Gina Phillips, experta en neuroarquitectura: “Si una vivienda permanece exactamente igual, nuestro cerebro termina habituándose a ese entorno”


Según la arquitecta, docente y fundadora de Newphil Arquitectura, el cerebro construye constantemente predicciones sobre el espacio que habita, por lo que ni la estabilidad total ni el cambio permanente resultan beneficiosos: la clave está en introducir novedades sutiles y periódicas que recuperen en casa parte de la variabilidad propia de la naturaleza. Pequeños gestos (cambiar el olor de casa, mover un objeto, reubicar un mueble) bastan para mantener el hogar dinámico y ‘despierto’ sin necesidad de una reforma.


Retrato de Gina Phillips Newman, arquitecta, directora de Newphil Arquitectura y coordinadora del Máster en Neuroarquitectura de la Universidad de Alicante© Newphil Arquitectura
1 de septiembre de 2026 a las 7:02 CEST

La casa no es, ni debería ser, un escenario inamovible. Nuestro cerebro procesa el entorno construido de forma activa, y cuando un estímulo (un mueble, un color, una distribución) deja de aportar información relevante, simplemente deja de percibirlo con la misma intensidad. Es un mecanismo de eficiencia cognitiva: la mente prioriza lo nuevo y filtra lo repetido. Por eso los espacios que llevan años sin cambios sutiles acaban volviéndose invisibles para quienes los habitan. 

Esta relación entre arquitectura y cerebro no se sostiene en intuiciones, sino en la neuroarquitectura, disciplina que estudia con rigor científico y evidencias empíricas (más allá de meras suposiciones) cómo el diseño del espacio condiciona nuestra percepción, emociones y conducta. Gina Phillips Newman, arquitecta, directora de Newphil Arquitectura (www.newphilarquitectura.com) y coordinadora del Máster en Neuroarquitectura de la Universidad de Alicante, tiene la fórmula para despertar a un cerebro adormecido por la rutina y nos la va a ir desgranando. La buena noticia es que no hacen falta obras ni muebles a estrenar, a veces basta con mover un mueble de sitio o cambiar el aroma que impregna las estancias.

110
                                                                 
Vivienda que integra patios que conectan los espacios interiores con la naturaleza© Adrià Goula para Jaime Prous Architects

Lo que la neuroarquitectura nos enseña sobre vivir en un hogar demasiado estable

El cerebro humano evolucionó al aire libre, no entre cuatro paredes. La temperatura, la luz, el movimiento de las plantas o los sonidos cambiaban constantemente, y esa variabilidad ha formado parte durante millones de años de nuestra experiencia ambiental: es la forma en que nuestro sistema nervioso aprendió a relacionarse con el entorno. 

Si una vivienda permanece exactamente igual y además nos desconecta de esos cambios naturales, nuestro cerebro termina habituándose a ese entorno y deja de prestar atención consciente a muchos de sus estímulos”, afirma Gina. La neurociencia lo explica: un entorno rico y variable favorece la plasticidad cerebral. Trasladado a la arquitectura, esto significa recuperar en casa parte de esa experiencia natural: luz cambiante, vegetación, sonidos, ventilación natural, temperatura y vistas al exterior. 

La neuroarquitectura no busca solo diseñar espacios bonitos, sino espacios que mantengan activo y despierto a nuestro cerebro y nos proporcionen bienestar. Buen ejemplo de ello es esta vivienda diseñada por Jaime Prous Architects en la que los patios en los que se cultivan árboles, permiten contemplar el cambio de colorido y de ramaje (con o sin hojas) en función de las estaciones del año.

210
                                                                 
Pared de la cocina decorado con un cuadro apoyado, lo que provoca que la obra sea fácil de trasladar si así se desea© Amador Toril para Silvia Trigueros

La habituación o cuando el cerebro se acostumbra a todo

Cuando una vivienda permanece igual durante mucho tiempo, sin estímulos cambiantes, el cerebro ahorra recursos energéticos y empieza a procesar el entorno ‘en automático’: es lo que se conoce como habituación. Por eso dejamos de notar el olor de casa, de ver la escultura que decora el salón o de reparar en muchos detalles del espacio que habitamos. 

