En Puntaldia, un promontorio suspendido sobre el litoral de San Teodoro, en la costa noreste de Cerdeña, el Mediterráneo se despliega entre pequeñas calas de arena clara y una vegetación que parece abrazar el paisaje. Es aquí donde se encuentra la casa de verano de Angela Missoni, un refugio profundamente ligado a la memoria familiar desde que sus padres, Ottavio y Rosita Missoni, la adquirieran en los años ochenta para transformarla, con el tiempo, en un verdadero hogar.
Hoy, Angela nos abre las puertas de este universo junto a su hija, Teresa Maccapani Missoni, quien regresa acompañada por sus dos hijos: Zeno, el mayor, heredero de la sensibilidad artística de la familia, y su hija de dos meses.
"Más allá de su innegable belleza y entorno extraordinario, este lugar está profundamente vinculado a los momentos que hemos construido aquí a lo largo del tiempo"
Junto a ellas se encuentra también Carolina Fumagalli, a quien Teresa considera como una hermana, integrante de la familia que impulsó el desarrollo de Puntaldia hasta convertirlo en uno de los destinos residenciales más exclusivos de la isla.
Habla Angela Missoni
¿Qué representa esta propiedad para ti, Angela?
Más allá de su innegable belleza y de un entorno extraordinario, este lugar está profundamente vinculado a los momentos que hemos construido aquí a lo largo del tiempo. Con los años, se ha convertido en un auténtico archivo de nuestra historia.
Teresa: "He pasado casi todos mis veranos aquí, y recuerdo especialmente uno en el que mi madre recogió botellas de plástico vacías y construyó una balsa con ellas"
¿Cómo descubristeis este rincón?
La relación con Cerdeña comenzó gracias a una gran amiga de mis padres, la actriz Lea Massari. Ella pasaba gran parte del año en Lu Impostu, una de las playas más hermosas de la zona, y durante mucho tiempo insistió en que conociéramos la isla. Finalmente, aceptamos su invitación y vinimos una Semana Santa. Esa primera visita resultó decisiva: mi madre, Rosita, se enamoró del entorno. Recuerdo que, de camino al aeropuerto para regresar, vio desde el taxi la oficina de ventas de la urbanización y le pidió al conductor que se detuviera con el fin de informarse sobre los inmuebles disponibles. Apenas una semana después regresó y compró las dos primeras casas de la familia en la zona, las que todavía hoy seguimos llamando "las casitas". Diez años más tarde, levantaríamos aquí la residencia definitiva.
"La relación con Cerdeña comenzó gracias a una gran amiga de mis padres, la actriz Lea Massari. Durante mucho tiempo insistió en que conociéramos la isla y, finalmente, vinimos una Semana Santa. Esa primera visita resultó decisiva"
Además del verano, ¿qué otras vivencias especiales atesoras aquí?
El invierno ocupa un espacio singular en mi memoria. Nuestras casas estaban pensadas para ser habitadas durante todo el año, con chimeneas y calefacción, por lo que era muy frecuente reunirnos a celebrar la Navidad. Entre los instantes más entrañables están también los vinculados al mar: mi madre era una pescadora apasionada y nos transmitió esa afición desde muy pequeños. Nos enseñó a respetar los ritmos de la naturaleza, a recoger cangrejos en la orilla y a buscar erizos y trufas marinas allí donde estuviera permitido.
¿De qué manera viviste el hecho de crecer dentro de una de las dinastías de la moda más influyentes?
Para mí resultaba algo completamente natural, porque era, simplemente, el único entorno que conocía. Sin embargo, con el paso de los años, me he dado cuenta de cuánto absorbí de ambos: de mi madre he heredado la sensibilidad estética. Incluso hoy me llama la atención la profunda sintonía que compartíamos; en sus últimos años ocurrió más de una vez que, visitando ferias de antigüedades por separado, terminábamos eligiendo objetos de la misma línea sin habernos consultado. De mi padre tomé una forma de ver la vida basada en la libertad, la curiosidad y la independencia de pensamiento.
"De mi madre he heredado la sensibilidad artística. Incluso hoy me llama la atención la profunda sintonía que compartíamos", nos desvela Angela
¿Qué supuso asumir la dirección creativa de Missoni y dar continuidad a su legado?
Mi camino hacia la dirección creativa de la firma transcurrió de lo más fluido. En aquel momento yo estaba trabajando en mi propia colección y mi madre era mi mayor apoyo. Tras uno de mis desfiles, me preguntó si alguna vez me había planteado diseñar la línea principal. Sinceramente, jamás se me había pasado por la cabeza. Su respuesta fue tan directa como inolvidable: "Deberías pensarlo, porque lo que estás haciendo es exactamente lo que me gustaría que Missoni fuera hoy". Lo verdaderamente extraordinario fue la inmensa confianza que depositó en mí: me dio total libertad mientras ella encauzaba su pasión hacia el universo del interiorismo, desarrollando Missoni Home.
