Ubicada en una parcela arbolada de la Costa Blanca de Alicante, Casa El Buit nace como la segunda residencia de una familia de cuatro miembros que tenía muy claro lo que buscaba: una vivienda cómoda, resistente y fácil de mantener, donde disfrutar del paisaje mediterráneo y desconectar.
El proyecto, firmado por Ascoz Arquitectura y con interiorismo de Pampa Interiors, apuesta por una arquitectura de líneas curvas y espacios abiertos que se integra con naturalidad en el terreno y el pinar que la rodea.
Con 260 m2 construidos y otros 90 m de terraza y piscina, la casa se organiza casi por completo en una sola planta, con un gran espacio diáfano que reúne salón, comedor y cocina conectados directamente con el exterior. A eso se suman un patio interior de invierno, cinco dormitorios, tres baños, un aseo y varias zonas de servicio pensadas para que la vida aquí sea tan cómoda como relajada.
© Alejandro GómezUna silueta que se adapta a la topografía y al paisaje
Lo primero que sorprende de Casa El Buit es su forma de posarse sobre el terreno. No hay volúmenes rígidos ni la típica construcción cuadrada que parece imponerse al paisaje. Aquí la arquitectura se desliza entre los pinos con curvas suaves que siguen la pendiente natural de la parcela y hacen que la casa encaje de manera mucho más orgánica en el entorno.
También ayuda muchísimo la solución estructural elegida por Ascoz Arquitectura, ya que, gracias al uso de losas aligeradas, fue posible eliminar pilares innecesarios y conseguir espacios mucho más amplios y despejados.
© Alejandro GómezUn elemento singular refuerza el vínculo entre arquitectura y paisaje
Uno de los gestos más interesantes del proyecto lo encontramos en la piscina. En lugar de eliminar por completo las preexistencias del terreno, el estudio decidió conservar una de las rocas originales de la parcela justo en el centro de la lámina de agua. El resultado es casi escultórico, pero sin caer en efectismos.
También el jardín responde a una visión muy mediterránea y especialmente sensata. Aquí no hay césped perfectamente recortado ni especies que exijan un mantenimiento constante. La apuesta se centra en vegetación autóctona y un paisaje seco mucho más coherente con el clima de Alicante. Además de funcionar mejor a nivel estético, reduce considerablemente el consumo de agua y el mantenimiento diario.
© Alejandro GómezConseguir curvas perfectas con hormigón, el gran desafío
Trabajar con hormigón y lograr que una casa transmita calidez no es precisamente sencillo. Mucho menos cuando toda la vivienda está llena de curvas y prácticamente no existen líneas rectas. Pero precisamente ahí está uno de los mayores logros del proyecto.
Para conseguir esas formas orgánicas hicieron falta encofrados específicos, muchísimo control técnico y una precisión milimétrica en cada unión. Porque aunque la casa parezca sencilla a primera vista, detrás hay un trabajo constructivo enorme. Cada curva está medida para que el conjunto tenga continuidad y para que el hormigón pierda esa dureza visual que normalmente asociamos a este material.
También los desniveles del terreno se resolvieron con bastante inteligencia. Parte de la piedra utilizada procede de la propia parcela y se han incorporado traviesas de ferrocarril reutilizadas para salvar algunas diferencias de altura. Son decisiones que ayudan a que la vivienda encaje mucho mejor en el paisaje y que, además, aportan textura y carácter sin necesidad de recargar nada.
© Alejandro GómezEntrar aquí es olvidarte de molduras, adornos y falsos techos
La entrada ya deja claro cuál es la filosofía de la casa. Todo está reducido a lo esencial, pero sin caer en el frío minimalismo de catálogo. El suelo continuo de hormigón fratasado recorre toda la vivienda y los techos muestran la estructura real, sin falsos revestimientos ni capas innecesarias.
Esa honestidad constructiva hace que los espacios tengan muchísima personalidad. No hace falta decorar en exceso porque la propia arquitectura ya tiene fuerza suficiente. Y, aun así, la casa resulta acogedora.
© Alejandro GómezUn salón abierto al paisaje y con un punto setentero
El corazón de la vivienda es, sin duda, la gran zona social, con salón, comedor y cocina en el mismo espacio. Y aquí el truco está en cómo se ha trabajado el interiorismo para equilibrar la potencia del hormigón con piezas mucho más cálidas y acogedoras.
El equipo de Pampa Interiors apostó por muebles con presencia y colores estratégicos para evitar que el conjunto resultara demasiado neutro. Frente a la fachada acristalada, se colocó un sofá rinconera, tapizado en color verde, para aprovechar las vistas al jardín y la piscina, y se combinó con un sillón mostaza, de Vitra, y unas mesas de centro de cristal amarillo transparente, que rompen con la paleta gris y añade un punto vibrante muy bien medido.
© Alejandro GómezUn tabique que separa sin cerrar
Entre el salón y la habitación contigua se levantó un tabique abierto por ambos laterales que permite independizar los espacios sin bloquear ni la entrada de luz ni la sensación de amplitud. Además, en la cara que da a la zona de estar, el muro integra estanterías, una chimenea y el televisor.
© Alejandro GómezLa isla de la cocina también es de hormigón
En espacios diáfanos, la cocina tiene que estar muy bien pensada para no invadir el resto de ambientes. Aquí se resolvió con una gran isla blanca acompañada de taburetes Four Seasons de Mies van der Rohe para Knoll en cuero y cromo, que marcan el límite entre la zona de cocinar y el área social.
El comedor se sitúa justo al lado, con una mesa de madera y las sillas Season de Viccarbe, que mantienen la estética limpia de toda la vivienda. La mezcla funciona especialmente bien porque combina piezas de diseño muy reconocibles con una arquitectura bastante contundente.
© Alejandro GómezEn los dormitorios, la arquitectura se convierte en mobiliario
Las habitaciones mantienen exactamente la misma lógica estética del resto de la vivienda. Aquí vuelven a aparecer las curvas suaves, elementos integrados como los cabeceros de obra y esa sensación de continuidad que recorre toda la casa. Una coherencia que consigue que los dormitorios sean espacios serenos, fáciles de mantener y especialmente agradables para descansar, algo esencial en una vivienda pensada para desconectar del ritmo diario.
© Alejandro GómezUn lucernario hace de este baño uno de los lugares más especiales de la casa
El baño del dormitorio principal sigue la misma estética limpia y serena del resto de la vivienda, pero con un plus importante. Y no, no nos referimos a la bañera exenta o a esa maravillosa ducha de obra de grandes dimensiones (que también), sino a la entrada de luz natural desde el techo gracias a un gran lucernario. Un detalle que cambia completamente la experiencia del espacio y potencia todavía más la continuidad de materiales. Todo resulta muy uniforme, muy relajante y tremendamente agradable.
© Alejandro Gómez¡Qué pareja!
En cuanto a la zona de los lavabos, se resolvió con un mueble volado de madera que compensa la frialdad del hormigón. Sobre este, se instalaron dos lavamanos cuadrados y en la pared, una gran luna sin marco que amplía visualmente el espacio.