“Un objeto decorativo que al principio nos fascinaba deja de llamar nuestra atención con el paso del tiempo. No es que haya perdido su belleza, sino que el cerebro ya lo incorporó a su representación habitual del entorno”, explica la coordinadora del Máster en Neuroarquitectura de la Universidad de Alicante.

Apoyar los cuadros en la pared en lugar de colgarlos, como hace aquí la interiorista Silvia Trigueros en la cocina con una obra de DdDuarte, es una buena forma de trasladar la obra a otro lugar si nos apetece.

310
                                                                 
Comenzar el día recibiendo la luz solar contribuye a sincronizar nuestro reloj biológico© Erick Palacio / Pixabay

No todo es decoración: apuesta por hábitos biofílicos

La biofilia es esa tendencia innata que tenemos los humanos a buscar conexión con la naturaleza. Aplicada al hogar, significa que no basta con tener plantas o materiales naturales: hay que interactuar con ellos a diario para que realmente beneficien a nuestro sistema nervioso. Esa es la base de los hábitos biofílicos, pequeños gestos que activan el potencial de bienestar de cualquier vivienda sin necesidad de reformar ni comprar nada nuevo. 

El primer paso que propone Gina es sencillo: no empieces el día con el móvil. Abre antes las cortinas. “La luz natural de la mañana es uno de los estímulos más potentes para sincronizar nuestro reloj biológico, algo que la iluminación interior no logra igual”, apunta. Aprovecha el desayuno para acercar la mesa a una ventana o, mejor aún, a un balcón o terraza: una exposición de unos 30 minutos a luz intensa se asocia con beneficios para la regeneración cerebral. 

Otros gestos igual de sencillos ayudan a reforzar esa conexión a lo largo del día: triturar hierbas frescas mientras se cocina, caminar descalzo sobre un suelo de madera unos minutos al día, o dedicar un instante a observar conscientemente un elemento natural, como una planta o un cambio de luz. Todos ellos funcionan como rituales que amplifican el efecto calmante de un entorno ya biofílico.

 
410
                                                                 
Joven con un difusor de aceites esenciales© Pranarôm

Cambiar los aromas en casa estimula el cerebro

Una de las formas más interesantes para traer cambios al hogar es el olfato. El estudio ‘The Neurobiophilia Index’ incluye los aromas entre los 10 factores de enriquecimiento ambiental, y señala que la novedad es la clave: exponerse a aromas diferentes de forma individual favorece más el enriquecimiento ambiental que mantener siempre el mismo olor o mezclar varios a la vez. 

De hecho, el estudio recoge una investigación en humanos en la que usar un difusor con un aroma distinto cada noche, durante dos horas, produjo mejoras notables en el funcionamiento cognitivo y neural frente a un grupo control. Los aromas utilizados fueron rosa, naranja, eucalipto, limón, menta, romero y lavanda. 

Además, algunos de estos aromas tienen efectos específicos sobre la actividad cerebral: la menta se asocia con mayor alerta y atención, la naranja dulce con mejor estado de ánimo y rendimiento, y la lavanda con relajación y flexibilidad cognitiva. El olfato, de hecho, está directamente conectado con las áreas del cerebro que gestionan la memoria y las emociones, lo que explica por qué las fragancias influyen tanto en nuestra sensación de bienestar.

En la propuesta, un difusor de aceites esenciales de Pranarôm que incorpora una suave iluminación.

510
                                                                 
Salón con una importante presencia de plantas bien cuidadas, incluso de porte colgante© Kate Darmody / Unsplash

Por qué las plantas son buenas aliadas del bienestar en casa

Además del olfato, las plantas es otro recurso clave porque combinan dos beneficios. Por un lado, cuando entre un 13% y un 24% de nuestro campo visual está ocupado por vegetación, se obtienen mayores beneficios relacionados con la restauración cognitiva y la reducción del estrés. Por otro, son elementos vivos que cambian constantemente: crecen, pierden hojas, las flores crecen y luego se marchitan y reflejan el paso de las estaciones. “Esa variabilidad conecta con la forma en que evolucionó nuestro cerebro y convierte a las plantas en una fuente continua de estímulos naturales”, afirma Gina.

