La reforma de 'Casa Plató': una vivienda histórica que conserva toda la magia de su pasado cinematográfico
El estudio de arquitectura barcelonés h3o architects ha conseguido actualizar este singular inmueble respetando cada detalle que lo convirtió durante décadas en uno de los escenarios favoritos del cine
La historia de "Casa Plató" comienza a finales del siglo XIX, cuando una antigua masía de Gràcia se transformó en una residencia señorial gracias a la incorporación de una torreta, galerías, molduras y balaustres. Con el paso de las décadas, mientras el barrio se iba densificando y los jardines desaparecían para dejar paso a nuevos edificios, esta casa siguió conservando su gran espacio exterior y unos interiores prácticamente intactos, con sus muebles, alfombras, lámparas y espejos originales. Esa autenticidad la convirtió en el escenario perfecto para numerosas producciones cinematográficas, dirigidas por cineastas como Carla Simón y Carlos Marques-Marcet y protagonizadas por actores como Ángela Molina, Enric Auquer o David Verdaguer.
Cuando la vivienda pasó a manos de una nueva generación, surgió un reto poco habitual: adaptarla a la vida actual sin borrar todo aquello que la había convertido en un lugar único. El propietario rechazó varias propuestas que planteaban vaciar por completo los interiores y encontró en el estudio de arquitectura barcelonés h3o architects la sensibilidad que buscaba. "Nos explicó que otras propuestas que había recibido implicaban demoler por completo los interiores, algo que no encajaba con su deseo de preservar la memoria del lugar. Fue entonces cuando comenzamos a imaginar juntos un proyecto que equilibrara transformación y permanencia", recuerdan desde el estudio.
Si una estancia resume el espíritu de "Casa Plató", esa es el comedor. Aquí no se ha tocado prácticamente nada: el papel pintado original, las molduras de yeso, las baldosas hidráulicas, las alfombras, las lámparas, los espejos y los radiadores siguen exactamente donde estaban, como si el tiempo hubiera decidido detenerse entre estas paredes.
Los arquitectos lo describen como "una estancia fosilizada, que actúa como una cápsula del tiempo y que preserva intacta la memoria emocional y estética de la casa". Una decisión que ayuda a entender la filosofía del proyecto: cuidar lo que ya tenía valor antes de pensar en transformar.
La intervención se concentró principalmente en la planta baja y los espacios exteriores más próximos. Uno de los cambios más importantes fue la incorporación de una pequeña terraza al interior de la vivienda para mejorar la conexión con el jardín. Además, se restauraron con mimo los elementos patrimoniales de la casa: pavimentos hidráulicos, radiadores antiguos, molduras y la paleta de color original, reforzando esa sensación de continuidad que acompaña toda la reforma.
Antes de dibujar un solo plano, el equipo revisó las películas rodadas en la casa. No buscaban inspiración estética, sino comprender cómo se había visto ese lugar durante décadas. "A través de estas películas pudimos observar cómo se había representado la cocina, los pasillos o la sala, y esto nos ayudó a definir una intervención casi quirúrgica, que respetara la identidad cinematográfica y doméstica de la casa al mismo tiempo", explican los arquitectos. Ese trabajo dio lugar a una paleta cromática basada en los acabados originales para que las nuevas pinturas encajaran con los colores que habían quedado inmortalizados en la gran pantalla.
La cocina antigua se mantiene casi tal cual llegó a nuestros días, con sus muebles de madera pintada y el fregadero de mármol como testigos silenciosos de todo lo que ha pasado por ahí. El equipo optó por una intervención precisa: ampliar el espacio y poner al día solo lo esencial, sin tocar ese carácter que la hace reconocible
El pavimento oscuro se ha renovado con piezas nuevas del mismo tono, y a esa base original se han sumado una campana blanca de diseño geométrico, una repisa de madera y una mesa integrada del mismo material, que le dan al espacio más calidez y más uso real. Los azulejos y el mobiliario de siempre comparten protagonismo con estas piezas nuevas sin que se note la costura entre lo viejo y lo nuevo.
El nuevo baño se inspira en los espacios domésticos de los años treinta y en ese imaginario higienista tan propio de los primeros pasos de la arquitectura moderna. Las paredes de gresite blanco, el pavimento oscuro y un lavabo de acero inoxidable y mármol de formas ondulantes construyen un espacio que parece sacado de otra época, pero perfectamente cómodo para el uso diario.
El elemento más llamativo del baño es, sin duda, la ducha circular rodeada por una cortina perimetral, que convierte el gesto más cotidiano del día (ducharse) en algo bastante teatral. Espejos circulares, griferías de formas curvas y lámparas de época terminan de darle a este rincón un aire atemporal, con esa personalidad cinematográfica que recorre toda la casa.
Uno de los detalles más divertidos de la reforma es la ventana circular pivotante, con esas formas ondulantes que veíamos también en el baño. Su gracia está en que no se queda encerrada en una sola estancia: hace de bisagra entre dos espacios y deja que las miradas se crucen de uno a otro.
Los arquitectos lo cuentan mejor que nadie: "Las formas ondulantes recuerdan a la arquitectura modernista. El modernismo recuperó estas geometrías que son marinas, que forman parte de la naturaleza, son más orgánicas. Nos gustó la idea de introducir estas formas en algunos elementos, como esta ventana, que parece un ojo que se abre y se cierra y permite miradas cruzadas entre estancias".
Llevar más luz al interior era otro de los objetivos del proyecto, pero tampoco aquí se optó por soluciones evidentes. Se abrieron tres nuevas ventanas estratégicamente situadas para iluminar las zonas más oscuras de la vivienda. Una de ellas permanece oculta tras un falso cuadro.
Los arquitectos lanzan una pregunta que resume perfectamente el espíritu de esta decisión: "¿No es inevitable pensar en el imaginario de las casas aristocráticas donde se esconden secretos tras el lienzo y tras los libros de la biblioteca?"
Si caminas por la calle nunca imaginarías lo que se esconde detrás del muro de piedra y la puerta de hierro. El jardín de la vivienda, uno de los últimos pulmones verdes del barrio, mantiene toda su magia: las casetas para los gansos, los aros de cerámica azul, la fuente de aires grotescos y el mobiliario de exteriorque permanece desde hace décadas.