A tan solo 30 minutos de Coimbra y Aveiro, y a ocho kilómetros del mar de Praia da Tocha, se encuentra Quinta de Santo Amaro, la espectacular finca familiar de la empresaria Catarina Flores. Experta en hostelería y en el arte de recibir en casa, nos invita a conocer su propiedad junto a dos de sus hijos, Pedro y Marta, y una de sus nietas, Gabriela.
Nuestra anfitriona es hija de Joao Flores, que fue presidente de la Cámara de Comercio Hispano Portuguesa hasta su muerte, en 2020, a los 85 años. El reconocido empresario vivió más de cuatro décadas en España con su mujer, Tita Torrabadella, junto a la que cultivó la amistad de Alberto Cortina, Isabel Preysler y Nuria González, entre otros. Él fue el responsable de la renovación de algunos de los espacios de esta casa que se erige entre árboles y viñedos centenarios.
La casa y sus raíces
Catarina, esta casa lleva generaciones en vuestra familia. ¿Cuál es la historia de este lugar?
La casa data de 1543. Fue construida por los frailes del monasterio de Santa Clara de Coimbra como residencia de verano, un lugar donde también tenían sus animales y su huerto. En 1878 pasó a manos de mi familia. Cuenta la leyenda que existían túneles subterráneos que unían un pozo de la finca con la ciudad de Coimbra. Los hemos buscado muchas veces, pero seguimos sin encontrarlos.
¿Qué significado ha tenido esta casa para las distintas generaciones de vuestra familia?
Son ocho generaciones las que han crecido aquí, y esta finca siempre ha sido el núcleo de la familia, el lugar al que todos volvemos. Forma parte de nuestra identidad. La generación de mi abuela era de ocho hermanos, y todos nacieron en esta casa.
¿Cuáles son tus primeros recuerdos aquí?
Me pasaba todos los veranos aquí con mis abuelos y mis primos. Era mágico. Construíamos cabañas en los árboles, dábamos de comer a los animales, recogíamos fruta del huerto… Y siempre participábamos en la vendimia. Era el punto alto del año y sigue siéndolo.
Si cerraras los ojos y pensaras en tu infancia en esta finca, ¿qué imagen te vendría a la cabeza?
Vería sin duda a mi abuelo paseando entre los viñedos. Era un hombre extraordinario, un gran contador de historias, de muchas aventuras en África. Fue él quien me enseñó a hacer tirachinas con un palo y un trozo de goma de una rueda vieja. Y fue él quien me transmitió el amor por el campo y por el vino.
"Tengo cinco nietos, todavía pequeños. Lo que más me gusta es verlos en bicicleta, inventándose juegos con palos y piedras, usando la imaginación"
¿Hay alguna anécdota de infancia que recuerdes especialmente?
Mi abuelo plantaba un árbol el día que nacía cada nieto. Es una tradición que viene de mucho antes en la familia, y para mí era algo muy especial saber que había un árbol en esta tierra que era mío. Todavía hoy sé de quién es cada árbol. Me sigue haciendo mucha ilusión.
¿Qué rincones permanecen prácticamente iguales a los que conociste de niña?
Conozco cada rincón y cada olor de esta finca. Los viñedos más antiguos son los que permanecen más fieles a sí mismos. Algunos superan los cien años y tienen una presencia que impone respeto. Son los testigos silenciosos de todo lo que ha pasado aquí.
El legado de las mujeres
Hay algo muy singular en vuestra historia: esta casa siempre ha pasado de una mujer a otra. ¿Cómo se explica esta tradición?
Así ha sido, generación tras generación, solo por circunstancias de la vida. Ocho generaciones de mujeres al frente de esta casa. Todas ellas valientes, luchadoras, con una personalidad muy marcada. Y todas dejaron una huella importante no solo en la finca sino también en la vida del pueblo de Cadima, en las personas que las rodeaban. Es un legado del que estoy muy orgullosa.
"En una casa lo más importante es el alma. Esta casa está llena de muebles que han venido de varias generaciones y de distintos miembros de la familia. Nunca he comprado un mueble para esta casa"
¿Sientes una responsabilidad especial al ser la actual heredera de ese legado femenino?
Enorme. Esta casa no es solo mía, es de mis hijos, del resto de la familia, de todo el que ha estado aquí antes que yo. Por eso sigo insistiendo en que nos reunamos todos aquí. Y mientras tanto, voy modernizando poco a poco: la agricultura, la bodega, nuevos viñedos. Lo hago con mucho amor, y creo que eso se siente en cada rincón.
¿Hay algún consejo o enseñanza de tu madre, tu abuela o bisabuela que siga acompañándote cada día?
Todas las mujeres de mi familia me transmitieron un gran sentido de la responsabilidad y la convicción de que los problemas existen para ser resueltos, nunca para paralizarte. Mi madre murió cuando yo era pequeña. Mi padre se volvió a casar con Tita, que fue una segunda madre para mí, también una mujer extraordinariamente poderosa, con quien aprendí a disfrutar de la vida con plenitud. La quise muchísimo.
