Sacar a pasear al perro no debería convertirse en una tarde para hacer recados. El paseo es su momento de oler, socializar con otros perros y descargar energía. Sin embargo, todavía es habitual ver perros atados a una farola, a una barandilla o a la puerta de un supermercado mientras su dueño entra "solo un momento" a comprar.
Puede parecer un gesto práctico e inofensivo, pero no lo es. Para el animal puede suponer estrés, miedo, riesgo de robo, peleas con otros perros o exposición al frío y al calor. Y, además, la Ley de Bienestar Animal es clara ya que no se puede dejar a un animal de compañía atado o deambulando por espacios públicos sin la supervisión presencial de la persona responsable.
¿Se puede dejar un perro atado fuera de la tienda?
La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales incluye una prohibición específica que afecta directamente a esta práctica. En su artículo 27.d, prohíbe mantener a los animales de compañía "atados o deambulando por espacios públicos sin la supervisión presencial por parte de la persona responsable de su cuidado y comportamiento".
Es decir, no basta con que el perro esté atado y "controlado" desde lejos. La norma habla de supervisión presencial. Si el dueño entra en una tienda y deja al animal fuera, aunque sea durante unos minutos, el perro queda solo en un espacio público.
La ley también establece sanciones para quienes incumplan sus obligaciones. Las infracciones leves pueden ir de 500 a 10.000 euros, las graves de 10.001 a 50.000 euros y las muy graves pueden alcanzar los 200.000 euros, dependiendo de la conducta y de sus consecuencias.
¿Por qué es peligroso dejar al perro atado fuera de una tienda?
Más allá de la sanción, el principal problema es el riesgo para el animal. Un perro atado en la puerta de un comercio no puede decidir alejarse si algo le asusta, si se acerca otro perro, si alguien lo toca sin permiso o si se ve rodeado por desconocidos.
También puede ponerse nervioso al ver desaparecer a su dueño dentro de la tienda. Algunos perros esperan tranquilos, pero otros ladran, tiran de la correa, jadean, tiemblan o intentan soltarse. Lo que para una persona son "cinco minutos"·, para el perro puede convertirse en un tiempo eterno y en una situación de tensión.
Además, dejarlo atado lo expone a otros peligros como que alguien lo robe, que lo suelte, que se enrede con la correa, que provoque la caída de un peatón, que se pelee con otro animal o que salga corriendo si consigue escapar.
¿Puede sufrir un golpe de calor un perro atado al sol?
El clima también importa. En verano, un perro atado al sol, sin posibilidad de buscar sombra o moverse libremente, puede sufrir un golpe de calor. Los perros no regulan la temperatura igual que los humanos y son especialmente vulnerables a las altas temperaturas. Además, el asfalto caliente puede quemarles las almohadillas.
En invierno o con lluvia, dejarlo fuera también puede ser perjudicial, sobre todo si se trata de un cachorro, un perro mayor, un animal enfermo o una raza especialmente sensible al frío. El problema no es solo cuánto tarda el dueño en volver, sino que el perro no puede protegerse ni elegir dónde colocarse.
Qué hacer en lugar de dejarlo atado
Al final, se trata de sentido común y si vas a hacer la compra o a entrar en un comercio donde no permiten perros, lo mejor es dejarlo en casa y sacarlo después con calma. También puedes organizar el paseo antes o después de los recados, pero sin mezclar ambas cosas si eso implica dejarlo solo en la calle.
Otra opción es acudir a tiendas que permitan la entrada de perros, siempre que el animal esté tranquilo, controlado y no suponga un problema para otros clientes. En algunos casos, también puede quedarse al cuidado de otra persona responsable mientras se hacen las compras.
Lo importante es no normalizar una práctica que parece cómoda para el dueño, pero que puede resultar incómoda, peligrosa o incluso sancionable para el perro.







