Así se ha transformado una casa señorial del siglo XIX en pleno barrio de Gràcia en un hogar moderno y luminoso
Con una nueva distribución, más luz natural y una relación mucho más directa con el jardín, esta vivienda de finales del XIX es el sueño de una familia hecho realidad
En pleno barrio de Gràcia, se encuentra Villa Parque: una vivienda de finales del siglo XIX, de 240 m2, con ese aire señorial de techos altos y proporciones generosas que ya no se encuentra fácilmente, pero que necesitaba ponerse al día para encajar con una nueva forma de vivir.
El estudio de arquitectura h3o architects, formado por Adrià Orriols, Joan Gener y Miquel Ruiz, entendió desde el minuto uno que aquí no se trataba de "modernizar por modernizar", sino de hacer que la casa volviera a tener sentido. Más luz, más conexión con el exterior, más comodidad… pero sin perder ni una pizca de su alma.
La intervención se apoyó en una operación tan sencilla como efectiva: abrir y reorganizar. La planta superior, situada a nivel de calle y elevada respecto al jardín, pasa a concentrar la vida de día. Cocina, salón y comedor se integran en un único espacio continuo, donde la luz natural circula sin obstáculos y las estancias se conectan de forma fluida. En contraste, la planta inferior se reservó para los dormitorios.
En cuanto a los materiales, la reforma trabajó ese equilibrio que tan bien funciona entre lo original y lo contemporáneo. Así, se recuperaron elementos con identidad, como los suelos hidráulicos o la volta catalana, y se combinaron con una paleta más actual de maderas, tonos neutros y detalles en negro que aportan contraste. Todo encaja sin estridencias, con una sensación de continuidad muy natural.
La mejora energética es otra de las claves de esta reforma. La casa se ha aislado por completo –con revestimiento interior, solera separada y cubierta acondicionada– para reducir al máximo las pérdidas de energía. Además, incorpora un sistema de climatización por aerotermia y aprovecha el agua de lluvia recogida en la cubierta para el riego.
El resultado es un hogar que respeta su esencia histórica, pero que ahora se vive de una forma mucho más moderna y funcional. ¿Quieres verla?
La vivienda se orienta completamente hacia el verde –justo al lado hay un parque urbano–, con nuevas aperturas que dejan pasar la luz y las vistas, y una conexión directa desde la planta superior a través de una escalera exterior que arranca desde un balcón-mirador. Es un espacio tranquilo y resguardado, donde la vegetación existente se ha combinado con especies mediterráneas fáciles de cuidar. Los muros recuperan su piedra original y, poco a poco, se irán cubriendo de plantas trepadoras que crearán sombra y harán que todo se sienta aún más integrado.
La planta superior es el corazón social de la casa. Aquí se concentran la cocina, el salón y el comedor en un espacio amplio, abierto y muy luminoso. Pero no hablamos de un "open concept" frío o impersonal, sino de un ambiente cálido donde apetece estar.
Los techos altos con la volta catalana en blanco aportan carácter sin recargar, mientras que los muebles en madera oscura y los detalles en cuero negro ponen ese punto sofisticado que equilibra el conjunto. Es una mezcla muy bien medida entre lo antiguo y lo contemporáneo.
Solo con el dibujo del suelo sabemos que nos encontramos en otro de los ambientes del salón: una zona de trabajo, situada entre el estar y el comedor, que está formada por una mesa escritorio de cristal y el sillón vintage de Sergi y Oscar Devesa para Oken. En la pared, una obra de la pintora catalana Montserrat Gudiol.
A través de un gran vano sin puerta llegamos al comedor, presidido por la mesa "Alada" de Oscar Tusquets (una de las poquísimas mesas de vidrio con pie central) acompañada de una silla de oficina de Vitra. La decoración se completó con un mueble-bar, de Jaime Tresserra, de madera de nogal en espiga y la lámpara "Sampei", de Davide Groppi.
Uno de los recursos más inteligentes del proyecto es el uso de espejos. No como elemento decorativo sin más, sino como herramienta para ampliar el espacio y multiplicar la luz. En varias estancias se han colocado de forma estratégica para reflejar el jardín. En este caso, son las puertas de un armario enrasado.
Las estanterías abiertas que decoran las paredes –en este caso, una de las del comedor– se llenan de objetos personales y piezas decorativas, sin exceso, seleccionadas con mucho criterio. Todo parece colocado como si hubiera ido encontrando su sitio poco a poco.
Una puerta abatible de cristal comunica este espacio con la zona de estar.
La cocina se aleja bastante de lo típico, y ahí está la gracia.
Los muebles bajos en tono rosado, elevados sobre patas, aligeran visualmente el conjunto. No hay armarios superiores: en su lugar, se instalaron estantes abiertos que vienen muy bien para colocar botes y accesorios.
El suelo hidráulico –con todo su peso decorativo– contrasta con la campana cilíndrica de Foster, mucho más actual y casi escultórica. Todo bajo un techo alto con vigas vistas en blanco.
La distribución lineal del mobiliario permitió destinar el resto del espacio a una zona de desayunos y comidas rápidas, con una mesa blanca con un diseño en zigzag, sello característico del estudio h3o architects.
Frente a ella, la pared que quedaba libre de muebles se aprovechó con armarios blancos con puertas de rejilla a modo de despensa.La iluminación se resolvió con las Glo-Ball S1 y S2 de Jasper Morrison para Flos.
En el aseo de cortesía de la planta superior, un lavabo de pedestal con forma de cilindro se convierte en el protagonista, acompañado de una grifería de pared.
La planta inferior, semienterrada, acoge los dormitorios y las zonas más privadas. Aquí el ambiente es más tranquilo, más envolvente, y en el suelo, la madera sustituye al hidráulico y marca claramente que entramos en otra parte de la casa. Igual que las puertas: ya no son de cristal.