Bussaco es un bosque magnífico, tiene 105 hectáreas y unas 250 especies de árboles y arbustos, y en él conviven ejemplares llegados de distintos lugares del mundo con especies autóctonas. Entre la vegetación aparecen, además, una decena de ermitas, el antiguo convento de los carmelitas descalzos, fuentes, miradores y un elegante palacio neomanuelino convertido en hotel. Un lugar para perderse entre árboles centenarios, senderos y escalinatas que también fue escenario de la batalla de Bussaco de 1810. Hoy, este conjunto de naturaleza, arquitectura e historia está protegido como Monumento Nacional y acaba de sumar este verano un nuevo reconocimiento: es el primer bosque terapéutico certificado de la Península Ibérica.
¿QUÉ HACE TERAPÉUTICO A UN BOSQUE?
No basta con tener muchos árboles para que un bosque sea terapéutico. En Bussaco se han valorado, entre otras cosas, sus caminos, la tranquilidad del entorno y la protección que ofrece frente al ruido y el viento, unas condiciones que permiten desarrollar actividades de terapia forestal. La propuesta parte de algo tan sencillo como adentrarse en el bosque y prestar atención a lo que ocurre alrededor, con actividades guiadas por profesionales. Está relacionada con los conocidos baños de bosque japoneses o shinrin-yoku, aunque en un bosque terapéutico certificado pueden desarrollarse programas más estructurados y adaptados a las características del lugar.
Y Bussaco parece hecho para ello: caminar sin prisa entre árboles centenarios, escuchar el sonido del bosque y descubrir, casi a cada paso, una fuente, una ermita o una antigua construcción escondida entre su espesura.
ÁRBOLES DE TODO EL MUNDO
Una de las grandes sorpresas de Bussaco es el gran número de especies que posee, llegadas de lugares de todo el mundo. Hay abetos del Himalaya, acacias australianas, alcanforeros japoneses y araucarias brasileñas, junto a cedros, secuoyas, eucaliptos, alcornoques, encinas, hayas, madroños y olivos. El arboreto ocupa alrededor del 80 % de la superficie de la mata, una auténtica colección botánica al aire libre que fue creciendo con las plantaciones realizadas a lo largo de los siglos.
Dos ejemplares especialmente llamativos son el eucalipto de Tasmania, plantado en 1876, y el cedro de Bussaco, de 26 metros de altura, que se remonta a 1644. Entre los árboles crecen también helechos, hortensias, camelias, magnolias y lirios del valle, que llenan de vegetación rincones como el Vale dos Fetos, uno de los paseos más frondosos y agradables de la mata.
CÓMO LLEGAR AL BOSQUE DE BUSSACO
A Bussaco, a unos 25 kilómetros de Coimbra, se accede desde Luso, la localidad balnearia famosa por sus aguas termales. Desde allí parten caminos que permiten internarse en la mata, aunque, por su extensión y para llegar a algunos de sus principales puntos de interés, resulta más práctico utilizar las carreteras que la atraviesan y llegan hasta el Palace Hotel do Bussaco.
La visita puede hacerse por libre y existen diferentes senderos señalizados. También se organizan recorridos temáticos y visitas guiadas, además de un servicio de vehículos eléctricos de la Fundación Mata do Bussaco que permite conocer algunos de sus principales rincones, como las Portas de Coimbra, la Porta da Rainha y la Fonte Fria.
EL PALACIO DEL BOSQUE
El gran edificio que aparece entre los árboles parece sacado de un cuento, pero es mucho más reciente de lo que podría hacer pensar su aspecto. El Palace Hotel do Bussaco es una construcción neomanuelina proyectada por el arquitecto y escenógrafo italiano Luigi Manini. El proyecto fue aprobado en 1888 y las obras se prolongaron hasta 1907. La idea inicial era levantar un palacio para la familia real portuguesa, aunque finalmente el edificio acabó convertido en hotel de lujo donde dormir literalmente en medio del bosque.
