"Los 'sensibles' nunca sienten nada a medias". Así comienza el poema que Sara Carbonero ha compartido en redes y que habla de una forma de sentir que probablemente muchas personas reconocerán enseguida. Se titula Los sensibles, es de Deija Gom y describe a quienes viven el amor y el desamor, la alegría y la tristeza, "desde lo más profundo".
El poema habla también de personas intensas, emocionales, perceptivas y empáticas. De quienes parecen darse cuenta de cosas que a otros se les escapan y establecen vínculos que van más allá de lo superficial. Una descripción poética de la sensibilidad que recuerda inevitablemente a otro concepto del que cada vez hablamos más: las personas altamente sensibles.
Pero ¿ser muy sensible significa ser PAS? No necesariamente. Anna Romeu, psicóloga y autora de Soy sensible, explica que la alta sensibilidad es un rasgo de personalidad y no un trastorno psicológico. De hecho, uno de sus objetivos es precisamente normalizar una manera de ser que durante mucho tiempo no siempre ha sido bien entendida.
¿Por qué algunas personas parecen sentirlo todo más?
Hay un verso del poema compartido por Sara Carbonero especialmente sugerente: "Perciben cosas que otros no". Y, aunque la poesía no pretende hacer psicología, la frase se acerca curiosamente a algo que Romeu observa en las personas altamente sensibles.
"Las PAS captan más información del entorno y de su propio interior", explica la psicóloga. Esa mayor percepción hace que también puedan experimentar sensaciones y emociones con más intensidad.
No se limita, además, al terreno emocional. Puede ocurrir con los estímulos cotidianos. Ruidos, olores o determinados tonos de voz pueden generarles un malestar que otras personas apenas perciben. Por eso Romeu rechaza una de las etiquetas que a menudo reciben: la de "maniáticas". No reaccionan así para llamar la atención, explica, sino porque esa es realmente su manera de percibir el entorno.
Ser sensible no significa ser débil
Quizá este sea uno de los prejuicios que más cuesta desterrar. Sentir mucho, llorar con facilidad o mostrarse afectado por situaciones que otros resuelven rápidamente todavía se interpreta, en ocasiones, como falta de fortaleza.
Romeu lleva esa idea al terreno contrario. "Mostrar tu sensibilidad abiertamente muchas veces te hace más fuerte", asegura. Ser capaz de reconocer lo que está ocurriendo en nuestro interior puede permitirnos afrontarlo con mejores herramientas.
Por eso, la sensibilidad no tendría que ser algo que esconder o endurecer. El problema puede aparecer precisamente cuando una persona pasa demasiado tiempo intentando funcionar de una manera que no es la suya.
Romeu cuenta que algunas PAS crecen escuchando que se quejan demasiado, que deberían esforzarse más, que tienen demasiadas manías o que lloran por todo. Y ese mensaje repetido puede acabar convirtiéndose en otro mucho más dañino: "Al final asumes que el problema eres tú y que tienes que convertirte en otra persona".
La empatía también necesita límites
Deija Gom define también a los sensibles como personas "empáticas". Y es un acierto, porque también es así. Romeu explica que las personas altamente sensibles pueden tener una gran facilidad para ponerse en el lugar del otro y detectar qué le ocurre o qué necesita.
Es una cualidad valiosa, pero también puede volverse en contra de quien siempre está pendiente de los demás. La psicóloga advierte de que esa empatía puede favorecer la complacencia, la dificultad para poner límites o la tendencia a evitar los conflictos. El riesgo es acabar colocando sistemáticamente las necesidades ajenas por delante de las propias.
Tal vez por eso el poema que ha compartido Sara Carbonero resulta tan fácil de reconocer. No habla de diagnósticos ni pretende definir psicológicamente a nadie. Habla, simplemente, de personas que experimentan el mundo con una intensidad especial.
Y esta frase tiene mucha fuerza porque es realmente así: "Nunca sienten nada a medias". Puede resultar agotador algunas veces, pero no es sinónimo de fragilidad. A veces significa, sencillamente, percibir más cosas y necesitar aprender a convivir con ellas.
Libros para despertar tu sensibilidad
Poemas, libros muy especiales de viajes, historias escritas con el corazón... estas son las lecturas que recomendamos para leer con el alma.
Al rescate del alma, de Chema Vílchez
Una colección de relatos y poesía ilustrados que reflexiona sobre el egocentrismo, el vacío interior y la desconexión emocional en una sociedad acelerada e hiperconectada. Con humor, crítica social y una mirada simbólica, el autor invita a recuperar aquello que nos hace humanos, acompañado por las ilustraciones de Carmen Redondo.
Lengua mortal no dice lo que sentía, de Diego Garrido
A través de las cartas, poemas y recuerdos de Giacomo Leopardi, Diego Garrido reconstruye la vida y el pensamiento de una de las grandes figuras del Romanticismo italiano. Un acercamiento personal e intelectual al poeta que reflexionó sobre el vacío, la existencia, la fragilidad humana y el inevitable ciclo entre la vida y la muerte.
Siempre París, de Marin Montagut
Un libro para que los viajeros más sensibles vuelvan a recorrer París con otros ojos, dejándose llevar por sus pequeños detalles y rincones con historia. Marin Montagut descubre más de 475 cafés, mercadillos, tiendas, museos y talleres que permiten alejarse de las rutas de siempre y reencontrarse con el París más íntimo, nostálgico y auténtico.
Comerás flores, de Lucía Solla Sobral
Una novela sobre esos amores que, casi sin darnos cuenta, pueden hacer que dejemos de reconocernos. Tras la muerte de su padre, Marina inicia una relación con un hombre veinte años mayor y se adentra en un mundo que termina alejándola de quien era. Una historia sobre relaciones desiguales, duelo e identidad, pero también sobre la amistad como lugar al que regresar.
Lo inesperado, de Pedro Simón
Una novela sobre todo aquello que llega cuando creíamos que ya era tarde y acaba cambiándonos la vida. A través de varias generaciones de una familia, Pedro Simón habla de enfermedad, duelo, soledad y paso del tiempo, pero también de los afectos que sostienen, de aprender a cuidar y de esos amores inesperados que nos enseñan a quedarnos.