Tu casa tiene una personalidad muy especial. ¿Cómo definirías tu estilo decorativo?
Es difícil de definir, y quizás eso es lo que lo hace interesante. El secreto está en conseguir que la mezcla de estilos funcione y tenga coherencia. Yo me considero una clásica moderna, no solo en la decoración, sino también en la vida.
¿Qué importancia tiene para ti que una casa tenga alma, más allá de estar perfectamente decorada?
Para mí lo más importante, sin duda, es el alma. Esta casa está llena de muebles que han venido de varias generaciones y de distintos miembros de la familia. Nunca he comprado un mueble para esta casa. Todos tienen historia, todos cuentan algo. El secreto está en encontrar la armonía entre ellos. Y también que todo sea cómodo y funcional, no solo bonito. Soy de las que se levantan a medianoche para cambiar algo de sitio.
"Marta es un alma libre, independiente y muy moderna. Pedro es el que más se parece a mí de carácter. Tiene una sensibilidad especial para el arte, incluyendo el arte de recibir"
¿Eres de planificar cada detalle o prefieres que la decoración evolucione con el tiempo?
Soy muy organizada; me gusta que todo tenga un orden y un sentido. Dicho eso, la decoración siempre evoluciona con el tiempo, y hay que tener la sabiduría de dejarse llevar por esa evolución sin perder la personalidad de la casa.
Hay piezas muy distintas conviviendo juntas. ¿Cómo consigues que todo encaje?
Esa convivencia de piezas distintas es precisamente lo que le da gracia a esta casa. Me encanta recuperar muebles y darles una nueva vida. Toda esta mezcla de colores y de estilos transmite una energía muy especial. Esa energía se siente en cuanto entras.
¿Qué muebles o piezas tienen una historia familiar detrás?
Hay muchas. La caja fuerte del salón todavía guarda dentro los cuadernos de campo de mi bisabuela, ahí están anotados todos los gastos de los viñedos de la época, con una caligrafía preciosa. Y el reloj del pasillo, que daba las campanadas cada hora.
¿Qué objetos hacen que una casa resulte acogedora?
Color, telas bonitas, libros, fotos, velas. Sin eso, una casa no tiene vida.
¿Cuál es la pieza más especial de toda la casa?
Un retrato de mi madre y mío, pintado por Luís Pinto-Coelho. Fue el primer retrato que hizo en su vida y, al terminarlo, no le gustó nada, nos dijo que nos haría otro si quitábamos ese del salón. A mí me encanta. Mi madre murió cuando yo era pequeña y ese cuadro es uno de los recuerdos más bonitos que tengo de ella.
"Esta casa no es solo mía, es de mis hijos, del resto de la familia, de todo el que ha estado aquí antes que yo. Por eso sigo insistiendo en que nos reunamos todos aquí"
Esta casa invita a quedarse. ¿Te gusta recibir invitados?
Me encanta. Sin poder compartir esta casa con familia y amigos, no tendría ningún sentido.
¿Eres de grandes celebraciones o de reuniones pequeñas?
De todo. Me encantan las reuniones pequeñas, que hacemos muchas. Y de vez en cuando una gran celebración como las vendimias, algún cumpleaños importante, una boda… Cualquier excusa es buena para reunir a la gente que quieres.
"Mis nietos y yo hacemos juntos pequeños trabajos en el huerto. Quiero que se vayan acostumbrando desde pequeños a poner las manos en la tierra"
¿Cómo preparas una mesa bonita?
Siempre empiezo por elegir un mantel bonito, una vajilla especial, muchas flores y, si es de noche, velas. Intento que cada mesa sea diferente a la anterior.
¿Qué importancia tiene para ti la vajilla y de dónde proceden algunas de las piezas?
Hay muchas vajillas en esta casa, algunas muy antiguas, ninguna comprada por mí. Una vajilla viste la mesa. Me encanta cambiar de vajilla en cada plato.
¿Cuál es el plato que nunca falla cuando tienes invitados?
El “leitão”, el cochinillo asado, el plato típico de esta zona. El nuestro nos lo hace el panadero del pueblo en su horno de leña. Nunca falla.
¿Hay alguna receta familiar que pase de generación en generación?
Mi abuela era fantástica haciendo postres. Guardo su libro de recetas como una joya.
¿Cuál es ese pequeño detalle que siempre cuidas cuando organizas una reunión?
Llenar la casa de flores del campo. Me encanta salir a recogerlas y después ir colocándolas en jarrones por toda la casa. Es algo que me relaja muchísimo y que da vida a la casa.
La familia
En las fotografías aparecen tus hijos y tus nietos. ¿Qué significa para ti reunir a varias generaciones bajo el mismo techo?
Es el propósito de esta casa. Es lo que me hace verdaderamente feliz.
"Mi abuelo era un hombre extraordinario, un gran contador de historias, de muchas aventuras en África. Fue él quien me transmitió el amor por el campo y por el vino"
Cuéntanos un poco quiénes son y a qué se dedican.