En este ambiente de salón con una amplia selección vegetal las plantas se disponen tanto en macetas, como en contenedores con patas y en cestas colgantes.

610
                                                                 
Sábanas en un color rosa empolvado, que invita a la calma© Voucler

Así influyen los entornos enriquecidos (según la neuroarquitectura) en nuestro bienestar

Las pequeñas variaciones pueden influir en cómo experimentamos un espacio, aunque conviene matizar qué dice exactamente la evidencia científica. Hoy no podemos afirmar que cambiar las sábanas por otras recién lavadas (estas son de Voucler), por sí solos, mejoren el estado de ánimo. “Lo que sí sabemos es que los entornos enriquecidos (aquellos que incorporan mayor contacto con la naturaleza, estimulación sensorial y cierta variabilidad ambiental) se asocian con beneficios para el bienestar y la función cerebral”, narra la experta en neuroarquitectura. 

Introducir pequeñas dosis de novedad en nuestros espacios podría ser una forma de trasladar a la arquitectura algunos de esos principios.

710
                                                                 
Comedor que integra un olivo cultivado en interior© Silvia Gil Roldán para Marga Lara Interiorismo

Ni todo cambio ni todo rutina

Nuestro cerebro necesita tanto estabilidad como variabilidad: está constantemente leyendo el espacio, interpretando y anticipando. Así es como funcionamos:

  • La estabilidad da sensación de seguridad, permite crear rutinas y reduce la carga cognitiva. 
  • Al mismo tiempo, una cierta dosis de novedad mantiene el entorno estimulante y evita que se vuelva del todo predecible

Todavía no existen estudios que determinen cuánta variabilidad ambiental es la óptima en una vivienda. La investigación sobre enriquecimiento ambiental sugiere que los cambios moderados pueden ser beneficiosos, pero no propone transformar el espacio de forma continua. 

Desde la neuroarquitectura, la idea no es vivir en un entorno cambiante todos los días, sino recuperar parte de la variabilidad que encontramos en la naturaleza: la luz que cambia durante el día, las estaciones, el crecimiento de las plantas o la ventilación natural. El hogar debe seguir siendo un lugar reconocible y seguro, donde pequeñas novedades convivan con una base estable”, explica la arquitecta y fundadora del estudio Newphil Arquitectura.

En este comedor abierto a la cocina, el protagonista es un olivo junto al banco. El proyecto de toda la vivienda, un piso de 52 metros2 situado en Santa Cruz de Tenerife, lo firma Marga Lara Interiorismo.

810
                                                                 
Zona de día de una casa con jardín© Jacqueline Córtes para Newphil Arquitectura

Cómo recuperar en casa los estímulos de la naturaleza

Nuestro cerebro responde tan bien a la variabilidad natural porque evolucionó durante millones de años en entornos donde nada permanecía igual: la luz cambiaba a lo largo del día, las estaciones transformaban el paisaje, las nubes modificaban el cielo y las plantas crecían. Así, desde la neuroarquitectura, más que introducir cambios artificiales, se busca recuperar la conexión natural

A veces no hace falta reformar, basta con cambiar la forma en que vivimos la casa. Gina sugiere, por ejemplo, reubicar un sofá o una butaca del salón para que, en lugar de mirar solo hacia la televisión, invite a contemplar el cielo o la vegetación exterior ya es una decisión de diseño que transforma la experiencia cotidiana del espacio. En el dormitorio o el baño, ubicar el área de tocador junto a una ventana también ayuda: mientras la persona se prepara para salir de casa, recibe unos minutos de luz natural, una de las microexposiciones con mayor respaldo científico para sincronizar el reloj biológico. 

