Pascua Ortega nos recibe en su palacete del siglo XIX, en pleno Barrio de las Letras, en el corazón de Madrid, un enclave cargado de historia y profundamente ligado al Siglo de Oro español, donde vivieron grandes nombres de nuestra literatura como Lope de Vega, Francisco de Quevedo o Miguel de Cervantes. En este mismo entorno vive desde hace ya más de tres décadas una de las grandes figuras del interiorismo español, que nos abre las puertas acompañado por los cuatro hijos de su querida hermana María José, fallecida recientemente, y por algunos de sus sobrinos nietos. Su llegada a este edificio fue fruto de un auténtico flechazo.
Por entonces, estaba en un estado muy deteriorado, aunque todavía conservaba algunos rastros de su antiguo esplendor. Pascua supo reconocer su potencial y emprendió una profunda restauración que se prolongó durante dos años.
El resultado es un espacio con alma que él mismo define con honestidad y cierta ironía: bello, quizá algo pretencioso, pero profundamente íntimo. Un lugar vivido, compartido y cargado de memoria, escenario de encuentros, celebraciones y proyectos clave en distintas etapas de su carrera.
"Tengo la suerte de pertenecer a una familia muy unida y muy querida, y quise rodearme de los hijos de mi hermana María José, “la Pepa”, que nos dejó recientemente de manera inesperada"
Eres el padre y maestro del interiorismo español. ¿Qué significa eso para ti?
Ante una afirmación tan glorificante, más que sonrojarme… ¡me pongo colorado! No exageremos. Es verdad que, por edad, mal que me pese, tengo una larga trayectoria profesional a mis espaldas y he tenido la suerte de compartir muchas experiencias, proyectos y aprendizajes con las nuevas generaciones que me he ido encontrando por el camino. Eso es, precisamente, lo más importante para mí.
La historia de la casa
¿Cómo fue la primera vez que estuviste en esta casa?
Su aparición supuso un momento decisivo en mi carrera. La encontré hace ya más de tres décadas y fue, sin duda, un auténtico flechazo. Era un edificio antiguo y semiderruido que todavía conservaba el eco de un pasado intenso y lleno de esplendor. Me enamoré inmediatamente y dediqué dos años a su reforma y restauración.
¿Qué elementos personales y profesionales influyeron en la reinterpretación de la obra y en su resultado final?
No puedo definir mi casa sin hablar de mi carácter, de mis gustos en la vida, de mis inclinaciones profesionales y de las relaciones personales que me han acompañado y que han tenido una enorme importancia en mi trayectoria. Así que, más que describirla, casi preferiría responder a las preguntas de quienes no la conocen. Por ejemplo: ¿es bonita? Sí. ¿Es pretenciosa? Un poco. ¿Es íntima? Mucho. Y así podría seguir, siempre desde mi propio criterio, aunque, en general, suele ser bastante compartido. En cuanto a los espacios dedicados a mi trabajo, mi showroom—desarrollado en la planta baja del palacete e integrado de forma natural en el conjunto— es el lugar donde paso buena parte del día y completa el sentido de esta aventura urbana en la que me embarqué al adquirir la casa.
¿Y cómo es vivir en el mismo edificio donde trabajas?
La verdad que muy cómodo. Además, mi estudio representa mucho más que un lugar de trabajo: es el reflejo vivo de mi actividad creativa y el referente que muestra su evolución a lo largo del tiempo. Por otro lado, la parte de arriba es el fiel reflejo de toda mi trayectoria.
Su carrera
¿Cómo llegaste a tu profesión y cómo fue ese recorrido hasta tu consolidación?
Mi formación comenzó en el Colegio de Sarriá de los Jesuitas, en Barcelona, mi ciudad natal. Desde muy joven sentí una gran necesidad de independencia personal y eso me llevó después a la Universidad de Deusto, en Bilbao, donde inicié Derecho y Económicas antes de terminar mis estudios en Barcelona.
Tus comienzos profesionales no tuvieron nada que ver con el interiorismo.
Ya instalado en Madrid, incluso intenté preparar oposiciones para la carrera diplomática. En aquella etapa pasé también un verano en París, una experiencia que reforzó todavía más esa búsqueda de autonomía y de apertura al mundo. Poco después apareció una oportunidad decisiva: una oferta para ocupar un puesto directivo en el sector bancario en Madrid. Así comenzó mi etapa de siete años en el Banco Ibérico. Trabajaba sin parar, pero me dio una enorme satisfacción profesional.
"Me interesa especialmente compartir lo aprendido, transmitir mi trabajo a las nuevas generaciones y vincularme más con la docencia"
¿Y cuándo aparece realmente el interiorismo en tu vida?