Su fachada está cubierta de una profusa decoración inspirada en la arquitectura portuguesa, mientras que en el interior aparecen pinturas, esculturas y grandes paneles de azulejos. Entre ellos destacan los realizados por Jorge Colaço, algunos dedicados a episodios de la historia de Portugal y a la batalla de Bussaco. Manini se inspiró, entre otros edificios, en la Torre de Belém y el monasterio de los Jerónimos para crear este particular palacio.
UN CONVENTO ENTRE LA VEGETACIÓN
Junto al palacio se conserva parte del convento de Santa Cruz de Bussaco, fundado en 1628 por los carmelitas descalzos. Los religiosos levantaron aquí un lugar de recogimiento entre los árboles, con ermitas, capillas y caminos de penitencia repartidos por la mata. El convento permaneció activo hasta 1834, cuando la extinción de las órdenes religiosas provocó su abandono.
Hoy se conservan la iglesia, el claustro y algunas de las antiguas dependencias conventuales. Uno de los detalles más curiosos es la puerta recubierta de corcho, un material utilizado profusamente por los carmelitas en el interior del convento, junto con los embrechados, pequeñas composiciones decorativas realizadas con piedras, conchas y otros elementos.
También se conservan las llamadas celdas de Wellington, relacionadas con el general británico Arthur Wellesley, duque de Wellington, que estuvo en Bussaco durante la batalla de 1810.
FUENTES, ERMITAS Y PASEOS
Desde el entorno del aparcamiento se puede iniciar el recorrido hacia la cercana ermita de la Asunción, una de las numerosas construcciones religiosas que hay en la mata, y continuar hasta la Fonte Fria, probablemente la fuente más conocida de Bussaco. Construida originalmente en el siglo XVII y remodelada posteriormente, destaca por su monumental escalinata, por la que desciende el agua hasta el lago. Desde allí se alcanza el Vale dos Fetos, uno de los rincones más agradables del bosque, llamado así por sus numerosos helechos arbóreos. El paseo continúa entre una frondosa vegetación hasta el Lago Grande y otros rincones de la mata.
Otra de las curiosidades de Bussaco son sus puertas históricas. Las Portas de Coimbra recuerdan las antiguas restricciones papales que protegían el bosque y prohibían cortar árboles y también la entrada de mujeres bajo pena de excomunión. La historia cuenta que esta última prohibición se sorteó cuando la reina Catalina de Braganza, viuda de Carlos II de Inglaterra, quiso visitar la mata. Se abrió entonces una nueva entrada, la Porta da Rainha, que todavía se conserva.
LA VÍA SACRA
Entre los caminos que atraviesan Bussaco destaca la Vía Sacra, que discurre entre pequeñas capillas que representan las distintas estaciones del vía crucis. Es uno de los recorridos que mejor muestran cómo los carmelitas integraron arquitectura y naturaleza en este espacio de retiro.
El punto más alto es la Cruz Alta, situada a unos 545 metros de altitud. Desde este mirador se obtiene una amplia panorámica de la región, con las sierras del entorno y la llanura que se extiende hacia Coimbra y la costa.
En las inmediaciones del palacio aparecen otras ermitas, como las de San Miguel y Nuestra Señora de la Concepción, además de fuentes y pequeños rincones entre la vegetación. Todo ello hace que caminar por Bussaco sea una sucesión de árboles, caminos, construcciones religiosas y fuentes, con algo nuevo que descubrir a cada paso.
DÓNDE DORMIR Y COMER
Dormir en el Palace Hotel do Bussaco permite prolongar la experiencia en el propio bosque, aunque en Luso hay otras buenas opciones, como el Grande Hotel de Luso, con spa y restaurante (hoteluso.com), o Vila Duparchy, una casa de campo rodeada de jardín.
Para comer, Mealhada es la referencia gastronómica de la zona, especialmente por el leitão da Bairrada, un cochinillo asado de piel crujiente que es uno de los platos más conocidos de la región. En el restaurante del Palace Hotel se puede probar cocina portuguesa junto a propuestas internacionales.