¿Cuál dirías que fue tu mayor reto?
A menudo pienso que mis padres inventaron un lenguaje propio y que mi cometido consistió en enriquecer su vocabulario, manteniéndolo vivo para las nuevas generaciones. Nunca me interesó repetir lo que ya se había hecho; por eso, el verdadero giro durante mis años al frente fue lograr que la marca volviera a ocupar un lugar central en la conversación de la moda contemporánea.
¿Qué papel desempeña actualmente el núcleo familiar dentro de la empresa?
Hoy en día, la vinculación directa con la firma ha concluido. Sin embargo, nuestra conexión con la marca permanece intacta. De cara al futuro, nuestro verdadero compromiso es velar por este patrimonio y ponerlo en valor a través de la Fundación Ottavio y Rosita Missoni. A título personal, me encantaría dedicarme a la publicación de una serie de libros que exploren los distintos capítulos de nuestra trayectoria.
"A título personal, me encantaría dedicarme a la publicación de una serie de libros que exploren los distintos capítulos de nuestra trayectoria"
Teresa Maccapani
¿Cómo transcurre una jornada habitual para ti aquí?
Mi rutina discurre a un ritmo maravillosamente lento y eso es precisamente lo que más me gusta. Zeno pasa gran parte del día al aire libre: hace snorkel, explora la costa, sale en la embarcación de su abuela o busca cangrejos azules en la laguna con sus amigos. Mientras tanto, mi marido y yo vamos combinando el cuidado del bebé con el trabajo. La existencia aquí gira en torno al grupo, el mar y la comunidad. Comemos juntos, pasamos la tarde en la playa y a menudo terminamos la jornada con paseos o cenas con amigos.
¿Crees que Puntaldia ha influido en tu manera de entender la creatividad?
He pasado prácticamente todos los veranos de mi vida aquí y recuerdo uno en el que mi madre, con su gran pasión por el reciclaje y su mente de ingeniera, recogió botellas de plástico vacías y construyó una balsa con ellas. Ese espíritu de moldear cosas y encontrar usos imaginativos para lo que hubiera disponible siempre ha formado parte de nosotros.
Hoy está con vosotras tu íntima amiga Carolina Fumagalli, que es como parte de tu familia. ¿Cómo pasó vuestra amistad a convertirse también en una colaboración creativa?
La colaboración con Carolina comenzó en Due Lune Puntaldia, el hotel de su familia, cuando quiso transformar el proyecto en algo que fuera más allá de la hospitalidad para convertirlo en un universo de lifestyle ligado a la creatividad, la artesanía y el sentido de lugar. Dentro de este mismo proyecto nació Caraluna, la boutique del hotel, para la que desarrollé la identidad visual, el logotipo, elementos decorativos y la dirección estética, siempre con un enfoque en la artesanía sarda, los objetos con historia y una sensibilidad profundamente ligada al entorno. Lo que hace que nuestra colaboración funcione de forma tan natural es que siempre ha sido una extensión de nuestra amistad. Los proyectos han surgido de manera orgánica, de nuestras conversaciones, nuestra curiosidad compartida y nuestro deseo de crear juntas algo con significado.
"Mi predilección por las piezas vintage, las antigüedades y los mercadillos es, sin duda, algo heredado. Desde que tengo memoria, he compartido esa afición con mi abuela y con mi madre", recuerda Teresa
¿Cuándo comenzó tu fascinación por los mercados de antigüedades y por coleccionar objetos con historia?
Mi predilección por las piezas vintage, las antigüedades y los mercadillos es, sin duda, algo heredado. Desde que tengo memoria, he compartido esa afición con mi abuela y con mi madre. Ellas me transmitieron el placer de la búsqueda en sí misma. Hoy en día, lo disfruto con mis hijos. Para nosotros, recorrer estos puestos siempre ha sido como emprender una caza del tesoro. También me atrae profundamente la idea de rescatar objetos que han perdido valor para otros y darles una segunda vida.
¿Qué principios has recibido de tu madre y de tus abuelos en lo relativo al proceso creativo?
La lección más importante que me han dado es la de la admiración por la artesanía y por quienes la ejecutan. Desde muy joven aprendí a valorar a los artesanos. Un reconocimiento que me parece más relevante hoy, cuando muchas técnicas tradicionales están desapareciendo. Preservarlas no significa únicamente proteger un oficio, sino también salvaguardar un patrimonio cultural. Asimismo, me enseñaron que la inspiración puede surgir en cualquier parte y a mirar el mundo con asombro, con esa perspectiva propia de la infancia. Esa forma de contemplar lo que me rodea sigue conmigo hoy día.






