Más que recomendar estancias concretas en las que intervenir, la arquitecta recalca que sobre todo conviene enriquecer los espacios donde pasamos más tiempo cada día: el despacho si se trabaja desde casa, o el salón si es ahí donde se concentra la vida cotidiana familiar. Esta zona de día (un espacio flexible que alberga el salón, el comedor y la cocina) se abre al jardín para disfrutar de las vistas al exterior. El proyecto lo ha realizado Newphil Arquitectura en una vivienda en Costa Rica.

910
                                                                 
Despacho luminoso y tranquilo© Wifre Melendrez para 15000studio

3 consejos para activar tu casa a favor del cerebro en un fin de semana

Tres gestos que la neuroarquitectura recomienda para transformar tu hogar en un fin de semana y que, además, tienen efectos inmediatos: 

1. Recupera un olor con significado. Incorpora un aroma asociado a un recuerdo autobiográfico positivo. Las fragancias para el hogar tienen una capacidad especialmente potente para evocar recuerdos personales, aunque no sean los mismos para todo el mundo: lo importante es la personalización. 

2. Haz visibles tus recuerdosColoca objetos que rememoren algo que te hizo feliz: una fotografía, un libro, una pieza de mobiliario heredada. Verlos cambia la sensación corporal y nos reconecta con quiénes somos. 

3. Identifica un lugar de recuperación. Crea un pequeño espacio en casa asociado de forma consistente con bajar el ritmo: un sillón, una esquina, un momento del día. No hace falta una habitación especial ni comprar nada. “Nuestro cerebro no recuerda las experiencias de manera aislada: el contexto en el que ocurren también se convierte en una clave asociada a ellas”, señala Gina. Repetir ese mismo lugar y momento para leer, escuchar música o simplemente estar sin demandas construye, con el tiempo, una asociación entre ese contexto y la sensación de calma.

Este despacho con esculturas a los que los propietarios tienen un cariño especial, forma parte de una reforma integral de un piso en A Coruña, emprendida por 15000studio.

1010
                                                                 
Dormitorio juvenil que sigue los principios de la neuroarquitectura y que se diseña no solo para el descanso, también para el estudio, el juego y hasta el deporte© David Frutos para WOHA

¿Cuesta adaptarnos a un cambio radical en casa?

No necesariamente nos cuesta asimilar todo cambio radical: depende de qué se modifica, de cuánto control tenemos sobre ello, de si podemos anticiparlo y de la historia que tengamos con ese lugar. Lo que sí sabemos es que el cerebro construye continuamente predicciones sobre el entorno a partir de la experiencia previa. Cuando esas predicciones dejan de coincidir de forma abrupta con lo que encontramos, necesitamos un periodo de adaptación para construir un nuevo modelo del espacio. Esto explica por qué incluso un cambio positivo puede generar al principio cierta sensación de extrañeza

Después de una reforma completa, aunque la casa haya ganado luz, espacio y mejor organización, durante un tiempo las cosas no están donde se esperaba, las proporciones son distintas y los recorridos han cambiado. El cerebro tiene que volver a aprender ese espacio y construir un nuevo mapa, por lo que mantener algunas referencias conocidas en el diseño ayuda a esa sensación de orientación.
 En el caso de este dormitorio juvenil, parte de un proyecto integral que World of Holistic Architecture (WOHA) ha llevado a cabo en esta vivienda de la localidad alicantina de Elche, este proceso de adaptación se aceleró gracias a que el propio diseño invitaba a experimentar con el espacio de forma progresiva. Las cortinas y celosías permiten a los tres hermanos que moran en él ir descubriendo, día a día, nuevos grados de apertura y cierre según la actividad o el momento, de manera que el cambio de comportamiento (de compartir a aislarse, de estudiar a descansar) no se impone de golpe, sino que se aprende jugando con los propios elementos del espacio.

“La naturaleza combina estabilidad y cambio. No vivimos en un ambiente completamente predecible, pero tampoco en uno que cambia todo el tiempo. Quizá esa combinación sea una de las claves para pensar espacios que podamos experimentar como nuevos sin dejar de sentirlos propios”, concluye Gina.