Álvaro Muñoz vuelve a la actualidad más de una década después de protagonizar uno de los vídeos más virales de la televisión española. Tenía solo 12 años cuando, durante una conexión veraniega en las piscinas de Teruel, sus declaraciones se difundieron masivamente en redes y lo convirtieron en un fenómeno involuntario. Sus comentarios despertaron tanto risas como críticas, ya que algunos fueron considerados racistas o xenófobos. Aquella exposición, que comenzó como un momento anecdótico, derivó con el tiempo en una etapa muy dura para él: sufrió acoso, burlas, amenazas, agresiones y llegó a enfrentarse a 17 procedimientos judiciales, según han relatado distintos medios. Durante años, tanto él como su familia vivieron las consecuencias de una viralidad que no eligieron y que marcó profundamente su adolescencia.
Hoy, con 27 años, Álvaro ha decidido dar un giro radical a su vida. Tras un proceso largo de reflexión y acompañamiento espiritual, iniciará su formación como seminarista en la diócesis de Teruel, convencido de que la fe ha sido su punto de apoyo en los momentos más difíciles. “La fe me salvó”, ha explicado en varias entrevistas, donde también reconoce que este camino le permite dejar atrás una etapa marcada por el acoso y mirar al futuro con serenidad. Esta tarde, en el plató de Y ahora Sonsoles, ha contado en primera persona cómo vivió aquellos años y por qué ha elegido emprender este nuevo rumbo vital.
El refugio que lo sostuvo
Álvaro ha vuelto a la televisión para relatar, por primera vez con calma, cómo vivió el impacto del vídeo que lo convirtió en viral cuando era solo un niño. En el programa de Sonsoles Ónega, ha explicado que la frase que lo hizo conocido “se sacó de contexto”, especialmente en redes sociales, donde el tema “ha resurgido otra vez”. Asegura que, desde aquel momento, vivió bajo una presión constante: “Cualquier cosa que dijera estaba marcado con lupa para usarlo en mi contra”. Lo que comenzó como un momento anecdótico terminó derivando en una etapa muy dura, con agresiones incluidas: “Físicamente ha habido un montón”, dijo, recordando que “un grupo me seguía desde casa al colegio” y que incluso “se llegó a difundir mi teléfono por las redes”.
El ahora seminarista reconoce que nunca ha podido identificar a quienes estaban detrás de ese acoso: “Nunca los he identificado”. Y ha sido contundente al describir cómo vivió aquellos años: “Hay gente mala en el mundo, gente cobarde que va a machacarte, salgas en la tele o en tus propias redes”. Sobre el uso del vídeo que hace 15 años lo convirtió en viral, añadió: “Que hablen de mí me da igual, pero que usen el clip de lo que dije en el vídeo… le han dado la vuelta para molestar”. Hoy, asegura, es alguien muy distinto: “Soy una persona totalmente diferente. No se dan cuenta de lo que hay detrás y del daño que hacen”.
Su madre, María Luisa, también presente en el plató, quiso aportar su mirada sobre todo lo que han vivido. Con emoción, reconoció que aquellos años fueron devastadores para su hijo: “Ha sido un tormento para él”. Recordó que Álvaro era un niño tranquilo, ajeno a cualquier exposición: “Él era un chico muy tranquilo, que no le gustan las fiestas ni las multitudes”. Para ella, lo más doloroso ha sido ver cómo son 15 años ya juzgando a su hijo por un vídeo que hizo cuando solo tenía 12 años y se sacó todo de contexto. Como ha dicho el propio Álvaro, una cosa es la vida y otra lo que se ve en redes sociales y "yo soy una persona totalmente diferente. No se dan cuenta de lo que hay detrás y del daño que hacen", ha explicado el joven.
El papel de María Luisa en todo este proceso ha sido determinante. “Mi madre jugó un papel muy importante porque ella daba clases de catequesis en la parroquia y fue muy importante para ayudarme”, explicó Álvaro, subrayando que ese vínculo con la parroquia fue su sostén en los momentos más difíciles. Con el tiempo, esa cercanía se convirtió en vocación: “Empecé involucrándome en las labores de la parroquia”. Y fue ahí donde descubrió que su camino estaba claro: “Gracias a esto puedo ser yo realmente y no quiero otra cosa”.
Álvaro insiste en que su decisión no nace como una reacción a lo que vivió, sino como una certeza íntima y reconoce que "se hubiera hecho sacerdote" aunque esto no hubiera pasado porque sentió la llamada del Señor. Para él, la espiritualidad es una fuerza profunda: “La llamada de la espiritualidad es algo que te llega de dentro, algo que sientes que puedes ayudar a los demás”.
Durante años, ha intentado protegerse como ha podido: “He tratado de huir del mundo al máximo. Y el único refugio que tengo es la parroquia”. Su madre confirmó que esa espiritualidad siempre estuvo presente: “Siempre ha sido muy devoto de la Pilarica”. De hecho, llevó una imagen de la Virgen del Pilar, bendecida por su director espiritual, al programa para regalársela a Sonsoles Ónega, quien, a su vez, le entregó una estampa de una santa devota —“la primera santa feminista”, explicó la presentadora—. Sonsoles dijo que esta imagen estaría en el plató hasta que se marcharan de vacaciones y, además, cerró la conversación con una invitación a volver al programa, si todavía existe,"cuando te ordenes (sacerdote)". Y para lograrlo, tiene 8 años por delante.








