A pie de playa, con impresionantes vistas al océano Pacífico y en uno de los rincones más espectaculares de México, Gabriela y Ernesto Coppel —al que todo el mundo llama cariñosamente “Neto”— han construido su hogar perfecto. Un espacio donde se unen el diseño vanguardista y los recuerdos de sus innumerables viajes. Esta fabulosa casa en Los Cabos (Baja California Sur) refleja fielmente el espíritu aventurero e incansable de este magnate de la industria turística y de su mujer, volcada en la filantropía a través de su propia fundación.
Ernesto llegó al mundo de los negocios hoteleros casi por casualidad, tras atravesar una época personal y económica muy complicada. Tenía entonces 30 años y, de inmediato, comenzó a despuntar en el sector. Fue el principio de una brillante carrera de éxito en la que, 49 años después, sigue volcando la misma ilusión y energía, con ambiciosos proyectos en el horizonte.
El empresario es padre de tres hijas; una de ellas es Bárbara Coppel, quien, junto a su marido, el extorero Alejandro Hank, forma una de las parejas más influyentes de México. Tras un primer matrimonio, Ernesto volvió a encontrar el amor al lado de Gabriela Camus, de origen español. Llevan veinte años juntos y trece de matrimonio, y en esta casa, que adquirieron en 2017 y de la que ahora nos abren las puertas, siguen escribiendo su bonita historia de amor.
“La construimos completamente desde cero, en 2017, con mucha ilusión, inspirados en nuestros viajes. La atmósfera es ecléctica, luminosa y muy espaciosa”
¿Qué es lo que os enamoró de este lugar?
La casa está situada en el punto más alto del proyecto Quivira, con la mejor vista al mar del océano Pacífico. Quivira es un proyecto hotelero residencial de 750 hectáreas frente al mar, en Los Cabos, México.
"Llegué al mundo hotelero por casualidad. Estaba en la ruina, tenía 30 años y no había hecho nada con mi vida. Me dieron la oportunidad, unos americanos de Texas, de empezar como vendedor"
¿La construisteis desde cero o ya lo estaba e hicisteis reforma?
La construimos completamente desde cero y para ello contamos con la ayuda de la arquitecta Paty Danel y de Katherine Pullen, gran diseñadora de interiores de Phoenix, Arizona (Estados Unidos).
¿Os resultó fácil plasmar vuestros gustos en la casa?
Sí, la verdad es que la hicimos, con mucha ilusión, inspirados en nuestros viajes.
¿Cuál es vuestro rincón favorito?
Nuestra habitación, porque es amplia y muy cómoda, con magníficas vistas al mar.
¿Cómo describiríais la atmósfera de la casa y qué piezas decorativas destacarías?
La atmósfera es ecléctica, luminosa y muy espaciosa. En cuanto a la decoración, las piezas más especiales son un jarrón griego que data del año 450 a. C. y una cuadriga de caballos griegos, que es una réplica del modelo de Fidias en el frontón del Partenón de Atenas.
¿Hay piezas traídas de viajes, antigüedades familiares o de mercadillos especiales?
Sí, de hecho, casi todas. La gran mayoría provienen de los viajes que hemos hecho por Europa, América, India, África, Egipto, Jordania o Turquía.
“Las piezas más especiales son un jarrón griego que data del año 450 a.C. y una cuadriga de caballos griegos, que es una réplica del modelo de Fidias en el frontón del Partenón de Atenas”
¿Cuál es el objeto con más valor sentimental que tenéis?
Un icono ruso de la Madonna Negra que adquirimos en la ciudad de Jerusalén.
"Tengo una fundación con la que ayudo a las mujeres maltratadas y a ancianos. También tengo una tienda donde vendo objetos de decoración, ropa y accesorios, y me dedico al desarrollo humano"
¿Vivís aquí todo el año o pasáis solo algunas temporadas?
Pasamos nueve meses aquí —todo el año, menos el verano— y durante ese tiempo el clima es magnífico. Cuando llega el verano viajamos normalmente a California o a Canadá.
La increíble historia de Ernesto
Ernesto, eres un magnate de la industria turística en México, ¿cómo comenzaste en este sector?
