Por qué a partir de los 40 muchas mujeres sienten más niebla mental, irritabilidad y falta de concentración, según un estudio


Las mujeres con TDAH tienen casi el doble de probabilidades de experimentar síntomas de la perimenopausia


Cansancio en la menopausia© Getty Images
10 de marzo de 2026 a las 18:00 CET

Me noto más desorganizada que nunca, con más irritabilidad, mezclada con un poco de depresión, y ni te cuento la concentración, que es casi nula. Si a todo eso le sumamos mi TDAH, estoy teniendo un cóctel perfecto.

No todas las mujeres experimentan síntomas perimenopáusicos de mucha intensidad; en la población general, aproximadamente un 30 % reporta síntomas moderados o severos que impactan en su funcionamiento diario. Sin embargo, cuando observamos específicamente a mujeres con TDAH —Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad—, ese porcentaje asciende al 54 % según los últimos estudios. Es decir, dentro del grupo de mujeres que desarrollan síntomas significativos, la proporción es considerablemente mayor.

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Este dato no implica que todas las mujeres con TDAH vayan a tener síntomas intensos, ni que la perimenopausia sea necesariamente problemática en todos los casos. Lo que muestra es una mayor vulnerabilidad neurobiológica: cuando el equilibrio de neurotransmisores —especialmente la dopamina, la serotonina y la noradrenalina— ya es más frágil de base, cualquier transición que afecte su regulación puede amplificar la experiencia sintomática.

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En el TDAH existe una menor eficiencia dopaminérgica en la corteza prefrontal, región clave para la memoria de trabajo, la planificación y el control inhibitorio. Cuando esta regulación se vuelve aún más inestable, se intensifican síntomas como la niebla mental, la fatiga cognitiva y la dificultad para organizar tareas.

A esta red se suman otros neurotransmisores relevantes. La serotonina influye en el estado de ánimo y en la tolerancia a la frustración, mientras que la noradrenalina regula la alerta y la concentración. Cuando estos sistemas pierden equilibrio, el impacto se refleja de forma directa en el rendimiento diario.

Una mujer concentrada© Getty Images

A este escenario se suma un factor clínico relevante: el infradiagnóstico histórico del TDAH en mujeres. Durante décadas, los criterios diagnósticos se centraron en la hiperactividad visible, más frecuente en varones, dejando fuera a muchas niñas con perfil inatento. Como resultado, numerosas mujeres llegan a los 40 sin diagnóstico previo, lo que explica por qué muchas consultan por primera vez en este periodo.

Lo que antes era manejable con estrategias compensatorias, en la perimenopausia, empieza a requerir un esfuerzo desproporcionado. Por eso muchas mujeres no desarrollan un TDAH nuevo en la perimenopausia: lo que ocurre es que un sistema previamente compensado se vuelve más visible cuando cambia su entorno neurobiológico y hormonal.

chica relajada terraza© Getty Images

Cuando el estrés aprieta más de la cuenta

Además del equilibrio de neurotransmisores, la regulación del estrés es un factor clave en la intensidad de los síntomas. El eje Hipotálamo-Hipófisis-Adrenal (HHA) coordina la liberación de cortisol (la principal hormona implicada en la respuesta al estrés) ante demandas físicas o emocionales. En personas con TDAH, este sistema suele ser más reactivo, lo que implica respuestas de alerta más intensas o prolongadas. Cuando esta activación es persistente, puede interferir con otros ejes hormonales y aumentar la vulnerabilidad biológica propia de esta etapa.

Cuando el estrés se mantiene en el tiempo, aumenta la inflamación sistémica y el estrés oxidativo. Ambos procesos afectan la eficiencia neuronal y pueden interferir en la señal dopaminérgica —es decir, en la forma en que las neuronas utilizan la dopamina para comunicarse entre sí— de los circuitos ejecutivos. El resultado no es solo una sensación subjetiva de agotamiento: se traduce en mayor fatiga mental, más dificultad para sostener la atención y menor regulación emocional.

