Los tejidos, además de vestir el cuerpo y protegerlo de agentes externos, sostienen en sí un universo de significados. Haciendo gala de su maestría técnica, Simorra transforma temporada tras temporada físicamente la ropa en una herramienta de expresión. En un momento social donde a menudo se imponen la rigidez o el distanciamiento, la firma catalana sitúa el material en el centro, entendiéndolo como un lienzo vivo, aunque en cada nueva colección que muestra sobre la pasarela madrileña consiga que este se manifieste de manera inédita, desvelándonos sus infinitas posibilidades. Con su propuesta para la temporada Primavera/Verano 2027, FOLD IN, buscan el abrazo: del tejido consigo mismo, del tejido en contacto con la piel y, el más necesario, entre las personas.
El pliegue o un manifiesto en favor de la empatía
Eva Dimas, Head of Brand de la firma, lo explica a la perfección: "Ya sabes que en Simorra partimos del material. El tejido te cuenta estas historias, haciendo que la propia forma con la que se crea el tejido cuente el concepto. El concepto es 'folding', que en inglés significa literalmente plegar. Y al final eso nos recuerda mucho a la empatía, a ponerse en el lugar de otra persona".
La colección investiga con una delicadeza inteligente la relación íntima entre el cuerpo y el movimiento. Sobre la pasarela, hemos visto cómo una superficie plana se transforma en volumen a través del pliegue; cede, se adapta y cobra una nueva identidad sin necesidad de recurrir a las tijeras. "Se pliega y sin cortes, está unido y se va plegando sobre sí mismo", señala Victoria Mitjans, Head of Design, refiriéndose a un precioso vestido corto de tipo globo, realizado en un exquisito tejido texturizado.
Volúmenes sin cortes
El resultado es una silueta desprovista de líneas rígidas, asegura la diseñadora: "No hay ni una línea recta, todo como que se adapta al cuerpo perfectamente, como que te abraza cuando te lo pones". Los bolsos se pliegan sobre sí mismos, y en la joyería, los anillos y pendientes nacen de haber ido plegando la piel hasta conseguir texturas únicas.
Esta premisa se materializa en prendas superligeras y envolventes: pantalones largos y anchos que fluyen al caminar, tops que giran sobre su propio eje y faldas modulables que cambian de longitud a través de los propios dobleces.
Las capas de gasas técnicas y viscosas fluidas generan una profundidad sin peso, mientras que los popelines estructurados y las tafetas compactas esculpen volúmenes precisos. En esta sinfonía textil conviven desde el denim y el tweed desflecado hasta bordados tridimensionales sobre una delicada organza, respetando los límites de una paleta estival (aunque nada estridente) que abarca desde los sutiles marfiles, arenas, marrones y rosas hasta los vibrantes mostazas, azules y verdes, creando texturas orgánicas que imitan a la perfección los paisajes de la naturaleza.
El tejido, un lienzo vivo
"Aunque FOLD IN no tiene nada que ver con nuestra anterior colección a nivel de color o patrón, mantiene intacta la identidad de la casa. Y es que, si hay algo que define a Simorra, es precisamente el tejido", incide Mitjans. Llaman mi atención dos vestidos en concreto, muy diferentes entre sí. El primero es un diseño largo, de profundo escote en 'V' frontal y posterior, cuya superficie me recuerda, tomando la distancia prudente que exige un cuadro impresionista, a la tierra arada vista desde un avión a punto de aterrizar o a las montañas rocosas del Gran Cañón de Colorado.
Al ver mi especial interés por la prenda, la diseñadora se acerca a explicarme cómo han logrado este efecto: "Alisan todo el tejido y lo van doblando sobre sí mismo hasta conseguir este cambio de direcciones. Queda un resultado muy interesante, muy distinto, concebirlo aquí luego, visto sobre el cuerpo se comporta diferente la prenda".
Pero, si tuviéramos que elegir un momento de impacto en el que los invitados al desfile pudimos apreciar el nivel técnico de Simorra en su manifestación más explícita, sería el de la aparición de este minivestido rojo que rebota -¡literalmente!- con el caminar, atrapando inevitablemente las miradas al pasar.
En ese preciso instante, el objetivo que me comentaba Dimas solo unos minutos antes se hizo evidente para todos allí presentes: "Lo que queremos con esta colección es romper con la rigidez del mundo, romper con esta sensación de que cada uno va un poco por su lado, e intentar que se observe con más curiosidad".
La gran sorpresa de la jornada: madre e hija, juntas sobre la pasarela
Su propósito subyacía en cada detalle: las costuras, los tejidos y hasta la elección de las modelos. La firma catalana invitó a Blanca Romero a desfilar junto a su hija, Lucía Rivera, quien ya había colaborado con ellas en ediciones previas de la pasarela madrileña. "Somos una empresa familiar... Con este concepto, hablamos de la empatía y de abrazarnos, así que tenía mucho sentido que hubiera madre e hija en el casting".
Una estampa preciosa sobre la pasarela que refleja a la perfección la realidad que viven a diario en sus tiendas, donde es muy habitual ver a "madre e hija llevando la marca" juntas. Frente a un panorama social convulso, donde a menudo prima la tensión y la polarización, Simorra sitúa el tejido en el centro de su universo, inamovible, para hablar de acercamiento.


















































