Echemos la vista atrás para visualizar una Barcelona en plena efervescencia. Estamos a finales del siglo XIX, momento en el que la Exposición Universal de 1888 había resultado ser todo un éxito y los círculos sociales más pudientes comenzaban a desvelar sus inquietudes artísticas. Sobran los motivos para afirmar que el arte en particular y las ganas de comerse el mundo en general vivían un momento notable, y son muchos los ejemplos que lo prueban. La arquitectura se convirtió, en este momento, en un signo de estatus social de la próspera burguesía.
Uno de los caprichos más fragantes del buen momento que atravesaba la ciudad y su clase alta era poseer una casa modernista, algo que marcó la personalidad arquitectónica de Barcelona. Afortunadamente, y más de cien años más tarde, podemos dar buena cuenta de ello. Gracias a esto, hoy en día encontramos extraordinarios ejemplos donde las expectativas y las vanidades de los burgueses quedaban reflejadas en forma de vivienda.
La Casa Vicens, el primer edificio diseñado por Gaudí
El primer gran encargo a Gaudí, una vez terminada su licenciatura de arquitectura, (hasta la fecha solo había trabajado en mobiliario urbano y elementos de la arquitectura industrial) fue un encargo de Vicens Martorell, un burgués cuya fortuna procedía de la bolsa, que pidió a Gaudí una casa de veraneo en Gràcia. Si hoy visualizásemos el mapa de la ciudad de finales del siglo XIX, entenderíamos que lo que hoy conocemos como el barrio de Gràcia, por aquel entonces era un pueblo separado de Barcelona que ya comenzaba a despertar cierto interés cultural. Dos son los tiempos que marcan la vida de esta casa: su creación y su posterior ampliación.
Cuando Vicens Martorell fallece, en 1895, la casa es adquirida por su segundo propietario (en 1899), un indiano que procede de La Habana y que escoge Barcelona como su lugar de residencia. Ahora ya no hablamos de un pueblo, sino de Gràcia como un barrio de la ciudad. Hoy esta casa pertenece al Patrimonio de la Unesco y se visita, tanto de forma libre como guiada, para comprender su historia y su valor hasta convertirse en museo: casavicens.org.
Gaudí más allá de Barcelona
Pero volvamos al siglo XIX. Porque este movimiento artístico y cultural no solo puede disfrutarse en Barcelona, también hay otras obras tremendamente espectaculares, aunque menos conocidas, en sus zonas limítrofes y otras provincias.
Santa Coloma de Cervelló, el comienzo de la ruta
Comenzamos nuestra ruta en Santa Coloma de Cervelló, una de las localidades de paso obligado para conocer parte del legado de Gaudí fuera de Barcelona. Aquí, además de recorrer las calles de la colonia industrial del siglo XIX, se puede encontrar la cripta de la Colonia Güell, que según los rumores fue el taller donde el maestro ensayaba para la Sagrada Familia. Esta cripta modernista fue construida entre 1908 y 1915 y fue Eusebi Güell, su gran mecenas, quien encargó su construcción con el objetivo de proporcionar a los trabajadores de la Colonia un edificio religioso y de culto.
El objetivo de su construcción era alejarse de la ciudad, donde crecían los movimientos sindicales, y plantear las casas de los obreros al lado de la fábrica, integrándolas en la misma propiedad. En un principio no se contempló la construcción de una iglesia, ya que se utilizó una pequeña capilla existente, pero cuando se quedó pequeña por el crecimiento de la población de la colonia, Güell decidió encargar a Gaudí una iglesia de nueva planta que pudiera acoger a todos los habitantes. Sin embargo, poco se imaginó Güell que Gaudí le haría una propuesta tan sobria, austera y radical, pero el arquitecto se basó en el cometido de Güell de realizar un lugar de culto que armonizara con la arquitectura no convencional de las viviendas de los trabajadores, con el bosque cercano y con el desnivel de la colina donde se proyectó.
