA

Lloret de Mar, además de buenas playas –­cuatro con bandera azul y cinco calas que no la necesitan–, también tiene hermosos bosques de pinos carrascos, piñoneros y encinas, como el que abraza Sant Pere del Bosc, un monasterio dominico del siglo X situado a seis kilómetros al noroeste de la población que incendiaron los franceses durante la Guerra de los Nueve Años (1688-1697) y que adquirió tras la desamortización de 1855 Nicolau Font, el de Can Font, el famoso y caritativo conde de Jaruco, encargándole la reconstrucción al gran arquitecto modernista Puig i Cadafalch. 

Cuentan que el conde quería pavimentar el suelo de la capilla con monedas de oro –algo difícil de creer, siendo como era tan amigo de los necesitados– y que, para ello, hubo de pedir permiso al rey –algo aún más difícil de creer, siendo republicano–, porque si las ponía de cara, los visitantes pisarían la del monarca. Si las ponía de cruz, sería aún peor, porque pisotearían el escudo de España. De palacio le llegó esta respuesta: que podía solar con monedas, pero colocándolas de canto. 

Aquel disparatado pavimento no se hizo, pero el tiempo, que es un obrero magnífico, ha acabado convirtiendo Sant Pere del Bosc en un tesoro patrimonial y turístico. Ahora es un hotel romántico, elegante y silencioso de cinco estrellas (hotelsantperedelbosc.com), con obras de arte impactantes –como el monumento al Ángel, de escultor Eusebi Arnau y el arquitecto Enric Monserdà, que guarda el camino de acceso, o la escultura The Swimmer, de Coderch & Malavia, que preside la piscina– y un restaurante sobresaliente de cocina de autor. 

Hotel Sant Pere del Bosc, Lloret de mar, Girona© Andrés Campos
Hotel Sant Pere del Bosc.

Otro restaurante excelente, en un entorno cautivador, es Gammarus (gammarus.es), que semeja un barco varado en la arena de Cala Canyelles, con toldos de fibra de coco y mesas de madera envejecida llenas de platos de paella y marisco. Para cenar, el lugar indicado es el restaurante Atics (aticsrestaurant.com), que domina la playa Gran de Lloret de Mar desde el promontorio que se alza al oeste de la misma, y el plato más recomendable, su bacalao gratinado con alioli de miel. Antes que restaurante, Atics fue uno de los muchos clubs nocturnos de Lloret de Mar. De hecho, está al lado de la avenida de Just Marlés Vilarrodona, más conocida como La Riera, donde se suceden una detrás de otra 20 grandes discotecas, algunas con capacidad para 3.000 personas. 

IRSE A LA CAMA CERCA O MUY LEJOS DE LAS DISCOTECAS

A un paso también de la zona más marchosa de la ciudad se encuentra el hotel L’Azure (lazure-hotel.com), un cuatro estrellas grande –411 habitaciones– y moderno –se inauguró en 2021–, con espacio reservado para adultos en la azotea, piscina infinita y vistas al mar. Quien busque un silencio de cámara acorazada y una soledad de Punto Nemo –preguntadle a Siri qué es–, se alojará en el muy lujoso y muy apartado hotel Santa Marta (hotelsantamarta.es), en la playa de Santa Cristina. Tiene spa y dos piscinas casi al borde del mar. Y no tiene playa privada porque la ley no lo permite, pero al estar este cinco estrellas rodeado de acantilados y pinares, el acceso de sus afortunados clientes al arenal de Santa Cristina no puede ser más directo y exclusivo.

Dona Marinera, Lloret de Mar, Girona© Andrés Campos
Escultura de Dona Marinera.

VISITAR EL CEMENTERIO MODERNISTA

Una última recomendación, que a rupturista –en un lugar dominado por la fiesta y la alegría de vivir 24/7– no le gana nada: visitar una necrópolis, una ciudad de los muertos. En realidad, el de Lloret no es un cementerio al uso, gris y monótono como un archivador, sino un deslumbrante museo al aire libre de escultura modernista. Es uno de los principales ejemplos de arte fúnebre del siglo XIX en Cataluña, con obras de Josep Puig i Cadafalch, Antoni M. Gallissà, Vicenç Artigas Albertí, Ismael Smith, Eusebi Arnau y Bonaventura Conill, que fue discípulo directo de Gaudí. Muchos de los que están enterrados aquí son –bueno, fueron– indianos, vecinos que habían hecho fortuna en América y que querían seguir presumiendo de ella después de muertos, en panteones caros y en las mejores calles. En la bóveda del panteón Costa i Macià, diseñado por Puig i Cadafalch, cuatro calaveras –la dama, el rey, el papa y el caballero– recuerdan la Danza de la Muerte y que esta nos iguala a todos, sin importar el rango social. Pero no es verdad: los panteones de los ricos están en la avenida principal y los nichos populares en las zonas periféricas.