Llegue a este mundo por casualidad. Estaba yo en la ruina, tenía 30 años y no había hecho nada con mi vida. Me dieron la oportunidad, unos americanos de Texas, de empezar como vendedor a tiempo parcial en uno de sus proyectos, en Mazatlán, y resulté bueno para eso. Luego me ascendieron a asistente de gerente de ventas y, a los dos años, me independicé y me fui a poner mi propio proyecto con lo poco que había ahorrado y con la ayuda de un socio. Así que entré en la industria turística por la puerta de atrás... y llevo ya trabajando en esto 49 años.
¿Cuál ha sido el reto más difícil hasta llegar dónde estás hoy?
Aguantar las crisis periódicas que se viven en la economía y en el turismo internacional en México, pero siempre he salido airoso gracias al trabajo del gran equipo que he formado a través de todo este tiempo.
¿Cuáles son tus próximas metas?
Hacer crecer la empresa, seguir con el tiempo compartido. Estamos construyendo ahora el hotel St. Regis con unos socios, que es un hotelazo, aquí mismo, en Quivira, pues es la calidad que estamos buscando: calidad “top”. Tenemos un proyecto residencial al que llamamos Lighthouse, o sea, El Faro, que está en proceso, el cual contará con un campo de golf exclusivo. También tenemos un campo de golf, el campo Quivira, que fue el mejor del mundo del año 2014, según la revista Golf Inc.
¿Qué significa Gabriela en tu vida?
Admiro su sencillez y su gran corazón. Ella significa todo en mi vida; mi vida gira a su alrededor, y yo, sin ella, me siento perdido.
"Neto estaba casado con su esposa de muchos años, y yo también. Pasaron los años y la vida hizo que coincidiéramos en un evento, y nos reencontramos como almas gemelas"
Tu hija Bárbara vive desde hace un tiempo en Madrid con su marido y sus hijos, ¿te gusta España a ti?
Mi hija Bárbara, en efecto, vive en Madrid. Me encanta España, vamos lo más seguido que podemos a visitarla. Y, hombre, mi mujer es de origen español y tiene pasaporte español: su abuelo nació en Cueto, junto a Santander, y emigró a México a principios del siglo XX.
Gabriela, su alma gemela
Gabriela, ¿cómo se cruzaron vuestras vidas?
Nos conocimos porque yo tenía un cuñado que es del mismo estado de donde es Neto, son paisanos. Vino a visitarnos y nos invitó a una cena con él. Neto estaba casado con su esposa de muchos años, y yo igual. Luego pasaron los años y la vida hizo que coincidiéramos en un evento, y, pues, ahí nos reconocimos y nos reencontramos como almas gemelas.
¿Cuántos años lleváis casados?
Vivimos juntos desde hace veinte años; este año los cumplimos. Pero nos casamos en 2013, hace trece.
“Admiro su gran corazón. Ella significa todo en mi vida; mi vida gira a su alrededor y yo, sin ella, me siento perdido”, dice el empresario sobre su mujer, con quien lleva casado 13 años
¿Qué es lo que más admiras de Ernesto?
Su generosidad, su capacidad visionaria para poder transformar los espacios y su gran corazón, con el que ayuda a todos sus amigos y a toda la gente que necesita evolucionar y crecer.
"Pasamos nueve meses aquí —todo el año menos el verano— y, durante ese tiempo, el clima es magnífico. Cuando llega el verano viajamos a California o a Canadá"
Háblanos de tu trabajo, ¿a qué te dedicas?
Tengo una fundación con la que ayudo a las mujeres maltratadas y a los abuelos. También tengo una tienda donde vendo objetos de decoración, ropa y accesorios. Somos socios en un proyecto en Todos Santos, donde tenemos un gran espacio que se llama Oystera. Me dedico también a todo lo que es el desarrollo humano. Me gusta muchísimo el desarrollo humano, por lo que he dado terapia; soy maestra de yoga, reiki, ThetaHealing... En definitiva, me gusta ayudar a la comunidad y quiero seguir haciéndolo hasta que el cuerpo aguante.

























