Así es la casa medieval de Susanna Cots, referente del 'slow design', en el Empordà, un refugio donde todo invita a disfrutar del hogar
Más de tres siglos de historia conviven con un interiorismo sereno que recupera la autenticidad de la vivienda. Sus muros de piedra, las vigas originales y la bóveda catalana restaurada dialogan con una cuidada entrada de luz natural y un diseño inspirado en la naturaleza.
La interiorista y gran referente del slow design Susanna Cots (www.susannacots.com) reside en Vulpellac, uno de esos pueblos medievales del interior de la Costa Brava que parecen resistirse al paso del tiempo, con sus calles de piedra y su arquitectura intacta desde hace siglos. Situado en la provincia de Girona, forma parte de los conjuntos mejor conservados de Cataluña, un rincón donde lo rural y lo histórico conviven sin artificios.
La casa de pueblo del siglo XVIII, de construcción vernácula y más de 300 años de historia, es una vivienda sin ángulos rectos que, lejos de ser un obstáculo, se convierte en su mejor argumento de diseño: "Te obliga a aceptar la imperfección, a entender que la belleza no necesita simetría", confiesa Susanna.
Un entorno rural, la mudanza que siempre quisieron
De Manresa a Vulpellac con toda la familia, una mudanza que fue una decisión muy consciente. Como Susanna relata: "Sentíamos la necesidad de recuperar la esencia de pueblo, que los niños crecieran en un entorno rural, en contacto real con la naturaleza". En esta pequeña localidad residen unos 300 vecinos.
Estamos viendo la fachada de la casa, que se restauró respetando al máximo la piedra original, sin intervenciones que distorsionaran su carácter.
Lo primero que se percibe al entrar en el jardín son las coníferas, que aportan privacidad, y un olivo que da carácter mediterráneo a todo el espacio. La mesa y las sillas metálicas, de la firma Dareels, completan un rincón pensado para el descanso al aire libre.
Nada aquí es accidental. Cada árbol fue elegido de manera consciente pensando en su evolución con las estaciones: un ginkgo, un tilo, un liquidámbar, un azufaifo y un falso pimentero se suman a la composición, cada uno con su lugar, su momento y su presencia a lo largo del año. Todas las plantas se benefician de mucha luz.
En las viviendas de pueblo situadas dentro del núcleo urbano suele escasear de luz natural, pero esta era una rareza. Como Susanna recuerda: "Esta, orientada al sur, era una excepción. Y eso lo decidió todo".
El jardín funciona como una extensión natural de la vivienda. La piscina y el pozo se integran en el paisaje sin interrumpirlo, mientras que el porche, equipado con mobiliario de Dareels, acoge un salón al aire libre muy vivido y disfrutado prácticamente durante todo el año.
En este caso, el pozo funciona como uno de esos hallazgos que ningún paisajista busca a propósito: un elemento ya existente que acapara casi todas las miradas, con permiso de un árbol centenario. "El olivo es el punto focal de todo el exterior, un árbol que ya estaba cuando llegamos y que tiene más historia que nosotros", revela la interiorista catalana.
Accedemos a la casa a través del recibidor, la primera estancia de una vivienda tricentenaria de 300 metros2. Su programa está pensado para vivir: cuatro dormitorios con el baño en suite, dos salas de estar (una en la planta baja junto al fuego, otra en el piso superior rodeada de una librería con despacho) y una cocina que actúa como corazón de la casa, en diálogo constante con el porche y el jardín. Espacios que fluyen entre sí sin que ninguno reclame más protagonismo que otro.
El resultado no responde a un estilo con nombre, sino a quien la habita: madera de castaño macizo en el mobiliario diseñado a medida, paredes de piedra vista y el blanco como punto de partida, siempre con la naturaleza presente. Una atemporalidad que es convicción, no tendencia.