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En este contexto, ciertas plantas adaptógenas han mostrado modular la respuesta de estel eje HHA. Sustancias como la Schizandra o la Rhodiola, descritas en profundidad por el Dr. Alberto Muñammad Wulff en El fascinante mundo de los adaptógenos (Editorial Almuzara), pueden contribuir a amortiguar la hiperreactividad al estrés cuando están bien indicadas.

Una mujer con ropa deportiva y el abdomen plano© Getty Images

Tu intestino también tiene algo que decir en esta historia

En el TDAH no solo están implicados los circuitos dopaminérgicos cerebrales; también se han descrito alteraciones en el eje intestino-cerebro. Diversas investigaciones han observado diferencias en la composición de la microbiota y en marcadores inflamatorios en personas con TDAH, lo que sugiere que la regulación neuroinmunológica puede estar modulada de forma distinta desde la base.

Cuando existe disbiosis —es decir, un desequilibrio en la comunidad bacteriana intestinal— puede aumentar la inflamación sistémica y modificarse la disponibilidad o sensibilidad de neurotransmisores implicados en la atención y la motivación. Este componente inflamatorio no origina el TDAH, pero en un perfil donde la regulación dopaminérgica ya es más vulnerable puede amplificar su expresión clínica.

Como explica el Dr. Miguel Toribio-Mateas en TDAH: Neurociencia, nutrición y salud del eje intestino-cerebro (Editorial Almuzara), la microbiota no es un actor secundario, sino un modulador activo de la sensibilidad neuronal y de los circuitos implicados en la función ejecutiva. Esto ayuda a entender por qué el estado intestinal puede influir en la intensidad de los síntomas.

Una mujer meditando en su cuarto© Getty Images

Durante la perimenopausia, etapa de mayor exigencia adaptativa, este eje puede volverse aún más sensible. La perimenopausia no implica un deterioro cerebral, sino una reorganización funcional. Sin embargo, cuando los sistemas dopaminérgicos, inflamatorios y de estrés ya eran más sensibles de base, esta reorganización puede vivirse con mayor intensidad. Comprenderlo cambia la narrativa: no es un problema de carácter, sino una etapa que requiere ajustes estratégicos.

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Estrategias integrales para transitar esta etapa

Empieza el día con cerebro, no con café y galletas

Consumir proteína por la mañana aporta tirosina, precursor de dopamina y noradrenalina. Esto estabiliza la glucosa y favorece una señal dopaminérgica más estable, reduciendo impulsividad y fatiga mental temprana. Idealmente, esta proteína debería acompañarse de fibra y fruta rica en antioxidantes —como semillas y frutos del bosque— para mejorar la respuesta glucémica, apoyar la microbiota y reducir el impacto inflamatorio.

Omega-3: grasa inteligente para un cerebro sensible 

Los ácidos grasos omega-3 mejoran la fluidez de membrana neuronal y la eficiencia de los receptores dopaminérgicos. Además, modulan la inflamación sistémica, factor implicado en la fatiga cognitiva.

Alimenta tu microbiota y ella cuidará tu claridad mental

Las fibras fermentables (MAC) favorecen la producción de butirato, que regula inflamación y metabolismo neuronal. Los alimentos fermentados aportan bacterias que influyen en la señalización GABA y en la reactividad emocional.

Cómo superar el insomnio -truco viral para dormirte© sklum.welovedesign

El sueño no es un lujo, es mantenimiento neuronal

El descanso profundo regula dopamina y permite al sistema linfático eliminar subproductos del estrés oxidativo. En TDAH existe mayor vulnerabilidad al retraso circadiano, por lo que proteger el sueño es estratégico.

Luz matinal, tu reloj biológico necesita reset

La exposición temprana a la luz solar sincroniza cortisol y melatonina, estabilizando energía, foco y estado de ánimo a lo largo del día.

Muévete para producir neurotransmisores

El ejercicio regular aumenta dopamina, serotonina y BDNF —una proteína que ayuda a las neuronas a adaptarse y fortalecerse— favoreciendo la plasticidad cerebral y la resiliencia cognitiva.

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