Hace unos días, Lucía Pombo enternecía a sus seguidores al compartir un vídeo en el que se apreciaban con total nitidez las pataditas de su bebé recorriendo su vientre. La influencer, que espera su primer hijo y se encuentra ya en el sexto mes de embarazo, mostraba esas imágenes tan características de esta etapa, capaces de emocionar incluso a quien no está esperando un bebé. Con motivo de este momento tan especial, hemos hablado con dos ginecólogas para entender mejor qué significan estos movimientos fetales, por qué se ven con tanta claridad y qué deben saber las futuras madres cuando sienten (o dejan de sentir) esas pequeñas “pataditas”.
¿Qué son los movimientos fetales?
Tal y como nos explica la doctora Cristina Redondo, jefa de equipo del servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Vithas Madrid La Milagrosa, los movimientos fetales (MF) son la expresión clínica de la actividad neuromuscular del feto. “Reflejan que el cerebro del bebé está desarrollándose y funcionando. Sirven para saber, de manera indirecta pero muy sensible, si el bebé está bien, sobre todo en el tercer trimestre. Cuando un feto deja de moverse, esto puede deberse a esté sucediendo algo patológico”, nos cuenta la experta, que añade que esto no quiere decir que siempre que dejemos de percibir movimientos fetales algo va mal, sino que son una herramienta muy útil para anticipar y descartar anomalías.
“Desde el punto de vista médico, hablamos de movimientos fetales para referirnos a cualquier movimiento activo del bebé: patadas, giros, estiramientos o incluso movimientos más sutiles como hipo o cambios de postura”, añade por su parte la doctora Marta Sánchez-Dehesa, ginecóloga y jefe del equipo de Ginecología y Obstetricia del HM IMI Toledo y directora de la Unidad de Reproducción del HM Fertility Center de Toledo (reproduccionasistidatoledo.es). Nos cuenta que “estos movimientos aportan información valiosa sobre el bienestar fetal”.
“Un bebé activo suele ser un bebé bien oxigenado, con un sistema nervioso en desarrollo adecuado. Por el contrario, una disminución significativa o un cambio brusco en el patrón habitual de movimientos puede ser un signo de alerta. En la práctica clínica, sabemos que ante situaciones como una alteración en el aporte de oxígeno o nutriente, el feto tiende a reducir su actividad como mecanismo de defensa. Por eso, la percepción materna de los movimientos sigue siendo una herramienta sencilla, pero extraordinariamente útil, para la vigilancia del embarazo”, comenta la doctora Sánchez-Dehesa.
Lo importante no es cuándo empiezan exactamente, sino que, una vez que se reconocen, los movimientos sigan
¿Por qué son un indicador tan importante durante el embarazo?
La doctora Redondo coincide en que constituyen “uno de los indicadores más precoces, accesibles y sensibles del bienestar fetal, especialmente desde la segunda mitad del embarazo”. Nos cuenta cómo la presencia de movimientos normales implica un cerebro funcional y una coordinación neuromuscular adecuada. Y, sobre todo, son un indicador indirecto de que el bebé está bien oxigenado.
“Lo importante no es cuántas veces se mueve, sino que mantenga su patrón habitual. Cada bebé tiene su propio ritmo, y la madre suele reconocerlos perfectamente y, por eso, cuando nota a su bebé activo como siempre, es un signo muy tranquilizador. En cambio, si los movimientos disminuyen de forma clara o cambian, puede ser una señal de alerta. En esas situaciones, recomendamos consultar siempre para ver que todo está bien”, recomienda la doctora Sánchez-Dehesa, que nos comenta que una disminución o cambio brusco en ese patrón puede ser una de las primeras señales de compromiso fetal, de ahí su enorme valor como herramienta sencilla y precoz de control del bienestar durante el embarazo.
¿Cuándo suelen empezar a notarse?
La doctora Redondo indica que normalmente empiezan a notarse en torno al cuarto o quinto mes. “Un poco antes en mujeres multíparas que en aquellas en las que es el primer embarazo”, detalla.
Coincide la doctora Sánchez-Dehesa: “Lo habitual es empezar a notarlos entre las semanas 19 y 22 de embarazo. En mujeres que ya han estado embarazadas antes, pueden notar estos movimientos incluso un poco antes, porque reconocen mejor esa sensación”.
Les planteamos a las expertas por qué varía la sensación en función de cada mujer. “Es completamente normal y tiene varias explicaciones como por ejemplo, la posición de la placenta, ya que cuando está en la parte anterior del útero puede hacer que se notes menos estos movimientos y hacer que se perciban más tarde”, comenta la doctora Sánchez-Dehesa, que nos explica que también intervienen factores como la sensibilidad de cada mujer o su constitución física.
“Además, aunque el feto se mueve desde la semana 7–8, la percepción requiere un tamaño suficiente, fuerza de impacto contra pared uterina y conexión perceptiva materna”, comenta la doctora de Vithas.
“Desde el punto de vista médico, esta diferencia en el momento de percepción no suele tener importancia siempre que sea alrededor de estas semanas. Lo importante no es cuándo empiezan exactamente, sino que, una vez que se reconocen, los movimientos sigan”, matiza la doctora Sánchez-Dehesa.
¿Cómo cambian los movimientos del feto a lo largo del embarazo?
