Quien alguna vez haya viajado hasta Pontevedra, concretamente a O Grove, y haya cruzado el pintoresco puente decimonónico para visitar la isla de La Toja, probablemente haya pensado, tras visitar la preciosa ermita de San Caralampio —cuya fachada está cubierta de conchas de vieira— y sus alrededores, que se trata de un lugar privilegiado para casarse. Darse el 'sí, quiero' en un rincón tan pintoresco es una suerte de la que pudo disfrutar Carlota, la protagonista de nuestra historia.
Esta gallega celebró su boda civil en agosto del pasado año, en el Eurostars Gran Hotel de La Toja, un clásico de la isla en cuyos preciosos jardines tuvo lugar la ceremonia. Un día para el que nuestra novia confió en un diseño de Sophie et Voilà que resultó ser toda una sorpresa: "No tenía nada claro cómo quería que fuese mi vestido, solo una idea de lo que podría sentarme bien", nos confiesa.
Un vestido de novia transformable y una joya muy especial cedida por su madre
El asesoramiento en estos casos por parte de los profesionales es fundamental, como recuerda Carlota. "Loli Calo, de Tul Novias, me probó diferentes patrones. En cuanto vi mi vestido, las opciones se redujeron al instante. En mi caso, además, tuve la suerte de conocer a la diseñadora y ella adaptó el vestido a mis necesidades, puliendo cada detalle", explica.
El vestido por el que se decantó fue el modelo Mona Princess, confeccionado en un doble crepé de alta calidad que ayuda a definir la silueta con precisión. Una creación que presenta un escote barco —uno de los favoritos entre las novias del 2026— y en el bajo, un volante de quita y pon de tul ilusión, confeccionado capa a capa. "No puedo estar más agradecida a Saioa Goitia, fundadora de Sophie et Voilà, sus diseños son elegantes, sofisticados y atemporales, que eran mis tres requisitos. Gracias a Loli y a Saioa, supe llegar a mi vestido".
En lugar de optar por un segundo look nupcial para el momento del baile, Carlota quiso mantener el mismo, pero haciéndolo convertible. "Quería un único vestido que pudiera disfrutar hasta el final. Como el diseño no tenía cola, para la entrada decidimos añadir el velo. Una vez finalizada la ceremonia, me quité el velo e incorporé unos guantes de tul. Ya en la comida, me retiré también los guantes —y mi ramo, que no solté hasta ese momento—. Antes de comenzar la fiesta, me desmontaron el volante inferior, quedándome con un vestido midi muy sencillo y cómodo, hasta el fin de la fiesta".
Los complementos en un estilismo nupcial suelen tener un enorme peso, pues a menudo van cargados de valor sentimental. Nuestra novia escogió unos zapatos de Maison Alaïa, de la colección Le Coeur y unos pendientes de rosetones con brillantes y zafiros de Del Páramo Vintage. "También una joya muy especial que me cedió mi madre para la ocasión, una pulsera rígida maravillosa de brillantes que disfruté especialmente ese día".
En cuanto a su ramo de novia, quería que este estuviese formado por una única flor: "Estaba compuesto por 27 tallos de rosa blanca de la variedad White majolica, en forma de bouquet y con largo de tallo irregular. Tanto el calibre de la flor como el grosor y largo de los tallos fueron estudiados y hechos a medida por los propietarios de Índigo".
Lo que sí tenía muy caro es que no quería un maquillaje demasiado recargado, sino limpio y atemporal, trabajando en una piel jugosa y luminosa. "Quería ser yo misma, no sentirme disfrazada y sobre todo, estar cómoda. Por eso acudí a mi peluquería de confianza, MUM Peluquerías y mi querida Verónica, una de sus colaboradoras lo hizo posible, realizándome un moño bajo romántico".
Una boda con 300 invitados que la novia se encargó de organizar
Carlota no quiso contar con una wedding planner para el gran día: "De la organización de la boda me ocupé yo. En ese momento creí que sería más fácil así, ya que me gusta bajar hasta el detalle y sabía que querría estar en cada toma de decisión. Sin embargo, para un evento de esta magnitud, es muy conveniente ir de la mano de alguien que te facilite el camino", aconseja. "En mi caso, la profesionalidad del equipo de coordinación del hotel y de los diferentes proveedores fue clave".
La boda tuvo lugar el 23 de agosto de 2025 en los jardines del Palacio de Eventos, y tras la ceremonia civil—"entre árboles, con más de 300 invitados, un trío de cuerdas y frente al mar", recuerda— los invitados se desplazaron en autobuses al Gran Hotel y los recién casados hicieron el traslado en barco.
"Tuvimos cóctel, con una banda de jazz acompañando el momento. Al finalizar, disfrutamos de un concierto de música en vivo y bailamos en la galería frente al mar hasta la noche. Finalizamos la fiesta en la discoteca del propio hotel, que tiene un aire retro que acompañaba perfectamente al sonido de nuestra música preferida".
El mayor peso de la decoración lo tenía el propio enclave: "Todo el proyecto floral fue desarrollado y ejecutado por Índigo. Se utilizaron variedades exclusivas de flores, como rosas inglesas antiguas, hortensias de varias especies, celindo, dalias, lisianthus y cosmos, además de especies tan originales como los tallos de cobaea y sus sofisticadas flores y una generosa cama de jazmín", nos detalla Carlota.
El matrimonio, Carlota y José Ángel, se conocieron tras la pandemia. "Quedamos un día para tomar un aperitivo y hasta hoy. Sabemos la suerte que hemos tenido", aseguran esta gallega y este toledano que se comprometieron tras tres años de relación y que actualmente residen en el norte. "Ambos queremos lo mismo, nos encanta haber juntado a dos grandes familias y haber podido celebrarlo con nuestra gente. Uno de los momentos más especiales de la boda creo que fue la mini travesía en barco. También los discursos de nuestros hermanos, nuestros votos y ver cómo todos los invitados disfrutaban".


















