Hay días en los que la cabeza parece no descansar ni un minuto. Terminamos una conversación y seguimos dándole vueltas durante horas. Nos acostamos y aparecen preocupaciones que durante el día apenas habíamos notado. Pensamos en lo que hicimos ayer, en lo que podría pasar mañana o en todo lo que aún nos queda por hacer. Mientras tanto, el presente pasa casi sin que nos demos cuenta.
Y es que vivimos rodeados de estímulos. El móvil, las prisas, las obligaciones y el exceso de información hacen que la mente salte continuamente de un pensamiento a otro. Muchas personas sienten que no consiguen desconectar ni siquiera cuando tienen un momento para descansar, dan mil vueltas a todo incluso cuando ya no tiene sentido.
Precisamente, sobre esta idea nos invita a reflexionar Ramiro Calle, pionero del yoga y la meditación en España y autor del libro Una buena mente (Ed. RBA): "No desmesures los problemas y no añadas dolor al dolor". Una frase que nos hace preguntarnos quién dirige realmente nuestra vida: ¿nosotros o nuestros pensamientos?
El problema no son los pensamientos, sino que ellos nos dirijan
Todos tenemos una mente, pero no todas funcionan de la misma manera. Algunas se convierten en un espacio lleno de calma, claridad y equilibrio. Otras viven atrapadas entre preocupaciones, conflictos internos y pensamientos repetitivos.
"Depende de si la mente nos dirige o nosotros la dirigimos", explica el maestro de yoga. "El caballo lleva al jinete o el jinete al caballo. Hay que adiestrar, sanear y reorganizar la mente. La mente puede ser un estercolero o un jardín, amiga o enemigo, atar o liberar".
Y es que, según explica, el problema no es tener pensamientos, sino dejar que ellos decidan constantemente cómo nos sentimos o cómo actuamos. Cuando aprendemos a observarlos sin reaccionar automáticamente, empezamos a recuperar una libertad que muchas veces habíamos perdido sin darnos cuenta.
El pensamiento incontrolado nos domina
A muchas personas les ocurre lo mismo. Aunque intentan relajarse, su cabeza sigue funcionando a toda velocidad. Incluso en vacaciones o durante el fin de semana resulta difícil dejar de pensar.
Para Ramiro Calle, esto sucede porque nunca hemos aprendido a dirigir nuestra mente. "El pensamiento incontrolado nos domina y es como un mono loco y ebrio saltando de rama en rama, enganchado en lo que fue o en lo que será; obsesivo y perturbador. No sabemos tener una mente calma y que conecte con lo que es a cada momento".
La comparación describe muy bien cómo funciona muchas veces nuestra cabeza. Saltamos constantemente entre recuerdos, preocupaciones y anticipaciones. Pensamos en conversaciones que ya terminaron o en problemas que quizá nunca lleguen a ocurrir. Mientras tanto, dejamos de prestar atención a lo único que realmente existe: el momento presente.
Los otros hábitos que también nos dañan
Además, muchas veces buscamos grandes causas para explicar nuestro estrés, cuando en realidad son los pequeños hábitos diarios los que van desgastando poco a poco nuestro bienestar emocional.
Ramiro Calle explica que existen numerosos comportamientos que deterioran nuestra salud mental casi sin darnos cuenta. "Los hábitos psíquicos nocivos, los pensamientos destructivos y autodestructivos, las reacciones egocéntricas como la suspicacia o la susceptibilidad, la fricción y los conflictos con los demás, la falta de claridad mental o la mecanicidad, es decir, hacerlo todo automáticamente, como si fuéramos una máquina".
Y es que vivir en piloto automático también pasa factura. Hacer las cosas sin atención, reaccionar impulsivamente o pasar el día respondiendo a los estímulos externos deja muy poco espacio para escucharnos a nosotros mismos.
La meditación y relativizar para calmar nuestra mente
Muchas personas creen que pensar mucho sobre un problema les ayudará a resolverlo. Sin embargo, ocurre justo lo contrario. Cuanto más tiempo pasamos dándole vueltas, más grande parece hacerse.
Según Ramiro Calle, sí es posible salir de ese bucle, aunque requiere entrenamiento. "Hay que estar más atentos a cada momento; no desmesurar los problemas y añadir así dolor al dolor; saber discernir y evitar reacciones desorbitadas; practicar de forma asidua la meditación y aprender a relativizar".
Como explica este experto, la meditación nos ayuda a estar más atentos hacia afuera y hacia adentro, a ver lo que realmente interesa y lo que es superfluo, a poner nuestra energía en lo esencial y no en lo trivial, a mantener nuestro centro, valorando la quietud, el entendimiento correcto y la buena relación con nosotros y con los demás.
Asimismo, aprender a relativizar no significa quitar importancia a lo que vivimos, sino dejar de alimentar pensamientos que aumentan innecesariamente nuestro malestar. Pero, ¿cómo hacerlo?
Consejos para vivir con más calma
"Hay que liberarse de traumas, viejos patrones condicionantes, esquemas esclavizantes, creencias inútiles que nos limitan, hábitos psíquicos nocivos y agujeros psíquicos".
El maestro de yoga insiste en que no existen soluciones rápidas. "Ese cambio exige autoconocimiento, disciplina, intensa motivación, desautomatizar lo negativo e ir saneando la psicología. No se puede en un fin de semana levantar toda una vieja y desordenada psicología". Y recomienda lo siguiente: meditacion; ejercicios psicosomáticos -prácticas de movimiento consciente-; mente clara y corazón compasivo.
Y es que muchas veces buscamos cambios inmediatos cuando, en realidad, transformar la manera en la que pensamos es un proceso que se construye poco a poco.