Esa filosofía se percibe ya en la entrada, el primer contacto con la casa. "Desde el momento en que accedes, el espacio tiene que recibirte. No impresionarte, recibirte. Hay una fragancia, una temperatura, una luz que ya esperabas sin saberlo", explica Susanna
Vemos a la propietaria en el salón de la planta baja, un espacio acogedor y calefactado con una estufa de leña durante los meses fríos, pensado como un auténtico refugio. Las sillas, de Carl & Hansen & Søn, visten el rincón de lectura junto al fuego que ella y su familia disfrutan especialmente durante el invierno.
La elección de la leña no es casual y es uno de esos hábitos biofílicos que proporcionan bienestar. "Por el olor y por el calor. No hay nada que se le parezca. Una estufa de leña no es solo una fuente de calor, es una presencia, un ritual, un sonido", explica la interiorista.
La propietaria de esta vivienda lleva 25 años diseñando espacios desde su propio estudio, Susanna Cots Interior Design, una trayectoria profesional en la que sigue aprendiendo con cada proyecto. Rehúye las etiquetas, pero tiene claro cuál es su método: escuchar a las personas, al lugar y al tiempo.
Una filosofía que se materializa en cada decisión técnica: el mortero de cal en los pavimentos continuos, que permite la transpiración de los suelos y evita la humedad; la recuperación del techo de vigas y la bóveda catalana, lacada en blanco para unificar el conjunto y dar luz a todas las estancias; y la madera de castaño macizo, con la que ha diseñado a medida todo el mobiliario, en sintonía con la piedra vista de los muros.
Lo que hoy se etiqueta como biomateriales no es más que la piedra, la cal y la madera de toda la vida, y lo que se llama biohabitabilidad tampoco es un concepto nuevo en esta casa: son los muros de piedra que regulan la temperatura durante la mayoría de los meses del año y la ventilación cruzada la que refresca de forma natural.
La cocina, diseñada por la artífice del proyecto de reforma, cuenta con un ventanal panorámico que la une al verde exterior. Los taburetes, obra de artesanos locales, completan un ambiente pensado para ser el más vivido de la casa.
"La cocina el espacio donde la familia se encuentra, donde ocurre la vida cotidiana", cuenta Susanna, quien la considera el centro de su hogar. Tiene su alter ego en el porche, y es que cuando hace buen tiempo, la vida simplemente se desplaza hacia fuera.
En el piso superior, la presencia de piezas de arte moderno marca el carácter del espacio. "El arte no decora, habla", opina Susanna. Ninguna pieza está puesta por llenar un hueco: cada una responde a un porqué concreto, aportando escala, emoción y una capa de significado que los materiales, por sí solos, no pueden ofrecer.
En el distribuidor junto a la escalera se incorpora, de forma muy discreta, espacio de almacenaje con muebles blancos que se escamotean, además de un rincón íntimo equipado con un sillón capitoné.
Un espacio versátil para crear, trabajar y disfrutar
Lejos de ser un despacho convencional, este espacio refleja la filosofía de toda la vivienda. La sala de estar de la planta superior combina una amplia librería con una zona de trabajo presidida por una mesa de madera de Dareels y un flexo de gran formato. Un ambiente luminoso y flexible donde la familia estudia, teletrabaja, juega y dedica tiempo a sus hobbies, demostrando que funcionalidad y bienestar pueden ir de la mano.
La cama de la suite principal, de Gervasoni, preside un dormitorio marcado por dos elementos: la chimeneay el armario ropero recuperado, una antigüedad heredada de la abuela de su pareja y cargada de memoria.
Las cuatro suites comparten el mismo planteamiento, con el baño integrado sin separación abrupta, una decisión pensada para acompañar el crecimiento de la familia, desde la infancia hasta la edad adulta.
Es en este último espacio donde la casa resume, quizá mejor que ningún otro rincón, la esencia del slow design de Susanna Cots. Un hogar donde el tiempo parece detenerse, concebido para vivir sin prisas y donde la luz, los materiales naturales y el respeto por la historia del lugar crean una sensación constante de calma y bienestar.