Portugal está lleno de lugares maravillosos donde el paisaje manda en cada rincón, pero si pensabas que ya lo habías visto casi todo, aún hay aldeas de montaña, ciudades tranquilas y senderos que se abren paso entre la naturaleza que seguramente no entraban en tus planes. Estas escapadas tienen algo en común: están cerca de tres grandes ciudades, son fáciles de disfrutar y mantienen una conexión profunda con el territorio. Menos monumentales, pero mucho más inesperadas.
FOZ D’ÉGUA
Distancia: a 1 hora de Coimbra
En el interior de Portugal y en una ladera de la Serra do Açor, se esconde este pequeño caserío de piedra de arquitectura tradicional del que seguramente no hayas oído hablar, porque no está en las rutas turísticas. Aquí la vida discurre tranquila, lo verdaderamente atractivo del lugar es el entorno natural. Las casas son sencillas, están construidas en pizarra y madera, como mandan los cánones en estas llamadas aldeas de esquisto, características de la región del centro del país.
Foz d’Égua no es un lugar para prisas ni grandes planes. Sí para contemplar sus terrazas rurales, su antiguo trazado ligado a comunidades de montaña y sus dos fotogénicos puentes de piedra, que cruzan el punto donde se unen dos arroyos de agua cristalina, formando pequeñas pozas naturales de color turquesa donde refrescarse los pies. Pero, sobre todo, para disfrutar del paisaje, del sonido del agua y el verde intenso de la vegetación. ¿Hace falta más?
Para combinar en una misma escapada, muy cerca, a solo 10 minutos, se encuentra Piodão, que forma parte de esas pequeñas aldeas históricas de Portugal ricas en castillos, murallas, capillas, pelourinhos y arquitectura de granito. Se trata de un laberinto de intrincadas calles en pendiente con sus puertas y ventanas pintadas de un característico color azul, su iglesia de un blanco impecable y rodeado de campos de cultivo en bancales que recuerda a un belén.
CALDAS DA RAINHA
Distancia: 90 kilómetros (1 hora y 15’ en coche desde Lisboa)
En el distrito de Leiria está el segundo de los descubrimientos, bastante más grande que la aldea de Foz d’Égua, porque Caldas da Rainha es una ciudad mediana, de unos 25.000 habitantes, del Centro de Portugal. Lo más sorprendente de ella es que aquí se encuentra el hospital termal más antiguo del mundo en funcionamiento. Precisamente, de sus aguas termales parece extraer esta apacible ciudad balneario esa atmósfera de calma que envuelve sus calles y plazas.
Fue la reina Leonor, esposa de João II, la impulsora de este lugar que dio origen a la ciudad, por eso, la primera visita imprescindible es visitar los antiguos pabellones, reflejados en las aguas del lago del Parque Dom Carlos I, un elegante jardín romántico con senderos, árboles centenarios y rincones agradables para pasear sin prisas o sentarse junto al agua.
Muy cerca, el mercado diario aporta la cara más auténtica y animada de la ciudad, con puestos de fruta, verduras, flores, quesos y productos locales que llenan de vida el centro histórico cada mañana.
Pero Caldas da Rainha también tiene una marcada personalidad artística. Es la cuna de Rafael Bordallo Pinheiro, uno de los nombres más importantes de la cerámica portuguesa, cuyas coloridas y originales creaciones decoran escaparates, fachadas y más de una calle. Para profundizar en esta tradición —y a la espera de que acaben las obras de rehabilitación del Museu da Cerâmica—, lo mejor será descubrir algunas de las tiendas especializadas repartidas por el centro.
Además del agradable paseo por las calles y plazas tranquilas de Caldas da Rainha, donde destacan edificios de aire tradicional y algunos ejemplos de arquitectura modernista, la visita puede combinarse fácilmente con la cercana villa medieval de Óbidos, situada a unos 10 minutos en coche, así como con las playas de Foz do Arelho y la laguna de Óbidos, un entorno natural de gran belleza entre mar y estuario.
PASSADIÇOS DE PAIVA
Distancia: A una hora de Oporto
En el norte de Portugal, no muy lejos del Duero, el territorio montañoso del Geoparque de Arouca es uno de los grandes referentes del turismo sostenible europeo, y a la vez, un rincón desconocido a este lado de la península, y eso que queda a menos de 200 kilómetros de Tui, Verín o Fuentes de Oñoro. Es aquí donde se encuentran los Passadiços do Paiva, el espectacular recorrido de pasarelas y escaleras de madera que acompaña el curso del río Paiva a través de una garganta granítica moldeada durante millones de años. Y no solo eso, también está aquí el impresionante puente peatonal llamado 516 Arouca, suspendido a 175 metros sobre el río y uno de los más largos del mundo.
La ruta, premiada como mejor atracción turística de aventura en los World Travel Awards sucesivamente en los últimos 8 años, recorre 8,7 kilómetros entre las playas fluviales de Areinho y Espiunca. Lo más recomendable es empezar en Areinho para afrontar al inicio el tramo más exigente, las largas escaleras en zigzag que superan cerca de 200 metros de desnivel. El esfuerzo tiene recompensa en forma de miradores con vistas espectaculares al cañón, al río y al perfil del puente colgante.
A lo largo del camino aparecen algunos de los enclaves más atractivos del recorrido, como la cascada del río Aguieiras, un salto escalonado de 160 metros, o la zona de Gola do Salto, con rápidos y formaciones rocosas que se prestan para el rafting o el kayak. En los tramos más húmedos y sombríos, el entorno se vuelve casi selvático.
El recorrido invita a hacer pausas en playas fluviales como Vau, perfectas para descansar o darse un baño cuando el tiempo acompaña, antes de terminar en Espiunca. Desde allí se puede regresar caminando o tomar un taxi de vuelta al inicio. Para completar la experiencia, merece la pena explorar en coche el geoparque y descubrir aldeas tradicionales —Alvarenga, Canelas, Castanheira…—, museos y geositios que muestran fósiles, fallas y curiosas formaciones rocosas.