La especialista de HM IMI Toledo detalla que, a lo largo del embarazo, los movimientos fetales evolucionan en intensidad y calidad más que en cantidad: “Al inicio son leves y esporádicos; en el segundo trimestre se vuelven más claros y frecuentes. En el tercer trimestre, aunque el espacio es menor, no deben disminuir: se perciben más como empujes, estiramientos o cambios de postura que como ‘patadas’ amplias”.
La doctora Redondo define los que se notan en el segundo trimestre como movimientos irregulares y suaves, parecido a un aleteo o burbujeo. “Al final del segundo e inicio del tercero, aumentan en frecuencia intensidad y complejidad motora. En el tercer trimestre, los movimientos son más potentes y definidos, hay más estiramientos, giros, empujes sostenidos”, nos cuenta.
¿Es normal que al principio se confundan con gases o sensaciones difusas?
Algo que comentan muchas embarazadas es que esos movimientos del feto se confunden, en ocasiones, con una sensación similar a la de los gases. “Es muy normal. Al principio se describen como gases, retortijones, vibraciones o mariposas”, comenta la especialista de Vithas.
“Al inicio, los movimientos fetales son muy sutiles y muchas mujeres los describen como burbujeo, o pequeñas vibraciones, por lo que es fácil confundirlos con gases o sensaciones digestivas. Con el paso de las semanas, esos movimientos se vuelven más claros, rítmicos y reconocibles, lo que permite diferenciarlos sin dificultad”, indica por su parte la doctora Redondo.
Los movimientos en el tercer trimestre
También es habitual que, a lo largo del tercer trimestre, algunas mujeres sientan que el bebé “se mueve menos”. “Muchas veces no es que el feto se mueva menos, sino que tiene menos espacio dentro del útero, y los movimientos son menos bruscos. Por eso, no siempre hay que alarmarse si notamos que el bebé se mueve menos, sobre todo si esto sucede de manera progresiva al final del embarazo”, explica la doctora Redondo.
Es una situación normal, pues como nos comenta la doctora Sánchez-Dehesa, en el tercer trimestre el bebé ha crecido mucho y dispone de menos espacio dentro del útero, por lo que sus movimientos cambian: hay menos patadas amplias y más sensación de empujón, estiramientos o leves giros, que pueden sentirse como menos evidentes.
Otros factores que influyen en que la mujer perciba los movimientos fetales
“Existen varios factores, unos son maternos y otros fetales. Entre los maternos, la actividad física (cuanto más activa esté la mamá, menos percepción), la toma de ciertos medicamentos, el estrés, el ayuno... Entre los factores fetales, están sus propios ciclos de sueño, la posición de la placenta o la cantidad de líquido amniótico”, cuenta la doctora Redondo.
“También influye la actividad materna, si una mujer está trabajando o fuera del hogar, los movimientos pasan más desapercibidos que cuando está en reposo, donde los va a notar más. También influye la complexión, es decir las mujeres más delgadas notan más los movimientos que si tienen sobrepeso u obesidad. Además, aspectos como el estrés, el cansancio o la atención que se presta en el día a día pueden modificar la percepción, no es que el bebé se mueva menos, sino que se nota menos”, añade la doctora Sánchez-Dehesa.
La actividad fetal sí tiende a ser mayor durante la noche y en momentos de reposo materno
¿Qué papel juega el ritmo circadiano del bebé?
Hay mujeres que apuntan que notan más al feto por la noche. Tal y como nos explica la doctora de Vithas, el feto alterna fases de sueño activo y sueño tranquilo. “Estos ciclos suelen durar una media hora más o menos, aunque al final del embarazo pueden prolongarse hasta una hora u hora y media. La actividad fetal sí tiende a ser mayor durante la noche y en momentos de reposo materno. Por este motivo, es frecuente que muchas gestantes refieran que el bebé se mueve más cuando se acuestan”, apunta.
Y es que no podemos perder de vista que el feto desarrolla su propio ritmo de sueño y vigilia a lo largo del embarazo. “Alterna periodos de actividad con fases de descanso. Aunque es cierto que muchas mujeres perciben más movimientos por la noche, esto no es porque el bebé sea necesariamente más activo, sino porque la madre está en reposo, hay menos estímulos externos y presta más atención”, indica la doctora Sánchez-Dehesa, que añade que durante el día, el movimiento y la rutina pueden hacer que no detectemos esa actividad fetal.
¿Cuándo debe una embarazada preocuparse por una disminución de movimientos?
Cuando una mujer no nota los movimientos del feto, puede sentir preocupación. Es algo normal, sobre todo cuando percibe una disminución clara o ausencia de movimientos fetales respecto al patrón habitual de su bebé, especialmente en tercer trimestre.
“Lo más importante es el cambio subjetivo: cada feto tiene su propio patrón, y la madre suele identificar bien cuándo algo no es normal”, comenta la doctora Redondo, que nos explica cuándo debemos valorar la situación de forma práctica:
- No percibir movimientos durante varias horas en un periodo en el que normalmente hay actividad.
- Notar que el bebé se mueve mucho menos de lo habitual.
- Ausencia completa de movimientos tras intentar estimularlos (reposo, ingesta, etc.)
“Cualquier disminución persistente de movimientos fetales debe ser evaluada, incluso si posteriormente se reanudan”, concluye.







