La reina Isabel II llegó a confesar que no se sentía completamente vestida sin un bolso —coleccionó más de 200 modelos de la firma Launer—. Una afirmación que resulta especialmente curiosa si pensamos que pocas mujeres han estado tan rodeadas de asistentes dispuestos a ocuparse de cualquier necesidad, incluso la de portar por ella todo lo que pudiese necesitar. Pero aquel accesorio que acompañó a la monarca más longeva del mundo durante décadas tenía incluso una utilidad que iba más allá de guardar sus pertenencias. Expertos en realeza llegaron a apuntar que la soberana lo utilizaba para comunicarse discretamente con su equipo: cambiarlo de una mano a otra durante una conversación podía indicar que había llegado el momento de ponerle fin.
Décadas después, el bolso se ha convertido en el protagonista indiscutible entre las nuevas generaciones de royals. No porque exista una regla de protocolo que obligue a llevarlo, sino precisamente porque pueden prescindir de él (pero deciden no hacerlo). Amalia y Alexia de Países Bajos lo incorporan habitualmente a sus estilismos, Ingrid de Noruega no se ha desprendido de su colección de clutches en color negro durante los homenajes a su abuelo, el rey Harald, tras su muerte. Y la princesa Leonor acaba de convertir el suyo en uno de los detalles más comentados de su primer día en la universidad.
El bolso más allá de su función práctica: guarda un significado
Aunque hoy nos resulte difícil imaginar a una reina o princesa sin su bolso, durante siglos prescindieron de él. Desde aproximadamente mediados del XVII se extendieron los llamados tie-on pockets: grandes bolsillos independientes que se ataban a la cintura y quedaban ocultos bajo las voluminosas faldas. En ellos podían guardar sus pertenencias de forma privada, algo que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XIX.
Pero la moda siempre evoluciona, y con el tiempo, los vestidos se hicieron más estrechos y aquellos bolsillos de atar dejaron de poder esconderse. Aparecieron entonces las retículas, pequeños bolsos que se llevaban en la mano o suspendidos de la muñeca y que rápidamente se convirtieron en un accesorio de moda. Durante la Regencia llegaron a ser los auténticos it bags de su tiempo. El bolso visible fue conquistando así el armario femenino y, con él, el de reinas y princesas. Ya en el siglo XX se convertiría en parte habitual de su imagen pública hasta alcanzar con Isabel II casi la categoría de uniforme.
Pero más allá de su función práctica, en la actualidad, que las jóvenes aristócratas lleven bolso tiene un significado muy potente: "La búsqueda de independencia y autonomía de las nuevas monarquías del siglo XXI", apunta la estilista Anitta Ruiz. "Lo significativo que resulta incluir un bolso cuando llevas detrás a un equipo que podría ‘cargar’ con todo".
El bolso como escaparate de la moda española
En el caso de la princesa Leonor encontramos, además, otra lectura. Como ocurre desde hace años con la reina Letizia, sus elecciones pueden convertirse en un poderoso escaparate para firmas españolas. La esposa de Felipe VI apuesta a menudo por la moda local, lo que también ha transmitido a su primogénita. Cada vez que esta estrena un bolso made in Spain, la exposición mediática es inmensa para quien lo firma.
Así quedó claro este verano durante su paso por Girona, con un bolso tipo pouch de Heimat Atlantica, la firma gallega creada por Montserrat Álvarez, que trabaja con artesanía vinculada a la costa atlántica española y portuguesa. "Sabíamos que le gustaba la marca, pero ha sido una sorpresa", nos contaba su fundadora.
Los bolsos de sus madres, pequeños homenajes familiares
Pero que expresen autonomía no significa necesariamente que se distancien del armario materno. De hecho, entre estas jóvenes royals ocurre justamente lo contrario: resulta curioso cómo bucean en el vestidor de sus madres para pedir prestados bolsos, un gesto que encierra una conexión especial. Amalia de Países Bajos acudía el pasado año a un acto luciendo un Chanel Classic Jumbo en color burdeos que pertenece a la reina Máxima desde 2019.
La princesa Leonor hizo lo propio durante la apertura de la XV Legislatura en 2023: junto a un abrigo de la reina Letizia recuperó un bolso camel de asa corta de Carolina Herrera que su madre ya había llevado anteriormente. Ingrid Alexandra también ha recurrido a esta fórmula: en 2022 completó uno de sus primeros grandes looks institucionales con un clutch burdeos de Aspinal of London perteneciente a Mette-Marit.