Tengo cuatro hijos y cinco nietos, ¡familia numerosa! João, el mayor, vive en Madrid con sus tres hijos. Es un gran empresario y un gran padre. Luego vienen los mellizos, Pedro y Salvador. Los dos son músicos. Salvador es el batería de Capitão Fausto, un grupo muy conocido en Portugal. Pedro estudió hostelería y lleva muchos años al frente de La Trattoria, nuestro restaurante en Lisboa. Canta fados muy bien y está grabando su segundo disco. Y Marta es la pequeña, también en hostelería, acaba de abrir su primer restaurante, Barbela C.P.M.
¿Cómo describirías a tu hija?
Marta es un alma libre, independiente y muy moderna. Responsable y cariñosa, trabajadora y deportista. Amiga de sus amigos. No podría haber pedido una hija mejor.
"Los viñedos más antiguos son los que permanecen más fieles a sí mismos. Algunos superan los cien años y tienen una presencia que impone respeto. Son testigos silenciosos"
¿Y a tu hijo Pedro?
Pedro es el que más se parece a mí de carácter. Es más tranquilo, pero a la vez muy divertido. Es quien me ayuda a preparar todas las reuniones en casa y tiene una sensibilidad especial para el arte, incluyendo el arte de recibir.
¿Qué valores has intentado transmitirles desde pequeños?
El sentido de la responsabilidad, la gratitud por lo que tienen, sea mucho o poco, y, sobre todo, que sean felices.
¿Cómo ha cambiado la casa desde la llegada de los nietos?
Tengo cinco nietos, todavía pequeños, y no paro de poner cunas y camas. Mis padres fueron abuelos extraordinarios. Le hicieron a mis hijos campos de fútbol, de pádel, una sala de juegos; hasta tuvieron caballos, ponis y burros. Yo lo mantengo, pero lo que más me gusta es verlos en bicicleta, inventándose juegos con palos y piedras, usando la imaginación.
¿Qué es lo que más disfrutas de esta nueva etapa como abuela?
Que vengan a mi cuarto por la mañana y me cuenten sus historias. Verlos correr todo el día y llegar agotados por la noche. Hacemos juntos pequeños trabajos en el huerto. Quiero que se vayan acostumbrando desde pequeños a poner las manos en la tierra.
"La vendimia, sin duda, es el momento familiar más especial, en el que celebramos todo el trabajo de un año y terminamos con una fiesta. Si mis hijos se ponen a tocar y a cantar, ya es perfecto"
¿Qué momentos familiares son los más especiales aquí?
La vendimia, sin duda. Es el momento en el que celebramos todo el trabajo de un año y terminamos con una fiesta. Si mis hijos se ponen a tocar y a cantar, ya es perfecto. La Semana Santa también es una tradición muy importante: abrimos las puertas de la casa y de la capilla, viene el cura y la gente del pueblo. Es una celebración muy bonita.
Proyectos de futuro
Portugal está viviendo un momento muy especial. ¿Qué significa este país para ti?
Soy portuguesa de padre y madre, nacida aquí. Me fui a vivir a España a los seis años y volví a los 18. Siempre me he sentido de los dos países por igual. Portugal ha crecido mucho en los últimos años, se está apostando por un turismo de calidad, y creo que lo estamos haciendo muy bien.
Ahora estáis inmersos en la elaboración de vuestro propio vino. ¿Cómo nació esa idea?
Siempre la tuve. En esta finca siempre se hizo vino, pero de manera artesanal, sin comercializarlo. Mi padre empezó a darle una forma más seria, aunque fue solo un comienzo. Tenemos ocho hectáreas de viñedos muy antiguos, suelo arcilloso y una situación privilegiada, muy cerca del mar. Esta es la región de Bairrada, que se está poniendo muy de moda, se están haciendo vinos extraordinarios aquí. Vi que era el momento de lanzar mi proyecto. Tengo un enólogo excepcional, Jorge Rosa Santos, y estamos construyendo algo muy pensado y muy sólido. La producción es pequeña de momento.
¿Qué te está enseñando el mundo del vino?
Que dependemos enormemente del clima, que una cosecha puede ser extraordinaria o difícil según lo que haga la naturaleza. Y los cambios en los últimos años no están siendo fáciles, las temperaturas extremas lo complican todo. Pero acompañar el proceso desde la poda en invierno hasta ver cómo todo vuelve a crecer en primavera es algo que nunca deja de parecerme un milagro.
"Cuando preparo una mesa, siempre empiezo por elegir un mantel bonito, una vajilla especial, muchas flores y, si es de noche, velas. Intento que cada mesa sea diferente a la anterior"
¿Qué ilusión te hace ver el primer vino con vuestro nombre?
Es un sueño que se está haciendo realidad, poco a poco. Creo que todas las generaciones anteriores estarán muy orgullosas de lo que estoy haciendo.
La finca también acoge bodas y eventos. ¿Cómo surgió ese proyecto?
Esta finca es tan bonita que pensé que debía dejar que otras personas la disfrutaran. Hacemos aquí algunas bodas cada año, y en todas me involucro como si fuera la boda de uno de mis hijos.






















