Hace unos días, la cuenta oficial de la Casa Real británica anunció que la princesa Eugenia de York y Jack Brooksbank esperan a su tercer hijo para este verano. "Su Majestad el Rey ha sido informado y está encantado con la noticia", dice un comunicado en el mismo canal por el que se estaban publicando las imágenes de Carlos III en su viaje de Estado y otros actos de la máxima relevancia para la jefatura del Estado. Lo llamativo, al margen del momento, marcado por la vinculación del príncipe (o expríncipe en teoría) Andrés de York con Jeffrey Epstein, es que este anuncio, revestido de "todos honores" -fotografía, mensaje oficial y palabras del rey- es que recuerda al silencio institucional que siguió al segundo embarazo del príncipe Harry y Meghan Markle anuciaron su segundo embarazo. Ambos son bebés Windsor y están en la línea sucesoria al trono británico, entonces, ¿qué ha cambiado para que uno se celebre desde el Palacio de Buckingham y el otro no?
"Su Alteza Real, la princesa Eugenia y el señor Jack Brooksbank están muy contentos de anunciar que esperan su tercer hijo juntos, para este verano. August (5 años) y Ernest (2 años) también están muy emocionados de que otro hermano se una a la familia", cuenta la publicación del 4 de mayo en la que los dos hijos de la princesa Eugenia sostienen una ecografía en una imagen del todo casera e improvisada. De este modo, una noticia inequivocamente feliz, es hábilmente aprovechada por la oficina del rey Carlos III para lanzar un mensaje que se había difuminado a raíz de los últimos archivos del Departamento de Justicia de los Estados Unidos relativos al Caso Epstein: las princesas York siguen estando protegidas en este reinado, con independencia de los hechos que hayan podido cometer sus padres, el príncipe Andrés y Sarah Ferguson, que, de momento, no se han juzgado.
Con este comunicado, el Palacio de Buckingham viene a recordar la posición de la princesa Eugenia dentro del sistema, como un miembro de la realeza, de la institución y también como una de las queridas sobrinas de Carlos III. Eugenia de York goza de un estatus propio, ya que es princesa británica, a diferencia de su primas Zara (Phillips) Tindall y Lady Louise Mountbatten-Windsor, puede asumir labores puntuales de representación, pero también tiene un trabajo propio a título privado y se le permite tener sus propios canales de comunicación. Un marco que recuerda mucho al que solicitaron los duques de Sussex en el año 2020 y fue denegado.
No sorprende que días después del anuncio, Eugenia de York regresara a la vida social acudiendo a una jornada de prensa en el Soho, con motivo de un evento de compras y cuidado personal para bebés y niños. Es un primer paso para recuperar una agenda pública que sus padres le han hecho muy difícil mantener, dado el tono, la intimidad y el alcance de las conversaciones e imágenes que se desclasificaron entre los duques de York (título que tampoco usan pero que les sigue perteneciendo) y el magnate Jeffrey Epstein, piedra angular de la que parece ser la mayor red de tráfico sexual de menores vinculada al poder que se ha descubierto hasta ahora.
Regresando al tema de los embarazos, ¿qué distingue uno de otro? No es la posición del bebé en la línea sucesoria. Lilibet Mountbatten‑Windsor, princesa por derecho propio desde el reinado de Carlos III, nació como bisnieta de Isabel II; mientras el tercer hijo de Eugenia, un "bebé Brooksbank" como dice ella, vendrá al mundo sobrino nieto del actual rey. La diferencia no está ahí.
La clave es que, ocurriera lo que ocurriera dentro de la Casa York, sus princesas nunca han desafiado públicamente ni la jerarquía real ni la obediencia dinástica ni los cauces oficiales. Esa disciplina y esa lealtad, tanto a Isabel II, como a Carlos III y al príncipe Guillermo, indiscutibles jefes de la casa, les ha permitido mantener una dualidad única entre vida privada y pertenencia institucional, mientras que Harry y Meghan no solo operaban fuera del sistema, es que además iban públicamente en contra.
Esto se refleja con claridad en la forma de anunciar el embarazo. Eugenia de York deja todo el protagonismo de su noticia en manos del rey, es su oficina la que decide los tiempos, el modo y la historia, mientras ella proporciona una foto doméstica, nada demasiado impactante, nada que pase a a la historia. El príncipe Harry y Meghan Markle se sitúan en el centro de la historia: "El duque y la duquesa de Sussex están encantados de estar esperando su segundo hijo". Un comunicado que compartieron directamente a los medios y en el que todo estaba estudiado para construir su propia narrativa, una que no era la oficial y que venía a reivindicar su propia voz en la historia.
Los duques de Sussex eligieron comunicar la noticia el 14 de febrero de 2021, un homenaje a la princesa Diana de Gale exactamente 37 años después, el 14 de febrero de 1984, de que la Casa Real británica anunciara que esperaba su segundo hijo. La imagen elegida, no puede ser más distinta que la de la princesa Eugenia, también es una escena privada, pero es una foto más personal, centrada en la pareja, en su historia de amor y firmada por el fotógrafo y amigo de la pareja, Misan Harriman, activista británico nacido en Nigeria, una foto en blanco y negro de las que sí se recuerdan. Las diferencias son claras, aunque ambos, Harry entonces y Eugenia ahora, atravesaban momentos de cierta fragilidad reputacional y, sus estrategias fueron opuestas. Los Sussex apostaron por su propia voz; mientras las York siguen pegadas a los cauces de una institución que se ha visto obligada a expulsar a sus padres.
El silencio ante el segundo embarazo de los duques de Sussex fue muy comentado, incluso en prensa generalista, algo que pudo tener que ver con lo que sucedió meses después cuando nació Lilibet Diana Mountbatten-Windsor. Entonces todos se sumaron a las felicitaciones por el nacimiento de forma pública. "La Reina, el príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles, y el duque y la duquesa de Cambridge han sido informados y están encantados con la noticia del nacimiento de la hija del duque y la duquesa de Sussex". Tras la nota, la Familia Real británica compartió una publicación en la que mandaban un mensaje de "¡Felicidades a los duques de Sussex por el nacimiento de Lilibet Diana!, junto a una imagen de la pareja en el día de su boda real, recordando a su vez que la recién nacida era la "undécima bisnieta de la reina".
Es más, un símbolo de lo que parecía un acercamiento, es que el primer retrato oficial de la niña fue tomado en suelo británico, también por Misan Harriman, y concidiendo con el Jubileo de Platino de Isabel II en junio de 2022, dos meses antes del fallecimiento de la soberana, porque hay que recordar que los Sussex siempre sacaron a la reina de sus argumentos para la salida, dejando claro que el problema era con la institución y solo con parte de la familia real, con el tiempo, y tras el acercamiento entre Carlos III y el príncipe Harry de septiembre de 2025, ha quedado claro que la batalla siempre fue cosa de hermanos.














