El día de hoy ha quedado inscrito en la historia de la monarquía noruega. Tras la muerte de Harald V el pasado 28 de agosto, su hijo Haakon VIII ha acudido al Storting, el Parlamento, para prestar el juramento de fidelidad a la Constitución que formaliza uno de los grandes hitos del cambio de reinado. Pero no ha sido lo único histórico de la jornada. A su lado se encontraba su hija, Ingrid Alexandra, que desde la muerte de su abuelo se ha convertido oficialmente en princesa heredera, primera en la línea de sucesión al trono. Padre e hija han protagonizado una imagen inédita y cargada de simbolismo, en la que la princesa ha querido tener un guiño con su abuela, la reina Sonia, homenajeándola a través de la moda.
Para una ocasión de semejante trascendencia, y celebrada además en pleno periodo de duelo por su abuelo, Ingrid ha apostado, como era de esperar, por la máxima sobriedad. Ha elegido un vestido negro de riguroso luto, de silueta depurada y elegante, cerrado hasta el cuello, con escote a la caja y manga larga. Una elección de líneas clásicas que encaja perfectamente con la solemnidad del momento y que cumple el código de vestimenta al pie de la letra, pero sin renunciar a su esencia. Como nos explica Marta Callejo, experta en protocolo, el luto "no significa necesariamente abandonar completamente el estilo personal. Una persona puede mantener su silueta habitual y, mediante color, tejido, accesorios y maquillaje, adaptar esa identidad al protocolo funerario".
La moda como herramienta de comunicación
Como señala esta profesional, el protocolo en estos momentos delicados "no busca destacar a quien lo lleva, sino construir una imagen colectiva, fundamentalmente de respeto. Creo que, a día de hoy, podríamos decir que no consiste en aplicar una lista de prohibiciones, sino en entender qué necesita cada ceremonia y adaptar nuestra imagen a ella. El objetivo no es llamar la atención con el negro, sino desaparecer visualmente detrás del significado del acto. En los días inmediatamente posteriores a la muerte de un monarca, la ropa deja de ser una cuestión de tendencia para convertirse en un lenguaje de respeto. Por eso, vemos siluetas sencillas, abrigos estructurados, vestidos o trajes de líneas limpias y muy pocos elementos que puedan distraer de la solemnidad y el respeto".
En el caso de Ingrid, la elección de su look va más allá del evidente respeto a su abuelo, ya que ha querido también rendir homenaje a su abuela, la reina Sonia, apostando por un estilismo muy similar al que llevó ella en el juramento de Harald V en enero 1991. En aquel momento, la situación era similar. También acababa de fallecer el rey, en su caso, Olaf V. Las fotografías de aquella jornada muestran a la por aquel entonces recién estrenada reina consorte con un sobrio estilismo negro mientras acompañaba a Harald en el inicio de su reinado. Treinta y cinco años después, Ingrid recupera esa estética y respeto ante el duelo familiar, aunque reinterpretándola con códigos mucho más contemporáneos.
En lugar del tocado tipo casquete que lució su abuela, Ingrid ha preferido optar por una diadema. Eso sí, ambos diseños coinciden en estar rematados por un velo: clásico en el caso de Sonia, y con efecto red en el de su nieta.









