Marco Aurelio, sobre la rumiación mental: "La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos"


Por qué esta idea del emperador filósofo sigue siendo una de las claves más eficaces para calmar la mente cuando no deja de dar vueltas


Mujer feliz sentada en el sofá con un móvil en las manos© Getty Images
18 de marzo de 2026 a las 14:00 CET

¿Te ha pasado alguna vez que no puedes dejar de pensar en algo que ya ha ocurrido? Una conversación que analizas una y otra vez, una decisión que revisas desde todos los ángulos posibles, un comentario que no consigues quitarte de la cabeza. No hay peligro real, no está ocurriendo nada en ese momento… pero tu mente sigue ahí, enganchada. A eso la psicología lo llama rumiación mental. Y aunque parezca algo muy actual, ya preocupaba hace casi dos mil años.

Marco Aurelio, emperador romano y uno de los grandes representantes del estoicismo, lo dejó escrito de forma sorprendentemente clara: “La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”. Una frase sencilla, directa y bastante incómoda, porque nos obliga a mirar hacia dentro. 

Para entender bien su significado, hemos hablado con la psicóloga Laia Sabaté, autora del libro Cómo dejar de dar vueltas a todo (Ed. Bruguera). Esta experta desgrana lo que la frase de Marco Aurelio significa en estos tiempos, también nos habla de cómo influyen nuestros pensamientos en nuestro bienestar y qué podemos hacer para que no nos dominen. 

Retrato de una mujer pensativa, con los ojos cerrados© Getty Images

¿Qué significa esta frase desde el punto de vista psicológico?

Nuestra mente interpreta lo que vivimos de manera constante y esas interpretaciones, esos mensajes que nos van llegando, influyen en cómo nos vamos a sentir y en cómo actuaremos en consecuencia. El objetivo no es cambiar lo que pensamos como tal ni pensar en positivo constantemente ya que eso implicaría en cierto modo negar lo que sentimos o lo que nos preocupa. 

Lo que podemos hacer para encontrar más calma y que nuestros pensamientos no lideren tanto nuestra gestión diaria es proponernos una narrativa a nosotros mismos mucho más amable, compasiva y con matices. 

Por ejemplo, si cuando algo nos abruma mucho pensamos de manera automática: "no voy a poder hacerle frente a esto", quizá no podamos cambiar ahora mismo ese pensamiento automático, pero sí nos podemos acompañar siendo conscientes de ese pensamiento y diciéndonos algo como "ahora mismo tengo miedo y eso me hace sentir que no soy capaz, pero otras veces lo he afrontado y he podido y me merezco intentarlo". El ejemplo muestra claramente cómo no se trata de convencernos de que no sentimos miedo, sino de darle otro matiz distinto, más amable y con más garra.

Cuando algo nos abruma mucho, pensamos de manera automática: "No voy a poder hacerle frente a esto". Podemos decirnos  algo como "ahora mismo tengo miedo y eso me hace sentir que no soy capaz, pero otras veces lo he afrontado y he podido y me merezco intentarlo"

Laia Sabaté, psicóloga

¿De qué depende la calidad de nuestros pensamientos? 

Nuestros pensamientos se construyen. Lo que ha sucedido a lo largo de nuestra vida y cómo hemos podido gestionarlo cuando ha sucedido, marca de manera importante cómo vamos a seguir pensando y gestionando a lo largo de nuestra vida. Si cuando éramos pequeños aprendimos a vivir el miedo sobrepensando, es posible que ahora lo sigamos haciendo. En el fondo, casi todos hemos aprendido a regular nuestras emociones de una manera que no era del todo positiva, pero igual que lo aprendimos, podemos aprender nuevas estrategias que nos ayuden más a hacerlo en el presente. Si antes nos intentábamos regular sobrepensando, ahora podemos aprender a hacerlo dándole un espacio real a nuestras emociones. Poniendo nombre a lo que sentimos, conectando con nuestro cuerpo y con lo que necesitamos para acompañarnos. 

En definitiva, lo que hemos vivido, nuestras relaciones tempranas, nuestros referentes, nuestro temperamento base, han tenido una influencia en cómo gestionamos nuestras emociones. Pero no son de por vida. Podemos aprender a sumar recursos nuevos como adultos.

Retrato de mujer con los brazos arriba© Getty Images

¿Podemos de verdad mejorar la calidad de nuestros pensamientos?

Sí, pero no desde la autoexigencia ni desde imponernos una realidad que no es la que sentimos de verdad.

Para pensar diferente, hay que regular nuestras emociones de otra manera. Si negamos el miedo, ese pensamiento catastrófico solo crecerá. Normalmente, hemos querido cambiar nuestros pensamientos, imponiéndonos otros más "positivos". Esa invalidación de nuestro verdadero sentir solo nos lleva a desconfiar de nuestros intentos por regularnos mejor.

Solo cuando miramos con curiosidad y compasión lo que pensamos, nos podemos acercar a aquello que nos preocupa y darle una nueva forma. Cambiar la forma en la que nos tratamos, en la que nos vemos, influye directamente en la manera en la que nuestros pensamientos automáticos aparecen o, al menos, en el acompañamiento que les damos.

¿Qué estrategias nos recomendarías para mejorar nuestros pensamientos?

Es importante no buscar estrategias rápidas o esporádicas sino construir una nueva manera sólida y estable en la que acompañarnos.

  • Identificar qué miedos hay en nuestros pensamientos y revisar qué necesitan esas emociones de nosotros, puede ser un buen punto de partida. ¿Por qué estoy asustada? ¿Qué necesito o qué puedo hacer para acompañarme a afrontar ese miedo?
  • Aprender a regular nuestro cuerpo también es un factor decisivo. Aprender a sostener nuestras emociones mientras respiramos, conectamos con el aquí y el ahora y nos movemos, es importante para que nuestro cuerpo no se desregule ante esos pensamientos y nos permita estar en calma.
  • Trabajar nuestra distancia con los pensamientos: no todo lo que pensamos es lo que sucede. Nuestro cerebro nos avisa de todos los peligros, pero eso no significa que sean probables en nuestro caso. Necesitamos aprender a ver esos pensamientos como alarmas y no como una realidad, para poder ver cuáles son los importantes y cuáles simplemente suceden y ya.
  • También es importante escribir, darle forma a esa mezcla de pensamientos que a veces se vuelve tan confusa para aterrizar lo verdaderamente importante y que necesitamos atender.
Mujer pensativa mirando por la mañana© Getty Images

¿Cuándo se considera que los pensamientos son demasiado tóxicos?

Me gusta ver a los pensamientos como alarmas y, por tanto, no como pensamientos tóxicos, ya que estos no buscan hacernos daño, sino protegernos y que estemos en alerta. Evidentemente, estar en alerta constante no es sostenible para nuestro sistema nervioso ni para nuestra calma y tranquilidad, pero hay que seguir viéndolos como una manera de protección; si no, acabamos luchando contra ellos y no suele salirnos del todo bien.

Lo importante es ver si vivimos en una alarma constante. Cuando nuestra mente no tiene descanso, está activada todo el día y nos manda mensajes excesivamente catastróficos, es el momento de revisar qué pasa en nuestra regulación emocional y pedir ayuda.

No como síntoma de fracaso por no haber podido gestionarlo solos, sino como señal de que nos queremos cuidar en algo que a veces no sabemos regular.