La maquilladora Pat Grath convertía en viral hace unos meses el colorete María Antonieta, un blush excelso con el que viajábamos a la película de Sofia Coppola y a Kirsten Dunst con las mejillas encendidas. Prabal Gurung, Nº 21 o Chloé han subido el rubor a la pasarela como acompañante de lujo de sus colecciones de primavera/verano 2026 y, en la calle, el highlighter y el contouring ya no colonizan el rostro y sí lo hacen los diferentes matices de rosa.
A lo grande, como si hubiesen despertado de un largo invierno. “El colorete ha pasado de ser accesorio a un pilar fundamental de nuestra rutina. La vitalidad con la que eleva el maquillaje resulta impactante”, asegura Nerina Freán, make up expert de Prada Beauty. “Vitalidad”. En esta palabra está el quid. Porque de lo que se trata es de dar vida al rostro, y en un producto tan sencillo, fácil de usar y que nos podemos permitir a diario encontramos la savia.
'Mood make up'
Risa, enamoramiento, paseos por el campo, recuerdos de la niñez… el rubor está presente en las situaciones más agradables de la vida y el colorete nos ayuda a recrearlas. “Hemos construido la idea de que las mejillas sonrosadas evocan algo muy especial. Para empezar, en ellas subyace la salud. Nos ponemos colorete porque buscamos optimismo, lo cual se ha convertido en una aspiración constante”, afirma el maquillador Baltasar González Pinel, director artístico de M.A.C Cosmetics.
Si echamos la vista atrás, al acuñado en el año 2000 como lipstick index, un marcador social que indica que en tiempos de incertidumbre económica la gente se gratifica con pequeños caprichos asequibles, casi que podríamos hablar de un blush index. “Estamos viviendo un momento en el que el colorete está teniendo mucha relevancia. Al ponértelo, te ves mejor, más sana, más vital, y esto imprime en tu interior una postura de inicio distinta”, subraya el experto.
El bienestar está en el foco de lanzamientos como el nuevo colorete de Prada Beauty, que más allá de una herramienta de maquillaje pretende ser una vía para conectar con la rutina de belleza de manera más libre. “No queremos corregir el rostro, sino ofrecer productos con los que inspirarse, explorar y divertirse cada día”, apunta la make up expert de la firma.
¡Qué bien me siento!
Importa el colorete, pero también esos segundos que dedicamos a aplicarlo. Según la psicóloga Sofía García-Faya, la neurocosmética explica que el propio gesto que hacen tus manos en contacto con la piel cuando lo estás deslizando es un estímulo sensorial que activa áreas cerebrales relacionadas con el placer o la motivación.
El cerebro interpreta mayor bienestar en el gesto que hacen las manos en contacto con la piel cuando te maquillas
“Esto lo convierte en una buena estrategia de regulación emocional. Un maquillaje sencillo, que te dé un efecto de ‘buena cara’, mejora el ánimo, suaviza la autocrítica y nos ayuda a sentirnos más seguras y preparadas para afrontar situaciones sociales o laborales. El cerebro interpreta mayor bienestar, y esto puede desencadenar esa sensación poderosa de ‘soy capaz’”, confirma. Siempre que seas tú -eso sí- quien elija “ruborizarse” y no haya detrás una sensación de obligación.
4 trucos 'pro'
- Con efecto “relleno”: “Aplica el colorete de forma centrada, alineado con tu pupila, con una brocha grande y suave”, cuenta Nerina Freán, de Prada Beauty.
- Trazo juvenil: “Modula la intensidad del color extendiéndolo en capas desde el centro de la mejilla, subiendo por el alto de los pómulos en dirección a las sienes y casi tocando la línea inferior de las pestañas”.
- Monocromático: “Aplica el colorete con la yema de los dedos por encima de los pómulos, en párpados superiores y labios, difuminando bien los contornos con una brocha mediana”, explica la maquilladora.
- Blonzing : La experta anima a probar la mezcla de bronzer y blush. “Mi combo favorito: colorete rosado en mejillas combinado con uno marrón en párpados y labios”.











