Sonsoles Ónega es uno de los rostros más queridos del espacio mediático. La presentadora de televisión —que comenzó su trayectoria alejada de la crónica social de la que hoy es una de las comunicadoras estrella—, debido a su innegable carrera frente a las cámaras y el innegable apoyo del público que recibe, ha sido elegida para dar el pistoletazo a la verbena más esperada por todos los madrileños: San Isidro, el patrón de la ciudad.
La periodista y escritora —que en febrero publicaba Llevará tu nombre, su séptima novela— ha dado el pregón a la fiesta más chulapa de la capital, cuyo día homónimo es el 15 de mayo, este jueves 7 en la castiza Plaza de la Villa, localización histórica para el discurso de inicio para la semana repleta de festivos de la Madrid.
"Voy a entregar el testigo de este nuestro querido programa a Pepa Romero porque me voy a pregonar Madrid, si se puede con la lluvia", advertía entre risas Sonsoles, a media tarde, antes de dejar su programa para dirigirse a este importante evento de la capital; el cual ha tenido comienzo a las 20:00. "Si no se puede pregonar Madrid, pues ya me tomaré algo en la plaza de la Villa, que es un escenario al que solo te invitan una vez en la vida y he dicho que sí", indicaba con su característico buen humor.
Recibida entre aplausos, saludos y peticiones de fotos —y al ritmo del mítico chotis de Agustín Lara, Madrid y con la espectacular Si te casas en Madrid de Olga Ramos de fondo— Sonsoles ha llegado poco antes de la hora fijada al emblemático escenario, donde ha protagonizado escenas de lo más enternecedoras y divertidas con los admiradores que se han acercado para escuchar su mensaje.
Desde el balcón de la Casa de la Villa —y en compañía del alcalde, José Luis Martínez-Almeida, miembros del equipo de Gobierno y representantes de los grupos municipales—, el periodista ha pronunciado unas emocionantes palabras de amor a la popular verbena y la ciudad que la alberga.
Un poema de amor a la capital
"Madre del amor hermoso...", han sido sus primeras palabras al ver, desde arriba, a todos los que se han acercado a escucharla. "Querida ciudad de Madrid, madrileños madrileñas, los cabezudos y los gigantes, ¿dónde están los barquilleros, los danzantes, los chulapos?", ha pronunciado Sonsoles, agradeciendo y saludando a sus acompañantes en el balcón y a todos los presentes —entre los que se encontraban su hermana, Cristina, sus hijos, y la mujer de su padre, el recordado Fernando Ónega—, indicando que, antes del discurso preparado para la ocasión —repleto de símiles, casi como si de un poema a la capital se tratase, con el que ha demostrado su espectacular prosa—, "os quiero hacer dos confesiones".
Las dos, en pro de "sacudir el demonio de los nervios"; las dos, una representación absoluta del respeto a la ciudad y a los vínculos que mantiene con ella, los cuales trascienden generaciones. "La primera es una confesión de orgullo por haber sido invitada a este balcón a pregonar nada más y nada menos que mi ciudad. Y la ciudad de mi madre, Marisol, y la de mi abuela Sole, y la de mi bisabuela Julia", ha expresado Sonsoles, antes de recalcar que, la segunda, es "de miedo". "De miedo por falta de magisterio en esto de los pregones; así que a todos los que esta tarde me escucháis, os pido indulgencia", apostillaba.
Un miedo que no le ha impedido, finalmente, dar su precioso discurso, para el que ha utilizado "una lengua universal", un "lenguaje sin diccionarios que todos entendemos, y es la lengua de la emoción". Con la humildad y sencillez que tanto la caracterizan, ha indicado que "como mejor sepa, hoy vengo a conjugarla con todos vosotros".
"Madrid, ¿quién me iba a decir a mí que un día te pregonaría, y a tu patrón San Isidro, tan jornalero como quien os habla; sin la esperanza, eso sí, de acabar Santa, ni de obrar más milagro que el de cumplir con este encargo de ser, Madrid, tu pregonera", comenzaba así su mensaje, recapitulando varios homenajes que la capital ha recibido por parte de la cultura a lo largo de los siglos. Por ello, ha subrayado que "quizás sea imposible pregonar a Madrid de tanto como se ha dicho, de tanto como se le ha cantado, y de tanto como le ha bailado... De tanto como se le ha pregonado desde este mismo balcón".
"Así que, madrileños, decidme vosotros por dónde se empieza el pregón de Madrid", planteaba, expresando con gracia que, "si empiezo por Cibeles, ¿qué hago con Neptuno, Alcalde?". "Cualquiera empieza por la Gran Vía, teniendo el Prado y la Castellana", ha continuado, subrayando que "he pensado empezar por aquí y decir que ¡viva la Plaza de la Villa!". "Apenas a un kilómetro del kilómetro cero de todas las ilusiones", ha reconocido sobre la localización, indicando que "esa es precisamente la suerte que tiene Madrid".
