La afición de la princesa Charlotte por el tenis es de sobra conocida, un deporte que también práctica su madre, Kate, y de la que todo apunta a que heredera los patronazgos y actividades relacionadas con el All England Lawn Tennis y su presencia en el Campeonato de Wimblendon, sin embargo, la habilidad de la niña de once años para el críquet ha sido una revelación relativamente reciente y muy celebrada. Los vídeos familiares publicados por los príncipes de Gales, en los que la princesa muestra una buena técnica de lanzamiento en la playa de Cornualles, han puesto de relieve un interés que conecta con una tradición deportiva que tiene historia en la familia real y que se renueva ahora.
Según una exclusiva de The Sun, esa pasión emergente de la princesa Charlotte (aunque también se ha visto al príncipe Louis jugar al críquet) coincide ahora con un gesto significativo de su abuelo, Carlos III: la modernización del campo de críquet situado en su finca privada de Sandringham, una instalación utilizada desde hace años por el Sandringham and Dersingham Cricket Club. La solicitud de planificación presentada ante el Ayuntamiento de King’s Lynn and West Norfolk detalla la instalación de una superficie artificial apta para todo clima, valorada en 9.000 libras esterlinas, destinada a ampliar las horas de juego y proteger el césped natural en periodos de lluvia o uso intensivo.
Aunque la obra es promovida y financiada por el club local, la autorización del monarca para actualizar una instalación comunitaria en sus tierras aporta un matiz institucional y familiar que no pasa desapercibido. En un momento en que la princesa Charlotte disfruta visiblemente del deporte, la mejora del campo en Sandringham se interpreta como una coincidencia afortunada: la afición de la nieta y el respaldo del abuelo convergen en una iniciativa que beneficia a toda la comunidad.
Ya en el siglo XVIII miembros de la realeza y la aristocracia inglesa se juntaban para jugar al críquet, donde al parecer, según historiadores británicos, se jugaban también favores políticos y de rango, sin embargo, el deporte quedó en desuso en los círculos reales hasta que el príncipe Felipe, marido de Isabel II y duque de Edimburgo, lo reintrodujo en la familia real. El padre del actual soberano fue un gran deportista, adoraba el polo en la misma medida que aborrecía el futbol, y fue él quien desde su juventud era aficionado al críquet, considerado uno de los deportes más antiguos y característicos del Reino Unido.
Ahora, a raíz del vídeo de la princesa Charlotte golpeando la pelota con el bate de críquet, con un estilo que ha sido celebrado en The Times por figuras como el excapitán de Inglaterra, Mike Atherton, este deporte renueva su afición familiar y suma una nueva generación. Por otro lado, Sandringham, que contará con un campo comunitario totalmente renovado en terrenos reales, suma un nuevo aliciente al lugar que tradicionalmente ha sido de retiro para los Windsor. En esos mismos terrenos, se encuentra la segunda residencia de los príncipes de Gales, Anmer Hall, su casa campestre y uno de los escenarios habituales de la vida familiar. Allí pasan fines de semana, vacaciones escolares y largas estancias en las que los niños -los príncipes George, Charlotte y Louis- disfrutan de actividades al aire libre









