Frase del día

La frase de Montaigne sobre la ansiedad: "Siempre me ha parecido ridículo que el hombre se torture por su futuro, cuando apenas puede prever su presente"


El filósofo francés reflexiona sobre el desgaste de estar siempre anticipando los peores escenarios y teniendo pensamientos negativos y nuestra psicóloga nos ayuda a evitarlo


Mujer preocupada y seria con un sombrero calado© Getty Images
11 de agosto de 2026 a las 13:01 CEST

Hay personas que viven en el mañana. Se acuestan pensando en todo lo que podría salir mal, imaginan conversaciones que todavía no han ocurrido o anticipan problemas que quizá nunca lleguen. Mientras tanto, el presente pasa casi sin que se den cuenta. Es una forma de vivir muy habitual, aunque pocas veces somos conscientes de cuánto desgaste provoca.

Y es que la mente tiene una tendencia natural a adelantarse a los acontecimientos. Creemos que, si pensamos una y otra vez en lo que puede ocurrir, estaremos más preparados cuando llegue el momento. Sin embargo, la psicología explica que sucede justo lo contrario: cuanto más intentamos controlar el futuro, más ansiedad solemos sentir.

Hace más de cuatro siglos, el filósofo francés Michel de Montaigne ya había reflexionado sobre esta tendencia humana con una frase que hoy sigue teniendo plena vigencia: "Siempre me ha parecido ridículo que el hombre se torture por su futuro, cuando apenas puede prever su presente". Pero, ¿qué quiso decir realmente? Hemos hablado con la psicóloga Violeta Acedo para entender por qué nos cuesta tanto dejar de anticipar lo que todavía no ha ocurrido.

Mujer pensativa con un vestido de flores © Getty Images

¿Quién fue Michel de Montaigne?

Michel de Montaigne (1533-1592) fue un filósofo, escritor y humanista francés, considerado uno de los grandes pensadores del Renacimiento y el creador del ensayo moderno. Nació cerca de Burdeos en el seno de una familia acomodada, estudió Derecho y desempeñó diferentes cargos públicos antes de retirarse durante una etapa de su vida para dedicarse a leer, escribir y, sobre todo, observarse a sí mismo.

De esas reflexiones nacieron sus célebres Ensayos, una obra en la que convirtió su propia experiencia en punto de partida para hablar de cuestiones universales como el miedo, la amistad, la muerte, la educación, la incertidumbre, la felicidad o nuestra dificultad para vivir el presente. Montaigne no pretendía presentarse como alguien que tuviera todas las respuestas. Al contrario, hizo de la duda una parte esencial de su pensamiento y popularizó una pregunta que resume muy bien su manera de mirar la vida: "¿Qué sé yo?".

Y quizá ahí reside una de las razones por las que seguimos leyéndolo casi cinco siglos después. Montaigne observaba al ser humano con sus contradicciones, temores y preocupaciones, sin exigirle que tuviera todo bajo control. Defendía una forma de vivir más pegada a la experiencia real y menos condicionada por nuestros miedos. Por eso su reflexión sobre torturarnos por el futuro encaja tan bien con problemas muy actuales como la preocupación anticipatoria y la ansiedad.

Mujer pensativa mirando por la mañana© Getty Images

¿Qué quiso decir con esta frase?

La reflexión de Montaigne apunta directamente a uno de los hábitos mentales más frecuentes: preocuparnos por situaciones que todavía no existen. Pensamos que anticiparnos nos protege, cuando en realidad, como decíamos, muchas veces solo consigue aumentar nuestro malestar.

Como explica Violeta Acedo, "no podemos afirmar científicamente que el 90 % de las cosas que pensamos no suceden, pero sí existe mucha evidencia de que nuestra mente suele sobreestimar los riesgos". La especialista recuerda que este fenómeno está relacionado con un sesgo cognitivo conocido como sesgo de negatividad, que hace que nuestro cerebro preste mucha más atención a las posibles amenazas que a los acontecimientos positivos.

Según explica la psicóloga, esta forma de funcionar tuvo una utilidad para la supervivencia, pero hoy hace que dediquemos una enorme cantidad de energía a imaginar escenarios que quizá nunca lleguen a producirse. El resultado es que acabamos sufriendo por acontecimientos que solo existen en nuestra cabeza.

Retrato de una mujer pensativa, con los ojos cerrados© Getty Images

¿Por qué nos cuesta tanto dejar de anticiparnos?

La respuesta está en cómo funciona nuestro cerebro. Como comentábamos, anticipar nos da una sensación momentánea de control. Pensamos que, si analizamos todas las posibilidades, estaremos mejor preparados para afrontar cualquier problema.

Sin embargo, Violeta Acedo advierte de que "desde un punto de vista evolutivo era más útil anticipar un peligro que no existía que no detectar uno real". Ese mecanismo sigue activo hoy, aunque las amenazas ya no sean las mismas.

La consecuencia es que muchas personas viven en un estado de alerta permanente. Revisan continuamente lo que podría ocurrir, imaginan el peor desenlace posible y sienten que así reducen la incertidumbre. Pero sucede justo al revés.

Como señala la psicóloga, cuanto más alimentamos esos pensamientos, más difícil resulta salir de ellos, porque la mente interpreta que realmente existe un peligro al que debe seguir prestando atención.

Mujer hablando sola y colocándose el pelo detrás de la oreja© Getty Images

¿Cómo podemos dejar de preocuparnos tanto por el futuro?

La buena noticia es que ese patrón puede cambiarse. El primer paso consiste en distinguir entre una preocupación útil y otra que solo alimenta la ansiedad.

Violeta Acedo propone hacerse una pregunta muy sencilla: "¿Esto es un problema real que puedo resolver ahora o es una posibilidad que estoy intentando anticipar?". Esa diferencia resulta fundamental, porque muchas veces dedicamos tiempo y energía a situaciones sobre las que no podemos actuar.

La especialista recomienda también dirigir la atención hacia aquello que sí depende de nosotros en este momento. Si existe un problema real, conviene buscar soluciones. Si no las hay, continuar dándole vueltas solo prolongará el malestar.

Y es que, como recuerda Montaigne, nadie puede prever con exactitud lo que ocurrirá mañana. La verdadera tranquilidad no nace de controlar el futuro, sino de aprender a vivir con la incertidumbre sin dejar que ocupe todo nuestro presente.

Al final, quizá la mayor enseñanza de esta frase sea precisamente esa: la vida sucede hoy. Mientras nuestra mente intenta adivinar lo que vendrá, el único momento que realmente podemos vivir sigue pasando delante de nosotros.