Probablemente durante mi etapa en la banca en Nueva York, en pleno Wall Street, donde viví casi tres años. Fue una de las experiencias más decisivas de mi vida, tanto por aprendizaje como por visión del mundo. Recuerdo especialmente una anécdota muy reveladora: en una comida de negocios en el Four Seasons de Nueva York —un espacio extraordinario diseñado por Mies van der Rohe— me descubrí mucho más pendiente de la arquitectura y del interiorismo del lugar que de la propia reunión. Ahí es donde, visto con el tiempo, todo empieza a encajar. Por eso siento que todo me ha conducido, de manera bastante natural, hasta esta casa de la calle Lope de Vega, donde finalmente convergen mi historia personal y profesional.
A tu regreso de Wall Street, compraste tu primera casa en el barrio de Chueca, que además había sido propiedad del torero Manolete.
Efectivamente. En Madrid, mis padres, alarmados por mi evidente enganche con Nueva York, me ofrecieron ayudarme en la compra de un piso. Y como siempre, me lancé a lo inédito. En la calle de Válgame Dios, en el barrio de Chueca, que entonces aún no se llamaba así, descubrí una casa que había pertenecido a Manolete, de un estilo absolutamente singular, casi del "remordimiento". Allí trasladé toda mi experiencia neoyorquina: el pop art, el art déco y los nuevos conceptos de vida e interiorismo. Madrid seguía en blanco y negro, y mi salón, revestido de fórmica imitando mármol gris, estaba presidido por un tapiz realizado en talleres artesanos que representaba a Superman, con la capa al viento y un cigarrillo en la boca, como si saliera de una antigua cajetilla de Ideales.
"Mi estudio representa mucho más que un lugar de trabajo: es el reflejo vivo de mi actividad creativa"
En ese momento también surge otro proyecto muy recordado.
Sí, casi al mismo tiempo, un grupo de amigos íntimos me convenció para abrir un restaurante, El Bogui, en la calle Barquillo, considerado el primer restaurante fashion de Madrid, con éxito incluso en publicaciones internacionales. Se comía regular, pero el lugar y el ambiente eran inéditos en aquella época. Llegaban reservas desde Nueva York; Rock Hudson cruzaba aquella puerta y Andy Warhol esperaba para entrar.
Hoy te encuentras acompañado por tus sobrinos, entre ellos Inés Urquijo, una de las floristas más importantes de España.
Sí, y para mí es especialmente emocionante. Tengo la suerte de pertenecer a una familia muy unida y muy querida, y quise rodearme de los hijos de mi hermana María José, "la Pepa". De alguna forma, también es un homenaje a ella. Inés es la mayor y siempre tuvo una sensibilidad especial. De pequeña, en Las Jarillas, recogía flores silvestres y las cuidaba como si fueran bebés. También está Diego Moncada, hijo de Inés, que ha encontrado su camino en el mundo de la moda; Lucía, que trabaja junto a Inés y la acompaña por toda Europa, con sus hijas Camilia e Inés Conigliano, y Maraya, la más joven, muy comprometida con su pasión por la fotografía, donde ya ha realizado varias exposiciones con mucho éxito. Y no puedo dejar de mencionar a Felipe y a su hija, Lola. Él lleva con enorme dedicación 'Fresnedas', la finca familiar a los pies de Sierra Morena, un lugar muy especial para todos nosotros, donde descansan las cenizas de mi hermana.
"Me emociona mucho comprobar cómo muchos interioristas de hoy han pasado algún tiempo en mi casa o estudio y siento que, de algún modo, estoy contribuyendo a la continuidad natural de la profesión"
Uno de tus proyectos más recordados fue la decoración de Madrid para la boda de sus Majestades los Reyes don Felipe y doña Letizia. ¿Cómo lo viviste?
Fue un encargo muy emocionante y muy especial. Además, llegó en un momento muy delicado, porque apenas habían pasado dos meses desde los atentados de Atocha y la ciudad seguía profundamente conmocionada. Tuvimos que adaptar todo el proyecto a ese estado de ánimo colectivo.
Y ahora, después de tantas experiencias, ¿cómo te gusta vivir?
Ahora estoy entrando en una fase más serena y paso más tiempo en el Ampurdán. Me interesa especialmente compartir lo aprendido, transmitir mi trabajo a las nuevas generaciones y vincularme más con la docencia. También estoy escribiendo libros. Me emociona mucho comprobar cómo muchos interioristas de hoy han pasado algún tiempo en mi casa o mi estudio y siento que, de algún modo, estoy contribuyendo a la continuidad natural de la profesión.
"La decoración de la boda de don Felipe y doña Letizia fue un encargo muy emocionante y especial. Además, llegó en un momento muy delicado, porque apenas habían pasado dos meses desde los atentados de Atocha"





























