La famosa frase de Sigmund Freud: "Las emociones reprimidas nunca mueren, quedan enterradas y saldrán de la peor manera" y su significado


Te explicamos qué quiso decir el padre del psicoanálisis con esta cita y por qué es tan malo no expresar lo que sentimos


Mujer triste en la cama© Getty Images
30 de junio de 2026 a las 20:00 CEST

Hay emociones que expresamos sin demasiados problemas y otras que preferimos guardar bajo llave. Nos repetimos que no merece la pena enfadarse, intentamos convencernos de que aquello que nos hizo daño ya está superado o seguimos adelante como si no hubiera pasado nada. Sin embargo, muchas veces basta una discusión sin importancia, un comentario o un mal día para que todo aquello que creíamos enterrado vuelva a aparecer con mucha más intensidad de la que esperábamos.

Mujer reflexiona sobre sus sentimientos© Getty Images

Y es que las emociones no desaparecen simplemente porque decidamos ignorarlas. A veces permanecen durante semanas, meses o incluso años esperando el momento de salir. Lo hacen en forma de ansiedad, irritabilidad, cansancio, insomnio o una sensación de malestar que cuesta explicar. Precisamente esa idea fue la que resumió Sigmund Freud en una de sus frases más conocidas: "Las emociones reprimidas nunca mueren, son enterradas vivas y saldrán de la peor manera".

Aunque la psicología ha evolucionado mucho desde la época de Freud, esta reflexión sigue despertando interés porque conecta con algo que muchas personas han experimentado alguna vez. Pero, ¿qué ocurre realmente cuando intentamos esconder lo que sentimos? ¿Es verdad que las emociones terminan pasando factura? Para responder a estas preguntas hemos hablado con la psicóloga Violeta Acedo, que explica qué sabemos hoy sobre la represión emocional y por qué escuchar nuestras emociones suele ser mucho más saludable que intentar hacer como si no existieran.

Mujer triste apoyada en una ventana© Getty Images

¿Qué quiso decir Freud con esta frase?

"Cuando Freud dijo que 'las emociones reprimidas nunca mueren', hacía referencia a la idea de que aquello que intentamos apartar de nuestra conciencia no desaparece por el hecho de ignorarlo", explica Violeta Acedo. Aunque la psicología actual ha evolucionado mucho desde las teorías del psicoanálisis, la especialista señala que sí sabemos que evitar de forma constante nuestras emociones no hace que dejen de existir. "Tienden a expresarse de otras formas".

Es decir, esconder la tristeza, el miedo, la rabia o la frustración no significa que desaparezcan. Lo que suele ocurrir es que dejan de manifestarse de una manera evidente para hacerlo de forma indirecta. A veces aparecen como una irritabilidad que no entendemos, otras como un agotamiento constante o incluso como la sensación de que todo nos supera sin un motivo claro. Y es que las emociones, antes o después, suelen encontrar la forma de hacerse escuchar.

Mujer en un coche con cara disgustada© Getty Images

¿Qué ocurre cuando reprimimos nuestras emociones?

"Reprimir una emoción puede ser útil en momentos concretos, pero cuando se convierte en una estrategia constante de regulación emocional puede acabar generando malestar", explica Violeta Acedo. Y es que las emociones tienen una función muy importante: nos informan de lo que necesitamos, de aquello que nos preocupa o de los límites que quizá estamos dejando pasar.

Cuando dejamos de escucharlas de manera sistemática, también dejamos de recibir esa información. "Las emociones cumplen una función adaptativa y nos ayudan a comprender qué necesitamos. Si dejamos de atenderlas, perdemos información importante sobre nosotros mismos", afirma la psicóloga.

Además, intentar no sentir una emoción suele provocar el efecto contrario. De hecho, en psicología existe un fenómeno conocido como efecto rebote, por el que cuanto más intentamos evitar un pensamiento o una emoción, más fuerza acaba adquiriendo.

"Es como cuando alguien te dice que no pienses en un elefante rosa. Precisamente por intentar evitarlo, termina apareciendo en tu mente", explica la especialista. Con las emociones sucede algo parecido: cuanto más las apartamos, más probabilidades hay de que vuelvan cuando menos lo esperamos.

Mujer sentada en la cama preocupada

¿Cómo saber si llevas demasiado tiempo guardándote lo que sientes?

Muchas personas reprimen emociones durante meses sin ser plenamente conscientes de ello. A veces son pequeñas preocupaciones, enfados o tristezas que vamos acumulando porque creemos que no tienen importancia o porque pensamos que ya desaparecerán solas.