Pese a llamarse Cripta Güell, en realidad no se encuentra bajo tierra, ya que todas las ventanas de la iglesia dan a la calle. Es por tanto la nave inferior de la iglesia, que quedó inacabada, como reflejan las escaleras laterales del pórtico que, aunque en la actualidad no comunican con nada, si el proyecto se hubiese completado, permitirían el acceso a una iglesia superior.
Mataró, donde visitamos la Nau Gaudí
Continuamos la ruta en la localidad de Mataró, para visitar la Nau Gaudí, declarada Monumento Histórico-Artístico en 1969 y Bien Cultural de Interés Nacional en 1982, el primer edificio que construyó el arquitecto modernista y que, en sus orígenes, formaba parte de la fábrica que realizó por encargo de la Sociedad Cooperativa Obrera Mataronense, un proyecto mucho más amplio y ambicioso, ideado entre 1878 y 1883. Aquí, el arquitecto experimentó con los arcos parabólicos como elementos estructurales. Sin ellos, Gaudí no habría desarrollado las fórmulas que posteriormente usó para proyectar el desván de La Pedrera o la famosa maqueta de la iglesia y la colonia Güell.
Desde noviembre de 2010,, este magnífico edificio es la sede de la Colección Bassat (naugaudi.cat) que constituye uno de los fondos más representativos del arte catalán de la segunda mitad del siglo XX. Cuenta con más de 2.000 piezas pictóricas y escultóricas, que se complementan con un amplio fondo de obra gráfica. La Nau Gaudí acoge también exposiciones temporales de arte contemporáneo y actividades para todos los públicos.
Artigas, unos jardines únicos
Hay que dirigirse hasta la localidad de Pobla de Lillet para pasear por los Jardines Artigas, el único jardín húmedo proyectado por Gaudí y un buen ejemplo de fusión entre arquitectura y naturaleza. Otro de esos encargos de Eusebi Güell que, realizado entre 1905 y 1906, parece tener notables similitudes con el Park Güell, el parque barcelonés en el que trabajaba Gaudí en 1905. Al parecer, el propio Gaudí, al volver a Barcelona, ya con el proyecto del Chalé de Catllaràs, envió a la Pobla de Lillet a dos albañiles con el propósito de que empezasen las obras de construcción del jardín que había diseñado. Como en muchas otras de sus obras, el genial autor catalán llenó de arcos y simbología el espacio.
Los jardines fueron restaurados en 1992, bajo la supervisión de la Reial Càtedra Gaudí, y las esculturas actuales son obra de Ramon Millet i Domènech.
Josep Maria Jujol, el discípulo de Gaudí
Hacemos la última parada en Sant Joan Despí, donde el arquitecto modernista Josep Maria Jujol, discípulo y colaborador de Gaudí, construyó, entre otros edificios, una casa de veraneo llamada Torre de la Creu. Fue construida entre los años 1913 y 1916 y cuenta con cinco cilindros de planta circular que acogen las estancias, a las que se accede subiendo por unas sinuosas escaleras de caracol en una más que interesante visita. Está declarada Bien Cultural de Interés Nacional como monumento histórico.
MUY PRÁCTICO
Dónde comer y alojarte en la ruta de Gaudí
En el mismo centro de Mataró, de aspecto desenfadado y ambiente industrial, la pareja de cocineros Òscar Pérez y Mar Arnalot ha elevado a los altares la oferta gastronómica de la ciudad con su restaurante Dos Cuiners, centrada en una carta de raciones pensada para compartir. De base catalana y con detalles de fusión, ofrecen un menú económico al mediodía, un interesante ‘pica pica’, también se puede optar por un menú más gastronómico.
Para alojaerse, nos quedamos con El Castell, de La Pobla de Lillet. Situado en el casco antiguo de esta localidad y regentado por el matrimonio formado por Álvaro y Montse, se construyó originalmente en 1927 y ha sido transformado en un bonito lugar para alojarse. Cuenta con cocina abierta, spa y preciosas vistas a la montaña.