"Es el sueño de las provincias, es la primera vez del emigrante, es la excitación que no se disimula. Es el día más feliz de los que te conquistan. Es tierra de provisión desde la meseta, es un deseo en Despeñaperros, es el parvulario de todas las emociones", ha destacado, continuando con diversas menciones a todos esos homenajes de los que la capital es la protagonista. "¡Ay, Madrid! Es el número siete de la calle Melancolía. Eres la 'Chica de ayer', el chotis de la Pradera y las mujeres del Santo. Madrid es Atocha en su mediodía. Ay, Madrid. Eres el Retiro y también el Ateneo y a todas horas Matadero. Tertulia, teatro, salón de ricos y guardilla de pobres. ¡Madrid es la madre que nos parió!", ha continuado, con una gran sonrisa y entre numerosos aplausos.
"Y, a los que no, ha ejercido de madre como nadie, porque digan lo que digan Madrid tiene para todos; Madrid acoge sin mirar a quién, sin mirar a quién...", ha repetido, subrayando que "Madrid es una mano tendida siempre". Es por eso que, para la novelista, "Madrid tiene alma de mujer". Además, Sonsoles también ha querido replicar a todos aquellos que sólo pueden ver el punto negativo a los rascacielos y pasarelas de cementos rodeadas de arquitectura prebarroca en muchas de sus calles.
"¿Saben lo que me fastidia? Que de todo culpan a Madrid. Lo manda Madrid, dice Madrid, se hará lo que diga Madrid", indica, subrayando que si bien "te culpan", bajo su perspectiva y experiencia "no hay nacionalista, qué digo, no hay independentista que no se quiera quedar. Todos se pirran por conquistar tu escaño". "Larga vida a Madrid, porque demuestra cada día que aquí cabemos todos", continua, deshaciéndose en halagos al hablar de la capital, subrayando que esta es "el corazón de esa España que late con pulsos de fiebre, como escribió Rafael Alberti". "Madrid ya no es el vuelvo a usted mañana de Larra. Madrid es hoy, quédese. Hasta mañana. Madrid es todo eso y lo que deja mi pluma a medias", narraba la presentadora.
Sonsoles, entonces, no ha dudado en mencionar aquello que duele al "tejido de Madrid", el cual "se queja y con razón de que no sana la herida de la vivienda"; apostillando, tras esto, que "a mí me duele como a todos que haya que ser buitre y no paloma para vivir aquí" —agradeciendo, en este punto, al alcalde, allí presente, por las 116 viviendas de una promoción en el Cañaveral de las que esta mañana ha entregado sus llaves—.
Fiel a su naturaleza, en la que la cultura ha tejido parte de su ADN, ha confesado "la otra herida íntima para la que no encuentro vendaje"; la cual no es, ni más ni menos, "la herida de la modernidad". "Nos arañan los cierres de librerías de pequeños comercios, nos duelen los barrios que se van vaciando del paisaje de toda la vida", expresa, indicando que, por otra parte, "compensan y también es justo reconocerlo los que vienen, los que emprenden, los que apuestan por Madrid".
"Y ya que estamos con los quejidos...", ha indicado la periodista, mirando a José Luis Martínez-Almeida, situado a su izquierda, para confesar que, también, "duelen las obras como muelas de tanto apretarlas, alcalde. Yo creo que le han hecho precio por hacerlas todas a la vez". "Menos mal que luego le lucen a Madrid", ha indicado al respecto. "A Madrid le sienta bien la capital, aunque esté mordisqueada por la revuelta, la popular, entendedme, la de los levantamientos. Madrid no sería Madrid sin tanta política y tanta acampada", ha continuado.
Sonsoles ha subrayado que, "de tanto aguantar, qué bien aguantas el peso de la balanza", en referencia a que "Madrid es la justicia de su barrio y de su tribunal". "Supremo que no hay mangante, que no te tema Madrid. Y la bronca, ay Madrid, qué bien llevas la bronca; te cala, pero no te moja... La tormenta de San Jerónimo. Si yo fuera el santo, ya habría salido a la carrera de mi propia calle. Y la manifestación, vamos a acabar llamándote manifestación con perdón, que no nos faltan los motivos para salir a la calle un día sí y otro también".
"Decía Raúl del Pozo, cuya muerte se veló en esta casa, que era de Cuenca, pero tenía gastada la suela de caminar ciudades. Que Madrid es la mejor ciudad del mundo. De eso, además de Raúl, además de Umbral, además de Galdós o de la Pardo Bazán, han dado fe todos los que han hecho de Madrid un oficio", han sido sus palabras finales, despidiendo el discurso asegurando que "todos los que han merodeado cantinas, bodegas y cafés, hay del Café Gijón".
"Madrid, yo quiero ser siempre de aquí. Pasearme por el Prado, perderme en 'el rastro', montar las baldosas de Moyana. Yo quiero barrear las mejores noches de España, tachar los besos, oírme gata y amanecerte desierto. Yo quiero dar las señas de tus calles con nombres de bolero de Zarzuela, el amor hermoso de Usera. Válgame Dios, no hay ley que se atreva a rebautizarte en Madrid", indicaba, visiblemente emocionada. "Ay, mi ciudad, pido ayuda al poeta para concluir en Madrid. Eres el rompeolas de todas las Españas y rendida, rendidos, que amamos desde este balcón, la divina invocación, ¡Viva Madrid! ¡Viva San Isidro y Santa María de la cabeza!". Un precioso discurso que Sonsoles no ha podido evitar con un inesperado guiño a una de sus mejores amigas, la reina Letizia, al pronunciar un "¡Viva el Rey!... ¡Y viva la Reina!".