"No siempre es fácil detectar que estamos reprimiendo emociones", reconoce Violeta Acedo. Sin embargo, sí existen algunas señales frecuentes que pueden hacernos sospechar.

Como adelantaba la experta, algunos síntomas como "irritabilidad constante, reaccionar de forma desproporcionada ante situaciones pequeñas, sensación de cansancio frecuente o frases como 'no sé qué me pasa' pueden indicar que hay emociones que no estamos atendiendo". También puede aparecer una sensación de desconexión emocional o de vivir en piloto automático, como si fuéramos tirando hacia adelante sin terminar de entender qué nos ocurre. 

Y es que muchas veces el problema no es únicamente la emoción que intentamos esconder, sino el esfuerzo continuo que hacemos para mantenerla bajo control.

Mujer madura a punto de divorciarse© Getty Images

Gestionar una emoción no es lo mismo que reprimirla

Otro aspecto que tenemos que tener en cuenta es que existe una diferencia importante entre decidir posponer una emoción y hacer como si no existiera. A veces no es el momento adecuado para expresar lo que sentimos y eso no tiene por qué ser perjudicial. La clave está en volver más tarde sobre esa emoción y darle el espacio que necesita.

"Gestionar una emoción implica reconocerla, entender qué nos está indicando y decidir cómo responder a ella", explica Violeta Acedo. En cambio, "reprimirla supone intentar hacer como si no existiera o apartarla sin atenderla".

Es decir, no es lo mismo pensar "ahora no puedo ocuparme de esto, pero lo haré después" que convencernos de que aquello no nos afecta. La primera opción supone regular la emoción; la segunda, esconderla.

mujer preocupada, apoyada en una barandilla© Getty Images

¿Puede afectar también a la salud física?

Cada vez existe más evidencia de que la salud física y la emocional están estrechamente relacionadas. Eso no significa que reprimir emociones provoque directamente una enfermedad concreta, pero sí puede contribuir a mantener un estado de estrés prolongado que termina afectando al organismo.

"No hablamos de una relación directa entre reprimir emociones y desarrollar una enfermedad específica, pero sí sabemos que el estrés emocional mantenido en el tiempo puede alterar el sueño, aumentar la tensión muscular, influir en el sistema digestivo o favorecer una sensación constante de cansancio", explica la psicóloga.

Además, el estrés prolongado favorece la liberación de cortisol. Cuando esta hormona permanece elevada durante mucho tiempo puede afectar tanto al descanso como a diferentes funciones del organismo. Por eso cuidar la salud emocional también forma parte del cuidado de la salud física.

mujer joven en el psicólogo© Adobe Stock

¿Qué podemos hacer para expresar mejor nuestras emociones?

La buena noticia es que aprender a gestionar mejor las emociones no implica hacer grandes cambios de un día para otro. Muchas veces basta con empezar a prestarles atención.

"Algo tan sencillo como poner nombre a lo que sentimos ya ayuda", explica Violeta Acedo. De hecho, diferentes investigaciones han demostrado que identificar correctamente una emoción puede disminuir su intensidad y facilitar que la gestionemos mejor.

También resulta útil hablar con alguien de confianza, escribir aquello que nos preocupa o dedicar unos minutos al día a preguntarnos cómo estamos y qué necesitamos realmente. Son pequeños gestos que nos ayudan a conectar con nosotros mismos antes de que el malestar termine acumulándose.

mujer mirando su teléfono móvil sentada en el sofá© Getty Images

¿Cuándo conviene pedir ayuda psicológica?

Muchas personas esperan a sentirse completamente desbordadas para acudir a un profesional. Sin embargo, no hace falta llegar a ese punto.

"Cuando el malestar deja de ser algo puntual y empieza a mantenerse en el tiempo, afectando al descanso, al trabajo, a las relaciones o al bienestar general, conviene pedir ayuda", explica Violeta Acedo.

La psicóloga recuerda que muchas personas llegan a consulta diciendo frases como "no sé qué me pasa" o "me siento sobrepasada sin saber por qué". En muchas ocasiones, detrás de ese malestar existen emociones que llevan demasiado tiempo sin ser escuchadas.

Y concluye con esta reflexión: "Pedir ayuda no significa que no podamos con ello. Significa que necesitamos un espacio para entender lo que sentimos y aprender a gestionarlo de una forma más saludable".